APIO

El apio (Apium graveolens) es una planta de la familia de las umbelíferas, a la que pertenecen plantas tan conocidas como el perejil o el hinojo.

Los tratados de Botánica dicen que se trata de una planta bienal de raíz y tallos estriados comestibles de la que se distinguen 15 variedades siendo la más importante y consumida la Apium graveolens var.dulce. En todo caso dos son las variedades más cultivadas en Europa: el apio en rama, que forma una gruesa penca con hojas acuñadas y que es la más común en España, y el llamado apio-rábano, un bulbo rugoso en forma de papa que apenas se consume en ese país pero forma parte de muchos platos de los países del norte de Europa. La diferencia entre ambas es que de la primera se consumen el tallo y las hojas y de la segunda sólo la base del tallo. Dentro del primer tipo existen a su vez dos variedades: el apio verde (que supone el 70% del apio que se consume en todo el mundo) y el apio blanco o amarillo (que es más difícil de cultivar y más apreciado). Por tanto, el apio más fácil de encontrar en nuestros mercados es el de tallo grueso, hueco, estriado y alargado que se compone de pencas verdosas de forma cilíndrica longitudinalmente recorridas por un profundo surco y de la que brotan hojas con aspecto parecido al perejil.

Las zonas pantanosas de climas templados del centro de Europa y el oeste de Asia fueron el origen del apio silvestre, precursor del que hoy se cultiva para su comercialización, aunque esta afirmación presenta una serie de discusiones por parte de numerosos expertos que consideran a esta planta natural de países del ámbito Mediterráneo.

El cultivo del apio parece remontarse al siglo IX A.C. Se trata de una hortaliza muy utilizada por civilizaciones como la egipcia, griega o romana, culturas que han introducido el cultivo de innumerables hortalizas, frutas y verduras en el sur de Europa. Sería un médico griego del siglo V A.C., Hipócrates, quien aconsejaría consumir el apio como un potente diurético, ya que hasta esos momentos tan sólo se aprovechaba como planta aromática. El aroma del apio silvestre era asociado con el culto a los muertos, así algunas tumbas griegas se cubrían con apio. En el mundo egipcio también se han hallado restos en pirámides que lo relaciona con el culto a los difuntos.

No sería empero hasta la Edad Media cuando en Europa creció el interés por sus propiedades. Tal vez fue el hambre que azotó la Edad Media la que hizo que perdiera esta función ornamental y pasara a ser definitivamente una planta alimenticia.

Los árabes la apreciaban por sus cualidades medicinales y no sin razón ya que es un gran tónico nervioso que contribuye a la remineralización del organismo.

Hoy se cultiva en prácticamente todas las regiones templadas del mundo y cada vez más personas la llevan a su mesa sabedoras de sus más que interesantes aportaciones nutricionales y terapéuticas.

El apio es una de esas plantas a las que el tiempo y la experiencia han acabado poniendo en el lugar que en justicia merece. De ahí que haya pasado de ser considerado un vegetal meramente aromático a una hortaliza con importantes propiedades para la salud.

Desde el punto de vista nutritivo el apio no presenta una composición muy llamativa; es bastante pobre en hidratos de carbono, en proteínas y, carece prácticamente de grasas.

Sin embargo sus componentes no nutritivos tienen un gran valor biológico para el organismo:

Aceite esencial: De efecto vasodilatador.

3-butilptalida: De acción diurética.

Glucoquina: Una sustancia de acción similar a la insulina, que disminuye el nivel de azúcar en sangre.

Sales minerales: Debido a su riqueza en ellas, el apio es un auténtico alcalinizante capaz de neutralizar el exceso de ácidos del organismo.

Psoralenos: Sustancias que pueden producir en personas predispuestas, una sensibilización de la piel a la luz solar. Estas sustancias ejercen un efecto protector sobre la piel.

Vitaminas: Es un vegetal muy nutritivo, en él se encuentran vitaminas, del grupo B: vitamina B1, vitamina B2 y vitamina B6, vitamina A, C y E, de efecto antioxidante.

Minerales: También contiene varios, entre ellos, fósforo, hierro, azufre, potasio, cobre, manganeso, zinc y aluminio.

Propiedades alimentarias del apio

Por su porcentaje en agua, alcanza casi un 95 %, el apio se presenta como uno de los vegetales más ligeros, especialmente indicados para las dietas de adelgazamiento.

Cada 100 gr. de esta planta solamente poseen 16 calorías, por lo que podemos decir que se trata de uno de los vegetales menos calóricos y adecuados para las personas que tengan problemas de obesidad.

Pero el poder del apio para eliminar “material sobrante” del organismo le viene dado, no solamente por su poca capacidad calórica, sino también por sus propiedades diuréticas. Este vegetal es uno de los principales diuréticos. Esta propiedad le viene conferida por su riqueza en aceites esenciales, especialmente abundantes en las semillas, fundamentalmente limoneno y selineno, y en la raíz, asparagina, un componente que aparece en abundancia en el espárrago, otro de los vegetales con gran capacidad para aliviar la retención de líquidos.

Estos mismos componentes, aunque en menor proporción, también aparecen en las hojas. Así pues, si precisamos de una cura más drástica, podemos optar por realizar una infusión con las semillas secas, en una proporción de 1,5 gr. por taza y beber 2 o 3 tazas al día.

También podemos exprimir un par de tallos y hojas con la batidor y bebernos el jugo, combinándolo con la zanahoria, el limón o la manzana y siempre teniendo en cuenta que la proporción de esta planta, al tener un sabor tan fuerte, debe ser de una cuarta parte con respecto al líquido total. Simplemente comiendo el apio, en combinación con otras verduras u hortalizas podemos comprobar como expulsamos mayor cantidad de orina que de lo normal, de manera que iremos perdiendo peso.

El aceite esencial tiene propiedades antibacterianas con lo que, al mismo tiempo, que aumentarnos la micción, nos ayudará a combatir las infecciones de los riñones causadas por virus o bacterias.

Además de eliminar el ácido úrico, será muy útil consumir esta planta a personas con sobrepeso, pero también a enfermos reumáticos, a los que tengan gota, diabetes, piedras de riñón (cálculos renales), de vesícula o las personas con tendencia a desarrollar arenillas.

Incluso puede ser muy útil para los enfermos de hígado, dado que al eliminar toxinas descargan este órgano que no tiene que realizar tanto trabajo para depurar la sangre.

Las hojas de apio se utilizan para tratar afecciones como el asma por su contenido en apigenina, un flavonoide con efectos vasodilatadores que ayudan a oxigenar las células, por lo que también resultan muy adecuadas en el tratamiento del epoc o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. (Tomar en la alimentación).

Es muy rico en potasio que compensa y equilibra su elevada cantidad en sodio. Esta riqueza en sales, junto con la gran cantidad de aceites esenciales le otorgan un sabor muy particular que puede resultar un poco fuerte para aquellos que no estén acostumbrados a su consumo, pero que proporciona un toque muy original cuando se combina con otros vegetales.

Este sabor tan particular, junto a sus propiedades estomacales justifica que deba formar parte de las ensaladas antes de las comidas más copiosas.

Un buen plato de apio fresco con algo de cebolla, morrón rojo y perejil, nos abrirá el apetito, ayudará a realizar la digestión al incrementar los jugos intestinales y expulsará los gases sobrantes.

Por otra parte, tampoco hay que olvidar que el apio es un buen regulador intestinal que es capaz de aumentar los movimientos intestinales para ayudar a aquellas personas que sufren de estreñimiento y neutralizar el exceso de bacterias que es en muchos casos el responsable de fermentaciones y putrefacciones intestinales.

Sin ser de las hortalizas más generosas en vitaminas, posee una buena dosis de vitamina B1, vitamina B2 y vitamina B6 que le otorgan propiedades sedantes, así como propiedades beneficiosas para la vista, el pelo y los huesos.

De igual manera algunos componentes de su aceite esencial,  sedanólido y sedanona, parecen atribuirle las mismas propiedades.

Su contenido en vitamina C es relativamente bajo.

Resulta muy conveniente para el aparato circulatorio. Comer con cierta frecuencia la planta tierna nos ayudará a rebajar el colesterol, eliminar el ácido úrico, combatir la hipertensión y evitar la aparición de enfermedades cardiovasculares.

El apio se ha considerado un alimento muy adecuado para el buen mantenimiento de las relaciones sexuales. Se considera un buen afrodisiaco, al aumentar el deseo sexual e incrementar la potencia facilitando la erección del pene. La forma más fácil de conseguir estas propiedades es comer apio crudo en ensaladas.

Además de resultar un alimento muy conveniente, el apio se ha venido utilizando como planta medicinal desde la antigüedad.

Aunque si por algo destaca en verdad el apio es por su capacidad para remineralizar el organismo ya que contiene abundante potasio, sodio, se considera la hortaliza que más aporta, y dosis considerables de calcio, zinc, magnesio, hierro, azufre, fósforo, manganeso, cobre, aluminio y silicio. Y en este sentido cabe recordar que el equilibrio entre potasio y sodio es imprescindible para la correcta función nerviosa y muscular además de participar en el sistema bioeléctrico de todas las células del cuerpo merced a lo que se conoce como “bomba sodio-potasio”. Es más, en el caso concreto del apio diferentes estudios han revelado que su contenido en sodio satisface las necesidades de este mineral en aquellas personas que mantienen dietas bajas en sal mientras sus altos valores en potasio lo hacen adecuado para quienes estén tomando diuréticos. Los expertos señalan asimismo que mientras en el cuerpo la relación entre el potasio y el sodio es de 2 a 1 en el apio existen 3 partes de potasio por cada una de sodio y, por tanto, se trata de una proporción excelente para quienes padecen hipertensión o toman diuréticos sintéticos ya que a diferencia de éstos el apio ayuda a eliminar el exceso de líquido sin desequilibrar la relación adecuada de ambos minerales.

Debemos añadir que buena parte de sus propiedades se deben en todo caso al aceite esencial que contiene, compuesto por apiol, limoneno, psoralenos y apiína así como a su riqueza en terpenos, entre ellos flavonoides como la apigenina y la luteolina, que son los que le proporcionan su capacidad antioxidante, anticancerígena, antibacteriana y antimicótica (siendo especialmente útil en los casos de infección de las mucosas de las vías urinarias).

El apio, en suma, aumenta la micción y dilata los vasos renales favoreciendo con ello la eliminación de líquidos retenidos en el cuerpo y una expulsión más rápida y efectiva de las sustancias tóxicas o de desecho. Es más, contribuye a eliminar los cálculos renales y biliares así como la arenilla que acaba formándolos, a depurar la sangre, a limpiar tanto el intestino como el riñón y la vejiga, a prevenir dolencias que devienen de la acumulación de impurezas y a ahorrar trabajo al hígado (que no deberá esforzarse tanto para depurar la sangre). Razones que sin duda justifican su consumo como depurativo y desintoxicante además de ser eficaz en casos de hipeuricemia, gota, afecciones articulares y reumatismo.

Obviamente el mayor volumen de orina que se expulsa gracias al apio ayuda a rebajar la tensión arterial pero estudios llevados a cabo por William Elliot, profesor de Medicina y Farmacología en la Universidad de Chicago (EE.UU), indican que puede además prevenirla gracias a uno de sus compuestos, el ftalido, sustancia que le confiere su peculiar aroma, ya que esta sustancia relaja los músculos lisos de los vasos sanguíneos ampliando su diámetro. Al parecer el mecanismo de acción consiste en bloquear la actividad de la enzima productora de las catecolaminas, consideradas las “hormonas de la tensión o el estrés”, que provocan la contracción de los vasos sanguíneos elevando con ello la presión arterial. Es decir, el apio reduciría la presión al suprimir la producción de las hormonas causantes de su elevación. Algo que el profesor Elliot constataría mediante un experimento con animales que demostró que aquellos a los que se alimentó con 2 tallos de apio tuvieron al día siguiente una presión sanguínea 14 veces menor que aquellos a los que no se les dio.

Otras investigaciones revelarían luego que además del ftalido hay otra sustancia en el apio con esa misma capacidad para dilatar los vasos sanguíneos: el flavonoide apigenina. Recordemos que el contenido en fibra de esta hortaliza también ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre y que el aumento de la diuresis elimina del organismo sustancias que podrían dar lugar a complicaciones cardiovasculares. Lo que explica aún mejor su actividad cardioprotectora.

Está estudiada también la capacidad de algunos de los componentes del apio para prevenir y tratar el cáncer. Así, se sabe que además de los ftalidos y los poliacetilenos, reconocidos antioxidantes, esta hortaliza contiene otras seis familias distintas de compuestos que contribuyen a eliminar del organismo diversos agentes carcinógenos, especialmente los contenidos en el humo de los cigarrillos. Contiene por ejemplo un flavonoide, la apigenina, que además de antiespasmódico, antiinflamatorio, antioxidante e inhibidor de la formación de ácido úrico parece tener también propiedades anticancerígenas. Esta sustancia, que por cierto se encuentra en grandes cantidades tanto en la manzanilla como en los morrones verdes, está de hecho considerada “la de mayor acción anti proliferativa en cáncer de mama” en un estudio realizado para comparar la incidencia de 21 flavonoides diferentes sobre el crecimiento de células cancerosas mamarias inoculadas en ratones. Al parecer la apigenina se une a los receptores de estrógenos de las membranas celulares previniendo la proliferación celular en casos de tumores hormono dependientes. Estudios posteriores revelarían luego también su fuerte capacidad inhibitoria sobre las células cancerosas de la glándula tiroides que carecen de receptores estrogénicos así como que bloquea la actividad de la enzima tirosinakinasa impidiendo igualmente la proliferación de células cancerosas en la próstata.

De hecho expertos españoles de la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y de la Unidad de Oncología Radioterápica de la Ciudad Sanitaria Virgen de la Arrixaca estudiaron la actividad anticancerígena de la apigenina en células murinas de adenocarcinoma de próstata y de melanoma con diferentes dosis y en distintos periodos de tiempo observándose la viabilidad y citotoxicidad celular, la inducción de apoptosis y las modificaciones estructurales y ultra estructurales inducidas por ella en las células cancerosas. Los resultados obtenidos demostraron, según los expertos, que sobre la línea tumoral de adenocarcinoma prostático la apigenina “produce una inhibición progresiva de la proliferación celular que varía desde el 30% a las 24 horas hasta el 90% a las 72 horas, todo ello con una apoptosis inferior al 10%” mientras que sobre el melanoma mostraba “una inhibición del 100% en el crecimiento celular siendo la inhibición de la proliferación del 60% a las 24 horas y del 35% a las 48 horas respecto a los cultivos controles. Con dosis menores se observa una inhibición del desarrollo celular pero no son estadísticamente significativos”. En suma, los expertos llegaron a la conclusión de que la apigenina inhibe la proliferación celular en ambas líneas tumorales murinas aunque de forma más intensa en el caso del melanoma.

Otras investigaciones revelarían posteriormente que el apio contiene otro flavonoide que no sólo posee muchas de las propiedades de la apigenina frente al cáncer sino que además aporta sus propias cualidades específicas: la luteolina. Capacidad que debe a que también inhibe la enzima tirosinakinasa. Se ha constatado que posee una potente actividad anti proliferativa sobre 27 líneas de células cancerosas y disminuye la toxicidad de la quimioterapia en el corazón y la médula espinal. Asimismo inhibe la enzima aromatasa y previene la formación excesiva de estrógenos por lo que evitaría el enlace de éstos con células cancerosas de mama.

Diversos estudios han revelado asimismo que los flavonoides del apio, compuestos con acción antioxidante, antiinflamatoria, hipouricemiante e inmunoestimulante como ya hemos indicado, ayudan a la renovación de las articulaciones y del tejido conjuntivo por lo que se considera de gran ayuda en casos de artrosis y artritis reumatoide, reuma y gota en los que también alivia el dolor.

Pero lo más esperanzador en este momento es que en mayo del presente 2008 se descubrió que la luteolina reduce la inflamación cerebral, al menos en ratones, y podría ser útil en el tratamiento de personas afectadas por el Alzheimer. Tal es la conclusión a la que llegó al menos un grupo de investigadores encabezado por el doctor Saebyeol Jang en la Universidad de Illinois (EE.UU) tras administrar a ratones durante tres semanas la sustancia y comprobar cómo iban reduciéndose de forma considerable las inflamaciones cerebrales que previamente les habían inducido. Según se publica en Proceedings of the National Academy of Sciences los investigadores estudiaron específicamente la forma en que actúa la luteolina sobre las microglías, células que se originan en la médula, llegan al sistema nervioso a través de la sangre y lo defienden devorando los agentes patógenos que lo atacan. Es decir, las microglías son las células responsables de la defensa inmune del sistema nervioso central y del cerebro. Pues bien, durante 21 días los investigadores administraron a los ratones agua con luteolina y luego les inyectaron un liposacárido de una bacteria patógena que pone en marcha en los ratones el mecanismo defensivo de la inflamación. ¿El resultado? “La luteolina redujo la inflamación inducida por el liposacárido dentro de las cuatro horas posteriores a la inyección”. Cabe añadir que los mecanismos de acción aún se están estudiando pero se cree que lo que hace la luteolina es detener la producción de moléculas inflamatorias y mitigar ésta a nivel cerebral por lo que podrían, dicen textualmente estos expertos, “ayudar a contrarrestar la demencia causada por la inflamación en el cerebro en enfermedades como el Alzheimer o la variante humana del mal de las vacas locas”.

El apio también tiene propiedades sedantes y tranquilizantes gracias a su riqueza en vitaminas del grupo B y de ahí su capacidad para aliviar notablemente las molestias ocasionadas por contracturas, calambres y cefaleas tensionales. Aunque estas propiedades relajantes también se deben en parte al flavonoide apigenina ya mencionado que tiene efectos ansiolíticos pero sin llegar a provocar relajación muscular ni sedación excesiva. Este flavonoide es capaz de unirse a los receptores GABA-A cerebrales calmando la ansiedad como hacen las benzodiacepinas pero sin provocar la depresión del sistema nervioso central que provocan esos fármacos.

Además de incrementar la producción de saliva y jugos gástricos el apio abre el apetito y facilita la digestión al tiempo que aumenta los movimientos naturales del intestino previniendo gases y cólicos además de neutralizar el exceso de bacterias responsables de fermentaciones y putrefacciones intestinales. Asimismo actúa como un laxante suave gracias a su fibra. Ahora bien, tenga en cuenta que tomado crudo en grandes cantidades puede ser indigesto.

Además:

Mejora el acné al favorecer la depuración de la sangre y tener propiedades antibacterianas.

Ayuda a limpiar heridas y quemaduras facilitando su cicatrización cuando se usa de forma tópica.

Por sus propiedades antibacterianas y antiinflamatorias puede emplearse para hacer enjuagues bucales en casos de infección, llagas o problemas de encías.

También tiene propiedades beneficiosas para la piel, el pelo y los huesos por las furanocumarinas y psoralenos que contiene y que actúan como protectores de la piel y estimulantes de la repigmentación. Por eso se está empleando hoy el apio en casos de psoriasis y vitíligo así como en otros problemas de la piel o que se manifiestan en ella como el acné.

El apio es un alimento muy curativo. Sin embargo, dado que es un alimento que contiene muchos oxalatos, hay que evitar la ingestión de este alimento en cantidades elevadas y la administración de tratamientos fitoterapéuticos en aquellas personas que presenten lesiones renales graves o aquellos que presenten inflamaciones en la vejiga.

Igualmente, no resulta conveniente los preparados con apio durante el embarazo porque su contenido en apiína puede producir abortos.

Propiedades medicinales del apio

 Uso interno

Nerviosismo: Tiene un efecto tranquilizante de los nervios (Decocción de 30 gr. de raíz seca por litro de agua. Tomar un par de vasos al día).

Gota: Para rebajar el ácido úrico e impedir la aparición de la gota se pueden realizar infusiones de semillas en proporción de 1,5 gr. por taza. Tomaremos un par de tazas al día.

Arritmias cardíacas: Para regularizar el ritmo cardíaco se pueden tomar unos 30 gr. de polvo de semillas, divididos en 3 tomas diarias.

Colesterol: Para rebajar el colesterol se puede ingerir jugo de la planta fresca.

Expectorante: Se utiliza para expulsar las mucosidades que se acumulan en el pecho como consecuencia de un proceso gripal, bronquitis, etc. (Decocción de 30 gr. de raíz seca por litro de agua. Tomar un par de vasos al día).

Estomacal: Abre el apetito (Decocción durante media hora de 30 gr. de raíz por litro de agua. Tomar una tacita delante de cada una de las comidas principales del día).

 Sedante-estomacal: Cura el dolor y previene los espasmos (Infusión de 40 gr. de raíz por litro de agua. 2 tazas al día).

Uso externo

Vulnerario: Con propiedades para curar la heridas y favorecer su cicatrización (Aplicación en forma de enjuague sobre la herida o llaga. Aplicar una cataplasma realizada con las hojas tiernas sobre la zona afectada).

Sabañones: Otra de sus propiedades externas es su capacidad para curar los sabañones (Decocción durante 1 hora de 1/4 de kilogramo de planta por litro de agua. Realizar baños de pies con el líquido resultante durante 15 minutos 3 veces al día).

Enjuagues bucales: Muy adecuados para curar las llagas de la boca o problemas de las encías (Machacar la planta seca y realizar un enjuague bucal).

 Problemas de voz: por problemas de falta de voz (afonía) se pueden realizar gargarismos con la decocción de la planta tierna.

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