PEPINO

Los pepinos (Cucumis sativus) son plantas de la familia de las Cucurbitáceas, a la que pertenecen frutas tan conocidas y utilizadas como los melones, los zapallitos o las calabazas.

Las zonas tropicales del sur de Asia son el origen de la variedad silvestre del pepino. En países como India se ha demostrado su cultivo desde el segundo milenio A.C., explotándose además a orillas del Mar Mediterráneo, concretamente en Egipto, donde se convertiría en uno de los alimentos más significativos en la época de faraones.

Según John Heinerman en su Enciclopedia de Frutas vegetales y hierbas, los remedios con pepino para la piel ya eran utilizados por Cleopatra.

Su aprecio en la antigüedad era tan grande que los Israelitas en el destierro se quejaban a Moisés de haber perdido los lujos de Egipto que, según ellos, eran los pepinos y los melones.

Ya en el primer milenio A.C. su producción se extendería a través del Mare Nostrum hacia las tierras griegas (denominado sikuos) y romanas (donde según Plinio nunca faltaba entre los platos que consumía el emperador Tiberio): Estos últimos lo emplearon con fines puramente terapéuticos, introduciéndolos a través de sus conquistas en el resto del Continente Europeo y llegando posteriormente a China.

Su introducción en el Nuevo Mundo vendría de la mano de los conquistadores españoles en sus viajes durante el siglo XVI.

En la actualidad el pepino es una de las hortalizas más cultivadas en Europa y América del Norte, ocupando la cuarta posición en la producción mundial, sólo superada por el tomate, el repollo y la calabaza. Su consumo se ha extendido sobremanera como ingrediente de ensaladas o en encurtidos (los famosos pepinillos), siendo China el país con mayor número de toneladas anuales (cerca de 23 millones), seguida de Turquía, Irán y Estados Unidos (con algo más de 1 millón).

Existen diferentes especies de pepinos (Cucumis spp.). Las más utilizadas para comer frescas en ensaladas son los pepinos (Cucumis sativus). Otras variedades de tamaño más pequeño, como la especie hindú Cucumis anguria, se utilizan para hacer conservas en vinagre. Algunos tienen un uso más exclusivo, como el Cucumis myriocarpus, especie de Sudáfrica, con potentes propiedades vomitivas o la especie arábica Cucumis prophetarum que constituye un fuerte purgante.

Además de estas propiedades, por su riqueza en aromas son utilizados por la industria de perfumería para dar olor a ciertos productos.

Es una planta anual, monoica, o sea que hay flores femeninas y masculinas en el mismo individuo. El tallo es postrado/rastrero, ramificado, anguloso, hirsuto y con zarcillos. Las hojas, con pecíolo de 8-20 cm, es delgado e híspido con limbo de 12-18 por 11-12 cm. Las flores masculinas, de 3 estambres, son fasciculadas. Las flores femeninas son solitarias o fasciculadas, con pedicelo de hasta 2 cm, viloso; el perianto se asemeja al de las flores masculinas. El fruto (Pepónida), el pepino, de tamaño muy variable, es generalmente oblongo, de cilíndrico a subtrígono, de color verde y esparcidamente tuberculado cuando inmaduro, luego amarillo verdoso y liso. Las semillas de 8-10 por 3-5 mm, son oblongas y blanquecinas. Habitualmente dicho fruto se recolecta aún verde y se consume crudo, o elaborado como encurtido, y entonces se suele denominar pepinillo.

  

Es uno de los alimentos más ricos en agua, a veces hasta un 96%. Su aporte calórico es muy bajo al igual que sus proteínas, hidratos de carbono y grasas.

Vitaminas: Contiene pequeñas cantidades de provitamina A, B, C y E.

Minerales: Aquí es donde se encuentra su auténtico valor dietoterápico ya que contiene minerales de reacción muy alcalina, entre los que se encuentran cantidades considerables de calcio, fósforo, magnesio y hierro, así como diversos oligoelementos, entre los que destaca el azufre.

Propiedades del pepino

El efecto diurético o de expulsión de agua resulta beneficioso para los enfermos renales y cardíacos, pero no sólo el pepino expulsa agua, sino también ácido úrico disuelto en ella lo que favorece a los que padecen de cálculos renales, gota o reumatismo, siempre que se deban a la presencia de ácido úrico.

Se puede combatir el estreñimiento crónico mediante el consumo diario de ensalada de pepinos, preparándola sólo con limón, cebolla y aceite batido en frío y masticándola cuidadosamente.

Los diabéticos soportan muy bien los pepinos, tanto más cuanto que estos ayudan por su contenido en elementos activos similares a la insulina a reducir la cantidad de azúcar en la sangre.

Las impurezas de la piel son tratadas favorablemente mediante el uso interno y externo de jugo de pepino.

Alcalinizante: Neutraliza el exceso de sustancias de desecho de reacción ácida.

 Laxante: Debido a su elevada proporción de agua y su contenido en fibra soluble, facilita la evacuación de las heces.

Otro de los usos tradicionales de este fruto es su capacidad para expulsar los gusanos intestinales y las tenias. Se realizaba en forma de purgas con las semillas machacadas y mezcladas con azúcar que se toman en ayunas.

 Para la piel: El pepino contiene hasta un 96% de agua. Aporta además vitamina C, vitamina E y aceites esenciales, constituyendo uno de los mejores remedios para el cuidado de la piel. Para ello se aplica externamente.

Aporta todos sus aceites e hidratación, necesarios para suavizar y rehidratar este órgano. Las mascarillas con pepino ayudan a mejorar el aspecto de la piel, devolviéndole toda la frescura y textura que va perdiendo como consecuencia de las agresiones ambientales o del propio envejecimiento. Las personas fumadoras pueden beneficiarse de sus efectos contra la acción oxidante de los radicales libres del tabaco.

 Dermatitis: El pepino tiene una larga trayectoria histórica como remedio para la piel. Su aplicación externa refresca e hidrata la piel, siendo adecuado cuando hay dermatitis, psoriasis y eczema, quemaduras, o por frío.

Crema con pepino: Una buena manera de realizar una crema suavizante después de una fuerte exposición solar consiste en triturar un par de pepinos con una batidora y extender la pulpa triturada en forma de crema sobre la piel enrojecida durante media hora o tres cuartos de hora.

Granos: La aplicación de esta pasta sobre los rostros juveniles afectados de acné mejora el aspecto de las mismas. El pepino, en forma de crema o en rodajas sobre la piel, resulta útil en el tratamiento de la rosácea, dado que desinflama la piel y ayuda a evitar el enrojecimiento.

Dentro de estas propiedades emolientes de la piel, hay que mencionar las propiedades cosméticas que esta fruta puede aportar.

 Piel grasa: El pepino es conveniente porque contribuye a neutralizar la grasa que acompaña al acné, y a prevenir la aparición de las espinillas.

 Manchas en la piel: Posee una gran capacidad para suavizar el cutis y para disminuir las manchas de la piel, manchas de la edad o las pecas.

 Arrugas: Su aplicación externa reduce las arrugas mejor que la mayoría de las cremas del mercado, incluso las más caras. Contiene agua y antioxidantes, que hidratan la piel y retrasa la degradación del ácido hialurónico y la elastina, sustancias que hacen que la piel no pierda su elasticidad.

Otra de las aplicaciones muy interesantes del pepino es su capacidad para relajar los ojos cansados, humedecerlos y aliviarlos del enrojecimiento por conjuntivitis. También es un buen remedio contra los orzuelos.

 Ojos cansados: La aplicación de un par de rodajas recién cortadas sobre los párpados, resulta un buen colirio natural y una buena solución antiedematosa para rebajar la hinchazón o las ojeras después de una jornada de mucho trabajo o de una larga noche de fiesta.

El pepino es rico en ácido ascórbico y ácido cafeico, dos sustancias antiedematosas que combaten el exceso de líquido en los tejidos inflamados. Existen otros vegetales con la misma indicación, como el ananá o el jengibre, aunque éstos son irritantes sobre los ojos. Por este motivo, cuando se trata de remedios tópicos contra la inflamación de la piel, es indicado el uso de pepino.

 Pies cansados: Constituye uno de los mejores relajantes naturales, ideal para descansar los pies y evitar el dolor que se produce tras largas caminatas por el campo o por las calles de la ciudad con zapatos que aprietan. (Triturar pepinos sin pelar con la batidora y ponerlos a enfriar en la heladera. Verter la pulpa en un recipiente adecuado y colocar los pies dentro).

 

 

 

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