ALFALFA

Planta herbácea de la familia de las Papilionáceas, procedente de Persia, donde todavía se encuentra en estado natural.  (Medicago sativa L). El nombre científico “medicago” procede del nombre Medea, una región italiana, mientras que el nombre vulgar deriva del árabe “Alfasasat”.  Se piensa que es una de las primeras plantas cultivadas por el hombre.

Ampliamente cultivadas como planta forrajera y muchas veces naturalizada. Se puede encontrar junto a los caminos, en sembrados, al borde las carreteras y terrenos secos de climas fríos o templados.

Tiene un ciclo vital de entre cinco y doce años, dependiendo de la variedad utilizada, así como del clima; en condiciones benignas puede llegar a veinte años. Llega a alcanzar una altura de 1 metro, desarrollando densas agrupaciones de pequeñas flores púrpuras. Es semejante a un trébol alto con hojas divididas en tres partes; es tan rica en calcio, que las cenizas de sus hojas son casi el 99% calcio puro. Sus raíces suelen ser muy profundas, pudiendo medir hasta 4,5 metros. De esta manera, la planta es especialmente resistente a la sequía y además,  puede asimilar la mayoría de los minerales que no se encuentran en la superficie.

La alfalfa procede de Irán, donde probablemente fue adoptada para el uso por parte del hombre durante la Edad del bronce para alimentar a los caballos procedentes de Asia Central. Según Plinio el Viejo, fue introducida en Grecia alrededor del 490 A.C., durante la Primera Guerra Médica, posiblemente en forma de semillas llegadas con el forraje de la caballería persa. Pasó a ser un cultivo habitual destinado a la alimentación de los caballos. Su gran aceptación y difusión se debió a sus características saludables y de ahí que los árabes hayan introducido la alfalfa en África hasta llegar a Europa y luego se introdujo en América. A Estados Unidos llegaría a través de Chile, en torno a 1860.

Desde el siglo VI ha sido utilizada por los asiáticos con fines medicinales.

El humano puede ingerirla como brotes en ensaladas y sándwiches. Como todas las leguminosas, sus raíces poseen nódulos conteniendo las bacterias Sinorhizobium meliloti, con habilidad de fijar nitrógeno, produciendo un alimento rico en proteínas, sin importar el nitrógeno disponible en el suelo. Su habilidad fijadora de nitrógeno (incrementando el nitrógeno del suelo) y su uso como forraje animal mejora la eficiencia de la agricultura.

Partes de la planta de uso médico: Toda la planta: hojas, tallo, raíz, semillas y fruto.

Componentes de la alfalfa:

Ácidos: ascórbico, cítrico, fumárico, málico, oxálico, succínico. (Planta)

Alcaloides: betaína, estaquidrina (Planta)

Vitaminas: Vitamina C; Vitamina B: Colina (vitamina B7 o vitamina H), Folacina (vitamina B9), Niacina (vitamina B3), Ácido pantoténico (vitamina B5), Riboflavina (vitamina B2), Tiamina (vitamina B1), Piridoxina (vitamina B6); Vitamina A en forma de betacarotenos, Vitamina D, vitamina K (Planta)

Fibra: no soluble y soluble: Pectina (Planta)

Proteína (Hojas y semillas)

Saponinas (Planta)

Taninos (Planta)

Pigmentos: Clorofila, Xantofila (Planta)

Fitoesteroles: Campesterol, Estigmasterol (Planta)

Isoflavonas: Genisteína (Planta)

Inositol

Aminoácidos: triptófano, arginina, asparagina (Planta)

Minerales: Aluminio, boro, calcio, cromo, cobalto, fósforo, hierro, magnesio, manganeso, potasio, selenio, silicio, sodio, zinc (Planta)

Propiedades de la alfalfa

La riqueza de esta planta en aminoácidos y de minerales y vitaminas la convierte en un remedio muy interesante para las anomalías metabólicas. Entre todas las propiedades relacionadas con el metabolismo podíamos mencionar las siguientes:

 Propiedades diuréticas: Esta bien probada la capacidad de esta planta de incrementar la eliminación de líquidos favoreciendo la curación o la mejoría de muchos trastornos metabólicos en los que la retención de líquidos juega un papel muy interesante: diabetes, celulitis o edemas. Los aminoácidos arginina y asparagina, junto con los minerales potasio, calcio y magnesio y los ácidos ascórbico y cafeico son los principales componentes que realizan está función. (Beber diariamente 40 g de jugo de las hojas frescas).

La alfalfa, un sustituto del tratamiento con hormonas: La presencia de componentes con propiedades hormonales, especialmente las isoflavonas (genisteína, daidzeina, diosgenina, biochenina, cumestrol, etc.) le proporcionan propiedades muy adecuadas para ciertos trastornos relacionados con problemas hormonales.

En la actualidad estos fitoestrógenos se utilizan fundamentalmente para el tratamiento de la inflamación en las menstruaciones demasiado copiosas originadas por endometriosis. (Comer brotes de alfalfa unos días antes de la menstruación). (Existen en el mercado preparaciones en forma de polvo o tabletas que pueden tomarse con la misma finalidad de acuerdo a las condiciones del prospecto).

Igualmente se aconseja el uso de esta planta durante la menopausia. Al tratarse de una hierba con propiedades estrogénicas, puede ser útil para paliar el déficit de hormonas que se produce durante este periodo. Al mismo tiempo puede ayudar a disminuir muchos de los síntomas que se producen durante la menstruación.

La presencia de numerosas enzimas favorece el proceso digestivo y permite una asimilación mayor de los alimentos. Las grasas son metabolizadas con mayor facilidad.

Se ha comprobado que la inclusión habitual de brotes de alfalfa en las ensaladas mejora la salud de la pared estomacal, siendo de ayuda en caso de úlceras de estómago, acidez estomacal o gases.

La presencia de saponinas, unido a su riqueza en fibra reduce la absorción del colesterol en el intestino. Su riqueza en cumarinas, con propiedades antiagregantes, ayuda a evitar la formación de coágulos en las arterias, por lo que favorecen la prevención o el tratamiento de la arteriosclerosis. (Infusión de una cucharadita de planta seca por taza de agua durante 10 minutos. Tomar 2 tazas diarias). (Añadir brotes de alfalfa a las ensaladas).

Su gran riqueza en vitamina C ha sido utilizada tradicionalmente para combatir problemas relacionados con la falta de esta vitamina. El uso de su jugo fresco o de sus hojas tiernas en ensaladas ha sido un arma eficaz para evitar el escorbuto. Esta propiedad podría ser aprovechada para mejorar los síntomas de ciertas enfermedades como la gripe o el resfrío. (Moler las semillas y agregar una cucharadita a los alimentos cuando ya están servidos a diario).

En general, posee muchos minerales, proteínas y vitaminas que pueden ser muy útiles como tónico reconstituyente general. Puede ser utilizada en caso de debilidad general, convalecencias, delgadez, anorexia, falta de energía, cansancio intelectual, etc.

Así, por ejemplo, contiene mucho calcio y mucha vitamina D que resultan necesarios para prevenir o tratar las anomalías de los huesos en caso de osteoporosis, fracturas, etc. Su riqueza en hierro puede aprovecharse para el tratamiento de la anemia.

La inclusión de brotes de alfalfa o las hojas tiernas de esta planta cocinadas como verdura dentro de la dieta habitual podría ayudar a combatir muchas de estas anomalías. Si no se dispone de la planta tierna, las infusiones de una cucharadita de planta seca por taza de agua durante 10 minutos producirán efectos positivos.

La alfalfa es rica en vitamina K, en forma de filoquinonas. Esta vitamina, también llamado factor antihemorrágico resulta necesaria para que el hígado pueda producir la hormona protrombina que interviene en la coagulación de la sangre. La falta de esta vitamina produce problemas de coagulación que se manifiestan en forma de sangrado, hematomas, etc. Además su riqueza en ácido ascórbico contribuye a la misma finalidad. El uso de esta hierba puede ayudar a resolver o mejorar problemas de coagulación sanguínea tales como:

Hemorragias nasales: En caso de sangrado abundante y frecuente por la nariz (epistaxis) la ingestión de unos 50 gramos diarios de jugo fresco de las hojas, repartidos en dos tomas, ayudará a detener el flujo de la sangre.

Hematomas: producidos por la acumulación de sangre como consecuencia de algún golpe o desarreglo corporal. Realizar el mismo tratamiento anterior.

Hemorroides: Su uso puede ayudar a detener el sangrado de las hemorroides. (50 gramos diarios de jugo fresco de las hojas, repartidos en dos tomas.

Las propiedades antiinflamatorias y diuréticas de esta hierba son utilizadas para el tratamiento de las infecciones del aparato urinario en anomalías como la cistitis (inflamaciones de la vejiga urinaria), la nefritis (inflamaciones de los riñones), piedras en el riñón, prostatitis, etc.

Las vitaminas A, C, E y el zinc ayudan a disolver los cálculos renales. El germen de alfalfa es altamente rico en dichos nutrientes, por lo que debe sumarse al menú semanal en las personas que padezcan dicha condición.

Si se toma diariamente una mezcla de jugo de alfalfa, jugo de zanahoria y jugo de lechuga, se favorece considerablemente el crecimiento capilar. La combinación de estos elementos es especialmente rica en nutrientes que combaten la pérdida del cabello.

Por su rico contenido en clorofila cura llagas y cicatriza heridas.

Por su contenido en manganeso, se ha usado en diabéticos que no responden a la insulina.

Cura úlceras de estómago y duodenales; previene la gastritis, por ello siempre se recomienda su uso regular ya sea en hojas tiernas y frescas, en jugo, en polvo o en germinado.

La alfalfa germinada es rica en vitamina E, por lo que se recomienda especialmente a madres lactantes y enfermos.

Las sales minerales presentes en alfalfa hacen que la sangre se vuelva más alcalina, lo que reduce los estados alérgicos. Limpia la sangre y ayuda a eliminar las acumulaciones de grasa en articulaciones y tejidos musculares.

(Tomar una taza de jugo de la alfalfa o consumir en las ensaladas.  Sin embargo, se debe tener cuidado de no mezclarlo con el jugo de limón porque no son compatibles entre sí).

Uso externo

Hemostático: Puede utilizarse externamente para detener el flujo de la sangre de la nariz (Aplicar un algodón mojado con el líquido resultante de la infusión de una cucharada de planta seca por taza de agua) o para el tratamiento de las hemorroides sangrantes. (Realizar baños de asiento con el líquido de la infusión de planta seca).

 Vulnerario: Utilizada externamente, puede aplicarse sobre las picaduras de abejas u otros insectos para disminuir la hinchazón y reducir el dolor. (Moler un puñado de semillas y mezclarlas con agua hasta que adquieran una consistencia pastosa. Colocar en forma de cataplasma sobre la picadura).

 Antiinflamatorio: Sus propiedades antiinflamatorias ayudan a reducir la inflamación causada por inflamaciones circulatorios en la artritis o artrosis.

Las hojas tiernas de esta planta pueden comerse como verdura. Las semillas, molidas y asadas, se pueden moler y producir harina con la que se puede fabricar pan.

Las hojas destinadas al secado se recogerán en verano. Deben secarse a la sombra y guardarse en un lugar seco y sombrío dentro de saquitos o botes de cristal.

Asimismo, por su riqueza en proteínas, minerales y vitaminas la alfalfa forma parte de los ingredientes de muchos productos alimentarios y dietéticos para los adultos o alimentos energéticos destinados a la alimentación de los niños. Muy conocido en el mercado americano fue un producto llamado “Pablum”, que tuvo gran éxito en la primera mitad del siglo XIX. Formado a partir de numerosos cereales (avena, maíz, trigo, harina de huesos y alfalfa), por su contenido vitamínico y proteico resultó de gran ayuda en una época en la que la alimentación tenía grandes deficiencias, especialmente en la prevención del escorbuto y la deficiencia de vitamina D. Dejó de comercializarse en el 2005.

El uso principal de esta planta es como planta forrajera para la alimentación del ganado o para la fabricación de forraje. Resulta muy nutritiva para los animales al mismo tiempo que es una de las especies con una producción más elevada de las cultivadas por el hombre. Aguanta con facilidad las sequías aprovechándose de sus largas raíces que son capaces de hundirse hasta capas profundas del suelo. (Se han encontrado ejemplares cuyas raíces alcanzan los 10 metros de profundidad).

La alfalfa es una leguminosa y, como consecuencia, tiene la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico a través de sus raíces. Este capacidad hace que los suelos donde crece esta planta mejoren, por lo que muchas veces se planta como una manera de aportar fertilizante natural a los terrenos.

Brotes de alfalfa

 La germinación hace que las semillas de cereales y leguminosas aumenten su valor nutricional. Cuando un grano cuenta con el agua, el oxígeno y el calor necesario, germina para formar un nuevo ser vivo, una planta que a su vez producirá nuevas semillas. Tienen muchas más vitaminas que las semillas de donde proceden y tienen pocas calorías. (Sí, las semillas se ponen a producir vitaminas cuando se las remoja).

Podemos elaborarlos en nuestra propia casa, si seguimos estos pasos:

Seleccionar semillas apropiadas para ser consumidas germinadas, en buenas condiciones higiénicas y de conservación.

Ponerlas en remojo en un frasco de vidrio (nunca de metal) tapado con una tela fina. La cantidad de agua: tres o cuatro veces superior al volumen de semillas.

Dejar reposar las semillas durante 12 horas en un lugar oscuro y cálido.

Desechar el agua y lavar las semillas con agua tibia.

Cómo hacer germinados:

  1. Procedimiento sencillo

Se vierten las semillas en un plato hondo. Recomendamos poner pocas semillas, de forma que cubran el fondo del plato pero que sólo haya una capa, que no monten las unas sobre las otras. (Una cucharada de semillas, más o menos). Si no cubren el fondo, no importa.

En el procedimiento, las semillas van a crecer de volumen. Si son pequeñas las semillas y nos hemos excedido en la cantidad y algunas montan sobre otras, no hay mucho problema, pero si las semillas son grandes, con un poco que nos excedamos en la cantidad, abultarán demasiado.

La clave está en que todas las semillas germinen al mismo ritmo. Si unas están encima de otras unas germinarán antes que otras y unas se las comerá crudas y las otras podridas.

Se echa un poco de agua para que todas las semillas se mojen, pero sin que las sobrepase (a las semillas les gusta bañarse hasta la cintura, pero ¡no saben nadar!).

Se mete en un rincón de un armario sin luz y a esperar.

Cada día se las echa un vistazo. El agua va desapareciendo, en parte porque lo absorben las semillas y en parte porque se evapora. Si se han quedado sin agua hay que reponerla.

Al cabo de unos días (uno, dos, tres), van apareciendo los brotes blancos. Siga reponiendo el agua.

Cuando los brotes tengan una longitud de 2, 3 o 4 centímetros ya se las puede comer. (La longitud depende de cada semilla)

Si ha echado demasiada agua o se ha olvidado de las semillas y aparece moho entre ellas, le recomendamos que las tire y vuelva a empezar. (Si no se olvida de ellas durante unos cuantos días no es fácil que ocurra). Ídem si por cualquier motivo, huelen mal, se están pudriendo.

Antes de comer los brotes se lavan bien en un colador. (Se pueden guardar varios días en la heladera).

  1. Procedimiento complicado

Compre un germinador de los varios tipos que venden en las tiendas ecológicas y siga las instrucciones. O fabríqueselo Ud. mismo con un frasco de cristal y una tapa agujereada.

Hay que echar unas semillas en el frasco (poca cantidad), cerrarlo, echar agua dentro y luego escurrir varias veces.

Después de esta operación se deja inclinado en un lugar oscuro.

Hay que repetir la operación de lavado y escurrido varias veces al día (de dos a cuatro).

Inconvenientes de este procedimiento: Hay que conseguir un germinador o hacérselo uno mismo. Las semillas pueden estar en contacto con plástico bastante tiempo. Y sobre todo: el acordarse varias veces al día es demasiado laborioso. ¡Para una cosa que podemos hacer de forma sencilla!

Además, las semillas, al estar en una posición inclinada, tienden a agolparse las unas sobre las otras. Están en un ambiente más cerrado.

Es altamente recomendable consumir brotes de alfalfa temprano en la mañana pues desintoxica el organismo de los ácidos que se pueden haber consumido en alimentos y bebidas, pero también porque fortalece el funcionamiento del hígado y el riñón, previene alteraciones cutáneas, diabetes y problemas de inmunidad, entre otros problemas. Para un mejor consumo se le puede sumar a las ensaladas o poner dentro de los sándwiches.

Una de las primeras ventajas de la alfalfa es su bajo contenido en calorías. La alfalfa germinada contiene más de un 90 % de agua, muy pocos hidratos de carbono y no posee prácticamente grasa. Todo ello la hace muy adecuado como alimento para evitar la obesidad o en las dietas para adelgazar.

Los brotes de alfalfa contienen bastante calcio y fósforo. Ambos minerales resultan muy interesantes para la formación y reparación de los huesos y constituyen los principales factores para evitar la debilidad ósea u osteoporosis.

Dentro de las vitaminas que contienen, las más abundantes son las vitaminas del grupo B, especialmente la niacina (vitamina B3) y el ácido fólico (vitamina B9). La niacina ayuda al metabolismo de las grasas, proteínas e hidratos de carbono por lo que su ingestión otorga al organismo una mayor sensación de energía y plenitud. Al mismo tiempo ayuda a mantener el sistema nervioso en buen estado. El ácido fólico es necesario para el buen funcionamiento y desarrollo de las células.

Los brotes de alfalfa son ricos en vitamina K, que favorece la coagulación de la sangre y contribuye a la absorción del calcio. Comer este alimento, además de contribuir a la buena salud de los huesos ayudará a frenar la salida de la sangre en aquellas personas que tienen tendencia a sufrir pérdidas de sangre, como hemorragias nasales.

El proceso de germinación de las semillas de alfalfa produce brotes verdes que son muy ricos en clorofila. La clorofila tiene una estructura molecular muy parecida a la de las células rojas de las sangre.

La ingestión de alimentos ricos en clorofila tiene una capacidad muy grande de regenerar las células sanguíneas.

Por ello, la clorofila de los brotes de alfalfa tiene una gran importancia en el control de la anemia. Se ha valorado el papel de este componente en la regeneración del hígado, en el incremento de las defensas y en el aumento del vigor corporal. La clorofila ayuda a mantenernos más sanos al prevenir la aparición de enfermedades.

La riqueza en enzimas digestivas de la alfalfa germinada ayuda a mejorar la digestión.

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