SANDIA

Las sandías (Citrullus vulgaris), al igual que los melones (Cucumis melo), pertenecen a la familia de las Cucurbitáceas, una amplia familia donde encontramos otras plantas comestibles, como la calabaza, el zapallito, los pepinos, y algunas plantas tóxicas como el pepinillo del diablo.

La sandía, patilla, aguamelón o melón de agua es una planta anual rastrera, de hasta 4 m. Tallos cubiertos de vello de 1 cm de diámetro aproximadamente, con zarcillos leñosos. Hojas de hasta 20 cm de ancho por 15 cm de largo, sésiles por el haz, con vello por el envés, pinnadodivididas.

Flores solitarias amarillas de hasta 4 cm de diámetro. Éstas aparecen en la misma planta, que sólo tiene flores masculinas o femeninas (plantas monoicas), si bien se pueden dar casos más raros de hermafroditismo.

Frutos comestibles muy grandes (sandías) de hasta 80 cm de longitud más o menos esférico u ovoide, liso, de color verde uniforme o con bandas más oscuras. Se trata de un fruto pepónide (fruto carnoso con pericarpio endurecido).

La sandía puede llegar a pesar hasta 20 kg, aunque su peso medio es de unos 2,5 kg. Pulpa de color rojo a amarillo pasando por el rosa. Semillas de color negro (pepitas). Es un fruto de temporada de verano.

El origen de la sandía se sitúa en África, donde se encuentra muy valorada y es utilizada como fuente de líquido en estaciones secas cuando hay poca disponibilidad de agua. Muchas culturas de la antigüedad tenían en este fruto un medio muy práctico para transportar agua de un sitio a otro. En el desierto del Kalahari (África meridional), la sandía es una de las plantas que crece espontáneamente, lo que la convierte en uno de los principales recursos para obtener agua tanto para el hombre como para los animales.

El hecho que su origen sea de regiones tropicales secas se manifiesta claramente en sus raíces, que se han adaptado perfectamente a este tipo de climas. Al igual que muchas plantas del desierto, posee raíces poco profundas (entre 40 y 50 cm.) aunque se extienden bastante a lo largo del suelo (prácticamente 1 m del tallo), lo que les permite absorber rápidamente la humedad superficial o el agua caída.

Aparece por primera vez como planta cultivada en Egipto hace unos 5.000 años. Fue precisamente a lo largo de todos los márgenes del río Nilo donde más sandías se cultivaron en la antigüedad. En el siglo X se introduce en la China donde alcanzó una popularidad tan grande que, incluso hoy en día, resulta una costumbre social regalar sandías para los actos importantes.

El explorador David Livingston la descubrió en su viaje al norte de Sudáfrica. A partir de este punto, se fue extendiendo por toda África, a medida que los colonizadores iban transportando sus frutos y sus semillas por toda África. Desde allí fue exportada a Europa, Asia y América.

Las sandías silvestres difieren de las cultivadas en su tamaño y en su sabor. Son pequeñas y redondas y su sabor es muy amargo, de manera que no seríamos capaces de comerla las personas que estamos acostumbradas al sabor de las variedades que derivan de ellas. El hombre poco a poco consiguió eliminar este sabor mediante el cultivo y la selección de especies.

Los pobladores europeos fueron quienes la llevaron hasta América, donde su cultivo se extendió por todo el continente. Hoy en día es una de las frutas más extendidas por el mundo, y los principales países productores son: Turquía, Grecia, Italia, España, China y Japón.

Se tiene constancia de más de cincuenta variedades de sandía, que se clasifican en función de la forma de sus frutos, el color de la pulpa, el color de la piel, el peso, el período de maduración, etc.

Dentro de sus componentes la sandía tiene varias sales minerales, entre las que se destacan el potasio, magnesio, calcio y fósforo, las cuales se encuentran en una proporción de 110, 11, 8 y 14 miligramos por cada 100 gramos de sandía.

El fruto de la sandía tiene fibras en su composición, debido a esto posee pequeñas propiedades digestivas. La fibra corresponde al 1% de la pulpa del fruto de esta planta.

La sandía tiene vitaminas dentro de sus componentes, las que se encuentran en mayor cantidad son la vitamina A,  vitamina C, B3, B6 y B1, con 10, 0.2 y 0.1 miligramos, respectivamente, por cada 100 gramos de fruto.

El color rosado de su pulpa se debe a la presencia del pigmento licopeno, sustancia con capacidad antioxidante.

La sandía es un fruto que tiene cerca del 90% de agua, por lo tanto estimula la eliminación de líquidos del organismo.

El fruto de esta planta tiene un 7% de hidratos de carbono y alrededor del 0.5% corresponden a grasas.

Propiedades alimentarias de la sandía

Las sandías, al igual que los melones, constituyen un alimento muy rico en vitamina A, en forma de carotenos. El caroteno principal de la sandía es el licopeno, que es el colorante que tiñe esta fruta de color rojo o rosado.

El licopeno es un componente al que también deben su coloración roja los tomates, o la coloración amarilla las papayas, etc. Es un componente con propiedades medicinales muy beneficiosas para el organismo, entre todas ellas la prevención de numerosos tipos de cánceres o para disminuir el colesterol.

Una vez ingerido, el organismo transforma el licopeno en vitamina A, uno de los mejores antioxidantes. La ingestión de esta vitamina puede ayudar a prevenir muchas enfermedades y alargar la vida.

En menor proporción, otra vitamina muy importante que contiene la sandía con propiedades antioxidantes es la vitamina C que, entre otras virtudes, ayuda a la formación del colágeno por lo que resulta ideal en la cicatrización de heridas producidas por traumatismos, cortes, quemaduras o cirugía.

Igualmente resultará adecuada para la formación de nuevos tejidos en problemas de huesos rotos, distensiones musculares, rotura de ligamentos, etc.

Además de vitamina A, las sandías contienen cantidades bastante elevadas de vitaminas del grupo B. Entre todas, cabe destacar la piridoxina (vitamina B6), cuya función dentro del organismo en el aprovechamiento de los hidratos de carbono, grasas y proteínas es esencial además de regular el sistema nervioso.

Una falta de esta vitamina puede producir, entre otros síntomas, nerviosismo, problemas de sueño, dificultad en el aprendizaje, o problemas de debilidad muscular. Contiene además niacina (vitamina B3) sin cuya presencia las células del organismo serían incapaces de producir energía. Esta vitamina ayuda a mantener los niveles bajos de colesterol, reduce la hipertensión, protege el aparato digestivo y nos permite tener la piel en buen estado.

Por lo tanto, aprovechar la riqueza vitamínica de las sandías es una buena manera de disponer de estas vitaminas de una forma natural, sin tener que recurrir a los complementos vitamínicos que pueden causar problemas por sobredosis.

Por su contenido en agua, si comemos sandía durante los meses estivales, calmaremos la sed, evitando la deshidratación y los problemas de calor, disfrutaremos de su dulzura y, lo que es más importante, conseguiremos reforzar las defensas del organismo frente a los productos contaminantes del exterior o las toxinas de nuestro propio organismo. Tampoco debemos olvidar que nuestra piel sufre muchas agresiones del exceso de radiación solar, del ambiento reseco de la playa, o de la falta de humedad durante esta estación. Las sandías nos ayudarán a conservar la piel en buen estado y tener un cabello brillante y bonito, al mismo tiempo que nos protegerán de los rayos solares permitiéndonos lucir un bronceado más bonito y seguro.

No debemos olvidar la riqueza de las sandías en minerales, especialmente manganeso, necesario para la formación de los huesos, para el sistema nervioso y para aprovechar las proteínas. Se cree que la falta de este mineral conlleva al desinterés por el sexo. En este sentido esta fruta se consideraría como un buen afrodisíaco.

La sandía tiene propiedades ligeramente diuréticas, ya que contiene bastante potasio que contrarresta el sodio y aumenta la micción. Permite eliminar agua sobrante del organismo y es adecuada durante dietas de adelgazamiento, gota y artritis.

Lo primero que la gente se pregunta es cuál conviene más en regímenes de adelgazamiento. Normalmente se cree que la sandía tiene muchas menos calorías que el melón y, por lo tanto que engorda menos. Pero la realidad es que la diferencia de calorías entre una fruta y otra es muy pequeña: 100 g de melón cantalupo o Honeydew proporcionan 35 kcal, mientras que 100 g de sandía aportan 32kcal, lo que nos indica que tienen prácticamente el mismo valor nutricional. (Solamente hay una diferencia de poco más de 1 g en hidratos de carbono que posee el melón respecto a la sandía).

Si tenemos en cuenta que el contenido en potasio de la sandía es prácticamente la mitad que en el melón, seguramente llegaremos a la conclusión que el melón puede ser mejor que la sandía en las dietas de las personas que quieran eliminar líquidos o perder peso.

Por otra parte la sandía contiene mucho menos sodio que el melón, por lo que será más útil para personas que deban consumir alimentos bajos en sal. La sandía es ideal para los hipertensos y para todas las personas que necesitan un alimento con propiedades diuréticas: enfermos de artritis, gota, obesidad, diabetes, cálculos renales, o el colesterol, afecciones en las cuales la sandía ofrece propiedades aún superiores al melón.

Podemos calificar al melón y a la sandía como auténticos “snacks dulces y bajos en calorías”, sobre todo si los comparamos con otros alimentos dulces, como las galletitas o el chocolate. Dar un trozo de estas frutas a los niños como merienda es una manera de revitalizarles y, al mismo tiempo, matar el antojo hacia los dulces.

Las calorías proceden de los hidratos de carbono, que proporcionan una energía más duradera que las grasas y con menos contraindicaciones. Esta misma propiedad resulta muy útil para calmar los antojos del embarazo, al tratarse de alimentos dulces, pero, al mismo tiempo, muy recomendados.

El melón y la sandía permiten mantener niveles estables de azúcar en la sangre que reducen la sensación de hambre y evitan que comamos otros alimentos menos adecuados. Esta condición los hace aconsejados en la alimentación de los diabéticos, siempre que se coman en la cantidad adecuada, aconsejada por el médico.

A pesar de todas sus propiedades, no conviene mezclar los dos en las mismas comidas porque son incompatibles entre ellas. Dado la riqueza de las dos frutas en potasio, especialmente el melón, no resultan adecuadas para las personas con insuficiencia renal. Igualmente no se deberían comer grandes cantidades en el postre al final de las comidas, porque dada su riqueza en agua, neutralizan los ácidos digestivos y hacen las digestiones pesadas. Lo ideal es comer las frutas como tentempié, entre comidas.

Semillas de Sandía

En la cultura occidental la sandía es una fruta con una gran aceptación. Al igual que con la mayoría de las frutas, sus semillas casi siempre se desechan y no se comen, pero sí pueden ingerirse, y en otras partes del mundo dicha práctica es más común. En los países asiáticos y del medio oriente las semillas de sandía se recolectan y se asan para comerse como un aperitivo. En Nigeria se utilizan en ciertas sopas. Las semillas de sandía tienen su propia composición nutricional, incluyendo proteínas, grasas, hierro y otros nutrientes, además de ser una fuente de calorías.

En 1 taza (108 g) de semillas de sandía hay aproximadamente 602 calorías. En comparación con 1 taza de arroz integral cocido, que contiene solamente 216 calorías, las semillas de sandía tienen un número relativamente alto de calorías por gramo o por taza.

De las 602 calorías de 1 taza de semillas de sandía, 428 provienen de la grasa, mientras que en el mismo volumen de arroz solamente 15 de las 216 calorías se obtienen a partir de ácidos grasos. Las semillas de sandía están compuestas por alrededor de 50 por ciento de aceite, lo que explica su relativamente alto contenido graso. Hay 51 g de grasa por cada 108 g de semillas de sandía, o 79 por ciento de la cantidad diaria recomendada. De esos 51 g de grasa, 11 son grasas saturadas y no contienen ácidos grasos trans.

Las semillas de sandía están compuestas por alrededor de un 35 por ciento de proteína y son una buena fuente de dicha sustancia por cada gramo. En 1 taza de semillas de sandía hay 31 g de proteína y su calidad es razonablemente alta. De los nueve aminoácidos esenciales, las proteínas contenidas en las semillas de sandía ocupan un lugar destacado de entre todos menos una, la lisina.

Las semillas de sandía son una buena fuente de diversas vitaminas y minerales. Cada taza contiene una cantidad significativa de las siguientes vitaminas: tiamina, riboflavina, niacina y ácido fólico. En cuanto a los minerales, las semillas de sandía proporcionan calcio, hierro, magnesio, fósforo, potasio, zinc, cobre y manganeso.

Cómo masticar las semillas

Debido a su tamaño y su duro revestimiento exterior, si las semillas de sandía no se mastican o se rompen antes de ingerirse pueden pasar a través del tracto digestivo de una persona sin ser procesadas. Si esto sucede, las semillas y sus nutrientes no serán absorbidos por el cuerpo. Se debe masticar las semillas de sandía antes de ingerirlas si se desea obtener su contenido nutricional.

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