ZANAHORIA

La zanahoria, de la que se conocen más de 50 variedades que se distinguen básicamente por su longitud, es una planta alimenticia con propiedades medicinales perteneciente a la familia de las umbelíferas o apiáceas cuyo nombre científico es Daucus Carota, denominación que hace referencia a su riqueza en carotenos.

La diversidad de variedades existentes en Afganistán ha hecho que los especialistas en botánica piensen en este país como lugar de origen de la zanahoria. Su introducción en las costas del Mar Mediterráneo vendría de la mano de griegos (donde los autores clásicos la describen como un excelente afrodisíaco) y romanos durante el primer milenio A.C. En Pompeya, dentro de la Península Itálica, se conservan pinturas que muestran peculiares raíces en manojos, una de las hipótesis más extendidas las relaciona con las zanahorias. Los libros especializados en cocina del mundo romano hablan de un consumo en compañía de especias y vino caliente. No obstante la variedad que se daba en estos tiempos poco tenía que ver con las actuales ya que su color era púrpura o amarillento y su forma mostraba un aspecto alargado y fino.

Llegaría a España a través del Norte de África, durante la época de dominio musulmán de la Península Ibérica. Desde aquí se extendería por el resto de Europa, cultivándose variedades moradas, blancas y amarillas. Aparece en textos británicos durante el siglo XV, en una relación de bienes monásticos, aunque la generalización de su producción debería esperar al siglo siguiente.

Durante el XVII comenzaría a cultivarse la zanahoria que conocemos en la actualidad, robusta y de tonos anaranjados, su procedencia sería Holanda. Gracias a la facilidad y rapidez de su cultivo, así como al crecimiento de los mercados de productos hortícolas, dos siglos más tarde, se generalizaría su cultivo en el Viejo Continente.

También parece el siglo XVII la época de introducción de la zanahoria en América, tras haberse descubierto sus propiedades de salud para el organismo.

En el siglo XIX el descubrimiento de las vitaminas y en concreto de la vitamina A hizo que las zanahorias adquirieran una gran importancia en la alimentación sirviendo para la prevención de la ceguera nocturna. Por este motivo, durante la Segunda guerra mundial a los aviadores británicos se les proporcionaban grandes cantidades de zanahorias en sus comidas.

Esta planta bianual, la cual alcanza hasta los 50 cm de altura, posee un tallo estriado y su raíz es una legumbre alargada de color naranja y muy dulce. Sus hojas bipinnatisectas y alternas poseen largos foliosos alineados. Las flores son de color blanco o rosado, pequeñas y se agrupan en umbelas terminales, en el centro de estas se ubica una roja brillante la cual está provista de cinco pétalos escotados. Su fruto es un aquenio el cual no está soldado a la semilla, y es de color marrón oscuro.

Desde el punto de vista nutricional, la zanahoria es una de las raíces más interesantes pues además de contener abundante agua orgánica, el 85% de su peso, es rica en azúcares, especialmente glucosa, levulosa y pectinas. Y todo ello sin apenas grasa, sólo el 0,2% de su composición. En cuanto a las vitaminas, cabe decir que contiene importantes cantidades de betacaroteno o provitamina A, el pigmento natural que le da a su característico color y que el cuerpo transforma en vitamina A, según los requerimientos; contiene entre 10 y 100 veces más provitamina A que, por ejemplo, el repollo, espinacas, brócoli y calabaza. También es fuente de vitaminas del grupo B, especialmente B1, B2, B3 y B9, así como otras vitaminas de conocidos efectos antioxidantes como la C y la E. En cuanto a su contenido mineral destaca su fundamental aporte de potasio y sus cantidades discretas de magnesio, calcio, cloro, fósforo, sodio, azufre, bromo, cobre, yodo, zinc y manganeso. Es asimismo muy rica en hierro, cuya absorción es favorecida a su vez por su riqueza en carotenos.

Propiedades alimentarias de la zanahoria

Siempre se ha dicho que ingerir zanahorias mejora la visión, incluso la nocturna, y esa afirmación tiene base científica ya que se trata de uno de los alimentos de la naturaleza más ricos en betacaroteno, sustancia que en el organismo se transforma en vitamina A o retinol. Lo que no es tan conocido es que una forma activa de dicha vitamina, conocida como 11-cis-retina se combina en nuestro cuerpo con otra sustancia orgánica llamada opsina y se genera así un compuesto conocido como rodopsina, imprescindible para la retina; concretamente, para los bastoncillos o receptores de la luz que conforma la estructura retiniana. De hecho, cuando los rayos de luz descomponen la rodopsina, se producen una serie de reacciones químicas que excitan el nervio óptico dando lugar a diversos estímulos en el cerebro. En resumen, el consumo de zanahoria resulta útil para quienes padecen problemas oculares, como fotofobia, sequedad ocular o ceguera nocturna, pero también para prevenir la formación de cataratas y la aparición de conjuntivitis y blefaritis, así como cualquier otra enfermedad de la retina.

Su riqueza en antioxidantes hace de la zanahoria un eficaz neutralizador de radicales libres protegiendo las membranas de las células e impidiendo que se altere su material genético. Por lo tanto, no sólo ayuda a prevenir las enfermedades degenerativas, cáncer incluido, sino a ralentizar el proceso de envejecimiento del organismo.

La zanahoria, rica en potasio, es un diurético natural muy apreciado ya que favorece la actividad de los riñones y el aumento de la micción y, por ende, la eliminación a través de la orina de sustancias tóxicas. También contribuye a disolver y expulsar cálculos hepáticos, biliares y renales, a depurar la sangre, a mejorar la actividad del hígado, a fluidificar la bilis y a limpiar las mucosas del estómago y los intestinos, contribuyendo asimismo a eliminar el exceso de ácido úrico. Es más, ayuda a reducir hasta en un 22% el nivel de triglicéridos y colesterol en sangre.

La zanahoria estimula el apetito y la producción de jugos gástricos, facilita la digestión al aumentar los movimientos naturales del intestino, alivia el estreñimiento crónico, especialmente si se consume cruda; o la diarrea, en este caso debe ingerirse cocida para potenciar su efecto astringente; y resulta ser un laxante suave gracias a la pectina que contiene. También combate el meteorismo si se ingiere cruda después de la comida, ayuda a mitigar la acidez estomacal impidiendo la formación de úlceras, mantiene en buen estado la flora intestinal, previene el cáncer de colon y numerosas patologías infecciosas, evita o disminuye la severidad de las intoxicaciones alimentarias causadas por la listeriosis (infección que provoca la bacteria listeria monocytogenes y que se manifiesta como una gripe con fiebre y dolores difusos).

Ahora bien, los diabéticos deben comerla cruda, nunca cocida.

La zanahoria se considera un alimento inmunoestimulante porque su excepcional contenido en antioxidantes evita el daño celular que provocan los radicales libres además de contribuir a prevenir infecciones, especialmente digestivas y respiratorias, al ser un buen antiséptico.

Está constatado que el betacaroteno es especialmente efectivo en la prevención del cáncer de pulmón y de boca, impidiendo el desarrollo de células cancerígenas y de tumores malignos, una vez que se han generado.

Y por si todo esto fuera poco la zanahoria, además:

Ayuda a equilibrar el metabolismo.

Gracias al fósforo que contiene, es un excelente vigorizante cerebral.

Protege el cabello, las uñas, los dientes y las encías.

Es emenagoga: agiliza la menstruación.

Ayuda a la secreción de leche materna.

Previene los catarros bronquiales, faríngeos o nasales, además de favorecer la expectoración.

Consumida habitualmente en jugo, ayuda a deshacerse de lombrices intestinales y a mantener el intestino libre de estos parásitos.

Su ingesta está especialmente indicada en el caso de ancianos, niños en cualquier etapa de crecimiento y embarazadas, al ser rica en folatos, ya que una deficiencia de estas vitaminas en las primeras semanas de gestación puede provocar en el bebé, anencefalia o espina bífida.

 

Propiedades medicinales de la zanahoria

Para la visión: Tomar medio vaso de jugo de zanahoria. Para ello, se lava y pela dos zanahorias de regular tamaño y se licúa con una taza de agua. Con el fin de lograr una mayor eficacia, se sugiere tomarlo en la mañana.

Para combatir la bronquitis o tos: Preparar un cocimiento de doscientos gramos de la pulpa de la raíz de la zanahoria, en medio litro de agua, hasta que el agua se vuelva viscosa, y tomado con leche y miel o azúcar.

Para las diarreas infantiles: Preparar una sopa con medio kilo de zanahorias cuidadosamente raspadas y cortadas en pedazos. Se hierve en un litro de agua hasta que estén bien cocidas y se pasan por la prensa de legumbres. Se añade agua hervida hasta obtener un litro de sopa, y sálese con una cucharadita de sal marina. Esta sopa debe conservarse en lugar fresco y ha de consumirse en veinticuatro horas; continúese durante dos o tres días. La parte muy líquida de la sopa puede darse con biberón y el resto con cuchara. Vuélvase progresivamente a la dieta láctea, en cinco o seis días, disminuyendo la cantidad de zanahorias de 500 a 100 g por un litro de agua.

Para la inapetencia: Preparar infusiones de semillas de zanahorias en la dosis de una cucharadita por taza de agua hirviendo.

 Para los furúnculos, quemaduras y herpes: Aplicar cataplasmas de hojas frescas cortadas o bien zanahorias crudas ralladas.

Contra las arrugas: Tomar, cada tercer día, jugo de zanahorias para lograr flexibilidad a la epidermis del rostro y del cuello, y combatir la formación de arrugas.

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