MIJO

Mijo común (Panicum miliaceum). Se desconoce tanto la ubicación del ancestro salvaje como del lugar donde se domesticó el mijo común, pero se sabe que las primeras cosechas se dieron tanto en Transcaucasia como en

China hace aproximadamente 7.000 años y se supone que puede haber sido domesticado independientemente en cada una de estas áreas. Todavía se cultiva extensivamente en India, Rusia, Oriente Medio, Turquía y Rumanía. En los Estados Unidos el mijo se cultiva principalmente como comida para pájaros, se vende como alimento dietético y debido a su carencia de gluten puede ser incluido en las dietas de los celíacos.

Mientras en otras zonas de África, la India y Asia se consume como un alimento básico más de su alimentación.

El mijo se adapta bien a casi cualquier tipo de suelo y condición climática, tiene un periodo de crecimiento corto y necesita poca agua. Sus necesidades de agua son seguramente las menores de entre todos los cereales principales. Es un cultivo excelente para tierras de desierto. Las plantas alcanzan una altura de hasta 100 cm. Las semillas crecen en espigas y son de un tamaño pequeño (2-3 mm) de color crema, amarillo, rojo-anaranjado o marrones.

Se suele consumir como un cereal, al igual que el trigo, la cebada o el arroz, entre otros. Depende de las costumbres de la región el realizar un consumo de uno u otro tipo de cereal según su cultura y clima.

En un mismo continente, como África, en la zona de Camerún, se elabora el mijo con pescado, carne o verduras y salsa picante, pero, en cambio, en Níger, que está un poco más al norte, se elabora el Hura, que es mijo con leche fermentada y pimienta, o con salsa de tomate o quingombó (planta herbácea).

Más al este, en Somalia y Sudán se elabora en forma de tortitas con leche de camello, en Eritrea son tortitas agrias fermentadas en agua y en Kenia y Tanzania se elaboran en forma de gachas (papilla).

En el oeste, en Guinea-Bissau lo mezclan con salsa de maníes, en el Senegal con salsa de verduras, carne o pescado, leche y azúcar, y en Gambia como si fuera “cuscús”.

En el sur, en Botsuana se sirve como papilla agria.

El mijo o millo es un cereal sin gluten, por lo que resulta fácilmente digerible.

En cuanto al aspecto nutricional, es un alimento con un significativo aporte de hidratos de carbono, fibra, magnesio, vitamina B9, fósforo, vitamina B6, vitamina B2, ácidos grasos poliinsaturados, hierro, zinc y vitamina B3. El resto de nutrientes presentes en este alimento, ordenados por relevancia de su presencia, son: proteínas, potasio, grasa, vitamina E, yodo, ácidos grasos monoinsaturados, selenio, ácidos grasos saturados, agua, calcio y sodio.

Propiedades alimentarias del mijo

Por su alto contenido en carbohidratos,  es un alimento ideal para aportar la energía necesaria para nuestro organismo. Como mayoritariamente son carbohidratos complejos y no simples, su absorción es más lenta y no producen aumentos súbitos de glucosa en sangre, por lo que es el tipo de alimento que puede consumir un diabético. Evidentemente, su ingesta deberá ir en función a la insulina pautada, constante y contabilizando las raciones.

Se puede utilizar como sustituto de alimentos con alto contenido en carbohidrato que contengan gluten o simplemente para ampliar la variación de los alimentos de nuestra dieta con un número mayor de alimentos que poder alternar.

Las proteínas del mijo son recomendables para personas celíacas, porque no contiene gluten. Por éste motivo su índice como alergénico es más bajo.

Por su bajo contenido en grasa, está recomendado en colesterol, además por ser ésta mayoritariamente poliinsaturada y monoinsaturada, es decir, recomendable.

Dependiendo del tipo de dislipemia que la persona padezca, es posible que deba moderar su consumo de alimentos muy altos en carbohidratos. Por ejemplo, si los parámetros que están elevados son los triglicéridos, estos se elevan a través del consumo de azúcares.

No porque un alimento esté prácticamente libre de grasa significa que no engorde o que podamos consumirlo en cantidades mayores a las necesarias de cada individuo. Todos los excesos de cualquier macronutriente, acaban transformándose en grasa acumulada en nuestro organismo, es decir, en tejido adiposo.

Su contenido en fibra, evidentemente, variará en función de si el grano del cereal ha sido sometido a procesos de refinación o no. Si no ha sido refinado, se puede utilizar como regulador del tránsito intestinal. La fibra soluble se recomienda para casos de diarrea y la insoluble para el estreñimiento. Como también interfiere en la absorción de glucosa, regula los niveles de glucemia, evitando que estos aumenten de forma rápida y no deseada, por lo que se recomienda también en la alimentación de diabéticos.

También es recomendable su consumo en personas que padezcan sobrepeso u obesidad y deseen disminuir su peso, ya que la fibra soluble, no nos aporta prácticamente calorías, pero aumenta la saciedad.

Esto sucede porque se expande al entrar en contacto con el agua. Por este motivo, siempre se debe aportar agua en la comida. Se recomienda en personas que coman por ansiedad.

Por su alto contenido en minerales, resulta beneficioso en una serie de afectaciones o patologías:

A nivel de su contenido en hierro, estará indicado en casos donde se sufra anemia ferropénica, como alimento preferente a otros cereales con menor contenido en dicho mineral. Además también interfiere en los sistemas de oxigenación de la sangre y su transporte por el cuerpo.

Tiene un alto contenido en fósforo, pero en forma de fitatos. Éste mineral resulta indispensable para nuestro organismo a nivel de vitalidad tanto física como psíquica y de su correcto mantenimiento. Está indicado en situaciones de cansancio, fatiga, astenia,  e incluso casos de depresión o problemas de memoria.

Aunque debemos tener en cuente que este mineral suele encontrarse en la mayoría de los alimentos y no suele generar carencias habitualmente. En exceso provoca descalcificación ósea.

A nivel de su contenido en magnesio, puede indicarse en casos donde se sufran calambres musculares o problemas de contracción y relajación de la musculatura. También tiene un efecto basificante en nuestro organismo, además de interferir en múltiples funciones. Por lo tanto, podemos incorporarlo en nuestra alimentación como alimento preferente frente a otros cereales con menor contenido en dicho mineral.

Por su alto contenido en minerales en general, es una buena fuente de estos micronutrientes, ya que también contiene calcio, potasio, sodio, zinc, cobre, selenio y manganeso. Además, concretamente el zinc y el selenio, tienen efectos antioxidantes y beneficiosos para el mantenimiento de nuestro sistema inmunológico.

Por su contenido en vitaminas, resulta beneficioso para algunas afectaciones o patologías:

A nivel de su alto contenido en vitaminas del grupo B, son necesarias para poder generar los estados de relajación, resultando muy beneficiosas contra el estrés y a nivel cerebral. Pero también intervienen en otros ámbitos, como por ejemplo a nivel glandular. Más concretamente:

B1 (tiamina), se concentra mayoritariamente en el endospermo o salvado y se pierde tras el descascarillado al realizar la harina refinada.

Está indicada en síndromes de deficiencia de dicha vitamina, en problemas inflamatorios nerviosos, en embarazo y en alcoholismo.

B2 (riboflavina) y B9 (ácido fólico), están indicados en periodos de lactancia y en embarazo, tanto para cubrir las necesidades de micronutrientes se ven aumentadas por la demanda, como para que se realice correctamente el desarrollo del sistema nervioso del bebé. También refuerzan la salud de nuestro cabello y las uñas.

B5 (ácido pantoténico) es un precursor que interfiere en la fabricación de una proteína llamada elastina que resulta interesante para la regeneración y mantenimiento de los tendones y en nuestra piel, concretamente en nuestra masa muscular.

B3 (niacina) y la B6 (piridoxina), interfieren en el mantenimiento de un buen estado de nuestra inmunidad.

A diferencia de lo que se comenta en muchos artículos, el mijo No contiene vitamina A, vitamina C, ni vitamina D.

Además, el mijo contiene poca vitamina E en la harina ya que esta vitamina se concentra sobretodo en el germen del cereal. El grano entero tiene mayor contenido.

Es un alimento apto para personas con “gota” por su bajo contenido en purinas.

Es un alimento con un alto contenido en lecitina, que contiene colina, que a su vez promueve una prevención en la obstrucción creada por un cúmulo de placas de ateroma, producidas por un exceso de colesterol en los vasos sanguíneos, que pueden acabar causando enfermedades tan relevantes como la arteriosclerosis o incluso trombosis, entre otras.

Además, si el grano de mijo, es sometido a fermentación, aumentaremos la digestibilidad de este cereal, siendo mejor tolerado en personas que tengan dificultades en realizar correctamente este proceso de digestión o sientan molestias o pesadez, ya que por estar fermentado aumenta su tolerancia.

Si en vez de consumirlo crudo o hervido, germinamos las semillas del mijo, aumentaremos la concentración de los macronutrientes y micronutrientes que tenía en su forma inicial, lo cual resulta beneficioso porque aumentaremos su contenido nutricional.

Propiedades medicinales del mijo

Según la medicina tradicional china (MTC), es uno de los alimentos más “yang” que existe. En consecuencia, sirve para ayudar a prevenir y mitigar todas las dolencias asociadas a un exceso de “yin”, las cuales van desde infecciones como resfríos hasta problemas articulares, pasando por dolencias hepáticas y del bazo.

Inconvenientes del mijo

Como la mayoría de los materiales alimenticios originados por plantas, los granos de cereales, entre ellos el mijo, pueden contener una variedad grande de factores endógenos antinutricionales en el caso de que sean ingerido crudos.

Estos factores son toxinas o substancias inapropiadas que resultan tóxicas a no ser que sean destruidas por el calor. Como, por ejemplo, la fitohemaglutinina, los inhibidores de proteasa o el ácido fítico.

Cuando se cocinan adecuadamente, estos factores resultan destruidos y los granos son comestibles.

Usos del mijo en la alimentación

Tiene un sabor neutro y suave, que recuerda levemente a la manteca, aunque su olor dulzón recuerda al de las nueces.

Se pueden realizar múltiples elaboraciones con éste cereal, tanto dulces como saladas, como, por ejemplo sopas y guisos, como acompañamiento de algún plato; sustituto de pasta o del arroz; germinado, en ensaladas ya sea cocido o como brotes germinados.

También como cereal de desayuno en forma de copos, ya sea con frutas o con lácteos, o en polvo para elaborar panes, pasteles o tartas y múltiples tipos de repostería y bollería, etc…

La harina de mijo no se utiliza frecuentemente para la alimentación de los bebés, aunque se realizan papillas de harina de éste cereal.

Tolera una amplia gama de cocciones que abarcan desde el hervido, la fritura hasta el horno. Como sucede con la mayoría de cereales, también se puede elaborar bebidas alcohólicas si se somete a fermentación.

Para cocinarlo, es preferible verter el doble de agua que la cantidad de mijo en crudo que se desee cocinar y realizar un prelavado del grano previo a esta, para eliminar impurezas. Su tiempo de cocción varía de los 20 a los 45 minutos.

Tiene una densidad muy elevada, si se desea disminuir la densidad y realizar una elaboración más ligera para el consumo, se puede mezclar con otros cereales de menor densidad.

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