ZARZAMORA

Las zarzamoras o moras (Rubus ssp) son los frutos de las zarzas o zarzamoras, arbustos espinosos de la familia de las rosáceas, en la que se encuentran otros plantas silvestres o cultivados como el endrino, las rosas; u otros árboles como el almendro, el cerezo, o el manzano. Muy semejantes a las zarzamoras son otras especies de zarzas pertenecientes al mismo género, como las frambuesas o grosellas.

Entre las especies de zarzas, en Europa destaca el Rubus fruticosus, o zarzamora una especie muy variable que contiene más de 2.000 variantes dado que hibrida con facilidad produciendo un gran número de variedades mixtas, a veces de difícil clasificación.

Es una planta muy invasiva y de crecimiento rápido que también puede multiplicarse vegetativamente generando raíces desde sus ramas. Puede colonizar extensas zonas de bosque, monte bajo, laderas o formar grandes setos en un tiempo relativamente corto.

Es frecuente en cercos y ribazos y su distribución original abarca casi toda Europa, el norte de África y el sur de Asia. También ha sido introducida en América y Oceanía, con efectos muy negativos como maleza; por ejemplo en Chile y en Argentina, es considerada una especie invasora; sin embargo, la venta de sus frutos y sus subproductos también significa una fuente de ingresos para muchas familias, quienes realizan la recolección de sus frutos.

Las zarzas silvestres crecen en la Región de Murcia desde época Paleolítica, siendo, posiblemente, uno de los frutos que consumían los habitantes prehistóricos de Cieza y de la Comarca del Noroeste de la Región.

Europa y Asia son las dos zonas que, actualmente, constituyen el centro y origen de esta especie, ya que gran parte de su territorio posee las condiciones naturales ideales para el desarrollo de la zarzamora, creciendo silvestre en sus veredas, caminos y humedales.

Ya en la Grecia Clásica las moras silvestres eran conocidas junto a otros frutos del bosque, como “sangre de titanes”, en referencia a sus intensos colores, rojos, morados, violáceos y negros. No obstante, la primera referencia que destaca el consumo de moras como parte de recetas en gastronomía, se debe a la obra De re coquinaria de Apicio, gastrónomo romano del siglo I d.C.

No fue hasta finales del siglo XIX que empezó a ser cultivada. Como planta cultivada, se han conseguido producir más de 2000 variedades de zarzamora en todo el mundo, la mayoría de ellas sin la presencia de espinas que tan molestas y peligrosas resultan para las personas que deciden recoger los frutos de las variedades silvestres. En muchos países productores la labor de recogida se viene realizando con máquinas. Países productores de moras cultivadas son Estados Unidos en América o Inglaterra, Dinamarca y Suecia en Europa.

Las zarzamoras son arbustos que presentan tallos leñosos, angulares y provistos de espinas, tiernos en la juventud. A medida que crecen, por su propio peso, se van doblando hacia la tierra.

Hojas compuestas de 5 foliolos ovados con dientes con nervios bien marcados. Haz brillante y sésil; envés con pilosidad blanquecina.

Flores de hasta unos 3 cm de color blanco o rosado, con 5 pétalos y 5 sépalos, reunidas en racimos al final de las ramas. Frutos carnosos negros constituidos por pequeñas drupas reunidas alrededor de un eje común (polidrupas).

Se utilizan las hojas, los botones florales, los frutos y, en menor medida, la raíz.

Sustancias activas:

Las hojas contienen taninos (4-15%), pectina (1,2%) además de hidroquinonas (arbutina, inositol e indicios de aceite esencial) ácidos orgánicos (isocítrico, succínico, oxálico, málico y láctico), algo de vitamina C y ácido fólico, y vestigios de un aceite esencial, y en el jugo, ácidos valiosos, minerales y vitaminas.

Propiedades alimentarias zarzamoras

Las zarzamoras son especialmente ricas en vitamina C y betacarotenos que, una vez ingeridos se convierten en vitamina A. Estas dos vitaminas convierten a este fruto en un buen antioxidante. Hay que hacer especial atención en la particularidad de que es preferible comer los frutos de las variedades silvestres tanto porque se ha comprobado que las variedades cultivadas no poseen niveles tan elevados de estas vitaminas, como porque las especies cultivadas suelen contener otra serie de productos fitosanitarias, utilizados en su cultivo que pueden resultar nocivos para la salud.

No debemos olvidar el papel que juegan los flavonoides en la prevención del cáncer. Además, este alimento cuenta con una serie de ácidos naturales con propiedades anticancerosas (Ácidos clorogénico, ferúlico, ursólico y málico). Han sido también muy alabadas las propiedades antiinflamatorias de los flavonoides, consideradas muy adecuadas para el tratamiento de enfermedades dolorosas como la artritis.

Los bioflavonoides se pueden apreciar también en el color negro de los frutos. Todos estos componentes le otorgan propiedades muy adecuadas para el mantenimiento adecuado de las células y evitan su rápida degeneración por la acción oxidante de los radicales libres.

Comer zarzamoras nos puede ayudar a mantener las arterias en mejor estado, previniendo el colesterol y la arteriosclerosis. La vitamina C, además de propiedades antiescorbúticas y antioxidantes, junto con los bioflavonoides, ayuda a producir más estrógenos, disminuye los sofocos, el irritamiento y el exceso de sangrado que se produce en la menopausia. Igualmente interesante resultan estos componentes en el mantenimiento de la salud ocular. Su consumo nos ayudará a mejorar la visión y a prevenir la degeneración de la vista.

Las zarzamoras contienen una cantidad muy elevada de fibra, que puede ser muy interesante en la prevención del estreñimiento y como ayuda para prevenir la obesidad o en regímenes de adelgazamiento para ayudar a perder peso. 100 gr. de zarzamoras contienen solamente 52 kcal y, además, son bastante ricas en potasio que ayuda a eliminar agua.

En este último apartado interviene también su contenido en arbutina que le proporciona propiedades diuréticas. La arbutina es un glucósido con propiedades diuréticas y antibacterianas, presente en otras plantas como la uva de oso o el arándano cuyas preparaciones han sido utilizadas tradicionalmente para el tratamiento de las vías urinarias en infecciones del riñón.

Comer este fruto ayudará, pues, a aumentar el nivel de orina expulsado y constituirá un preventivo o tratamiento contra la retención de líquidos.

La riqueza en ácidos naturales, anteriormente mencionados, estimula la vesícula biliar y favorece una mejor digestión de los alimentos.

La zarzamora contiene bastantes vitaminas del grupo B, especialmente niacina, tiamina y riboflavina que, entre otras funciones contribuye a mantener el estado de los nervios en buenas condiciones.

No debemos menospreciar su riqueza en manganeso, un mineral esencial necesario para el metabolismo de muchas vitaminas cuya importancia en la transmisión de los impulsos nerviosos es crucial. Muy importante en el metabolismo de las proteínas y cuya deficiencia es responsable de enfermedades como parálisis, enfermedades de los ojos y pérdida de audición.

Propiedades medicinales de la zarzamora

Laxante: Preparar un cocimiento de hojas o brotes en proporción de diez gramos por cada litro de agua. Se recomienda tomar una cantidad considerable, en raciones a lo largo del día.

Jaquecas: Aplicar hojas calientes sobre la frente, sus propiedades relajantes las hacen un calmante ideal.

Parásitos infantiles: Se recomienda tomar la raíz de la mora en infusión.

Tensión baja: Consumir la mora ya sea en pulpa o jugo, varias veces al día hasta lograr mejoría.

Se denominan vulnerarios aquellos remedios que son capaces de curar las heridas. Las hojas y los tallos jóvenes de las zarzamoras constituyen uno de los mejores vulnerarios porque sirven para remediar las llagas y las heridas de la piel. La zarzamora constituye una de las plantas vulnerarias más reconocidas.

Además de estas propiedades no hemos de olvidar su alto contenido en componentes antibacterianos que ayudan a eliminar los microorganismos presentes en las heridas. Entre los principales componentes bactericidas tenemos el ácido ascórbico o vitamina C, el ácido clorogénico, el ácido ferúlico, el ácido málico, la arbutina, las hidroquinonas y los taninos.

No debemos olvidar que los taninos, por sus propiedades astringentes, tienen además la capacidad de eliminar el exceso de líquidos en las heridas y ayudan a secarlas.

Finalmente no debemos omitir las propiedades antiinflamatorias de algunos de sus componentes (estigmaterol y ácidos ascórbico, clorogénico, ferúlico y ursólico) que ayudan a disminuir la hinchazón que se produce en muchas de las heridas.

Todas estas propiedades combinadas hacen de esta planta un buen aliado para el tratamiento de las llagas externas tal como puede verse en algunos de los remedios siguientes:

Uso interno

Diarrea: Las hojas de las zarzamoras poseen propiedades astringentes, ideales para curar la diarrea. Es su riqueza en hidroquinonas la que le otorga estas propiedades. Un buen remedio para cortar las deposiciones blandas consiste en realizar una decocción de 5 o 6 cucharadas de hojas de zarzamora bien desmenuzadas en un litro de agua y dejar hervir a fuego lento hasta que la mezcla disminuya al 50 %. Dejar enfriar y beber el medio litro de agua en pequeñas cucharadas a lo largo de todo el día.

Diabetes: Los ácidos ursólico y ascórbico que confieren propiedades antidiabéticas. (Decocción de 4 cucharadas de hojas secas por litro de agua. Tomar un par de vasos al día).

Inflamaciones intestinales: En caso de inflamaciones intestinales, producidas por bacterias, parásitos o ingestión de algún producto irritante, con dolor de vientre, abundantes deposiciones, incluso con presencia de sangre, las propiedades antiinflamatorias y antibacterianas de sus ácidos ayudarán a combatir la inflamación y a eliminar la irritación intestinal. (Decocción de 4 cucharadas de hojas secas por litro de agua. Tomar 3 vasos al día).

Uso externo

 Lesiones de la piel: El líquido resultante de la decocción de un puñado de hojas en un litro de agua durante 10 minutos ayuda a cicatrizar las llagas o úlceras externas, en las piernas, las manos u otras partes externas del cuerpo, combatiendo el pus. (Aplicar el líquido sobre la úlcera). Este mismo tratamiento resulta igualmente válido para el tratamiento de las llagas en los pies, especialmente de carácter purulento. (Aplicar compresa impregnada con el líquido resultante de la decocción sobre las úlceras de los pies).

Úlceras o llagas en la boca: Especialmente útil resultan los gargarismos realizados con las decocciones de hojas secas para el tratamiento de las aftas bucales. (Hacer hervir un puñado de hojas secas en un litro de agua hasta que esta se quede en la mitad del volumen original. Dejar enfriar y realizar gargarismos con el líquido resultante).

Anginas: Las propiedades antisépticas de sus ácidos y de la arbutina, combinadas con las propiedades astringentes que le proporciona su gran contenido en taninos, pueden ser utilizadas para combatir las anginas. (Decocción de dos cucharadas de hojas secas por litro de agua durante 10 minutos. Realizar gargarismos con el líquido resultante de la decocción).

Forúnculos: utilizada junto a la malva y la caléndula, incrementa sus propiedades vulnerarias en el tratamiento de los forúnculos (Realizar una cataplasma con las hojas de las tres plantas y aplicar sobre el forúnculo).

Inflamaciones de la lengua: Los gargarismos realizados con el líquido resultante de una decocción de un puñado de hojas secas por litro de agua ayudan a disminuir la inflamación de la lengua, una anomalía que se conoce médicamente como glositis.

Inflamaciones de la laringe: Igualmente los gargarismos con la decocción de hojas secas resultan ideales para el tratamiento de las inflamaciones de la laringe (laringitis), sean de carácter pasajero o crónico.

Encías: Para los problemas de las encías, especialmente con encías débiles o inflamadas (gingivitis) o sangrantes se pueden utilizar los brotes tiernos de las zarzas para fortificarlas. (Cortar un brote tierno y masticarlo bien removiendo el jugo contra la encía).

Hemorroides: Las mismas propiedades pueden ser utilizadas para el tratamiento externo de las hemorroides. Los lavados realizados con la decocción de un puñado de hojas secas por litro de agua ayudarán a desinflamarlas y a rebajar la picazón. La astringencia de las hojas secas también resulta útil para frenar las hemorragias anales que pueden producirse por las hemorroides u otros motivos.

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