COBRE

El cuerpo humano adulto sólo contiene unos 100-150 mg de cobre.

Esta cantidad está distribuida principalmente en los músculos, el bazo, los huesos, el hígado, el corazón, los riñones, el cerebro, el sistema nervioso central y las proteínas del plasma.

La mayor parte del cobre de los leucocitos se halla en los eosinófilos y en menor medida en los basófilos. La cantidad de cobre en las plaquetas es insignificante. Ante carencias de cobre en el organismo, su presencia disminuye en el cerebro, huesos, tejidos conjuntivos y médula ósea, pero no en el hígado.

Los valores en el suero, aunque son variables, oscilan entre 130-230 microgramos por 100 ml.

Alrededor del 5% del cobre en el suero está ligado a la albúmina, un 95% está ligado a una alfaglobulima, la ceruloplasmina.

De cobre el ser humano necesita menos de 2 mg diarios, una cantidad tan pequeña que es poco probable que una dieta no la contenga.

El organismo utiliza el escaso cobre que hay en la sangre para la síntesis de la hemoglobina.

Los recién nacidos tienen un alto índice de cobre en la sangre y han de pasar entre 5 y 15 años para que alcancen el nivel de los adultos, inferior y más normal. Está presente en todos los tejidos corporales.

Se absorbe en el estómago y el intestino delgado, llegando al torrente sanguíneo, aproximadamente a los 15 minutos de haber sido ingerido. Es excretado principalmente por las heces y la bilis, aunque también por la orina, pero en menor medida.

El cobre contribuye a la formación de los glóbulos rojos y al mantenimiento de los vasos sanguíneos, nervios, sistema inmunitario y huesos; de ahí que se le considere esencial para la vida humana. Se encuentra en algunas enzimas como la citocromo oxidasa, la lisil oxidasa y la superóxido dismutasa.

Estos son algunos de los alimentos más ricos en cobre:

Quesos: Edam. Emmental.

Pescados: Arenques.  Salmón. Bacalao.

Aves: Pollo. Ganso. Pato.

Carnes: Carnes magras. Higado. Riñones. Mollejas.

Mariscos: Ostras. Todos los mariscos.

Cereales: Avena. Centeno. Mijo. Trigo.

 

Pan: Centeno. Trigo.  Trigo integral.

Hortalizas: Alcaucil. Batata. Brócoli. Guisantes.  Remolacha. Papas.

 

Legumbres: Porotos. Habas. Lentejas.

Hongos: Champiñones.

Frutas: Frutas secas.

Frutos secos: Nueces.

Agua potable.

Estas son algunas de las funciones que el cobre realiza en el organismo:

  • Participa activamente en la síntesis de la hemoglobina.
  • Es necesario para la correcta síntesis del Hierro.
  • Participa de forma igualmente activa en la síntesis de las células rojas de la sangre.
  • Su presencia es necesaria para que el organismo pueda utilizar la tirosina, facilitando con ello la pigmentación de la piel y el cabello.
  • Nuestro organismo lo precisa para poder utilizar correctamente la vitamina C.
  • Está presente en la síntesis de determinadas sustancias que son esenciales en la formación de las vainas protectoras de mielina que envuelven las fibras nerviosas.
  • Es necesario tanto para la formación como para el mantenimiento de los huesos.
  • Su presencia evita la excesiva coagulación de la sangre.
  • Es necesario para el correcto funcionamiento del tiroides.
  • Ayuda a regular los niveles de colesterol en sangre.
  • Puede tener mucho que ver en la prevención y tratamiento del cáncer.
  • Es importante su consumo para prevenir y luchar contra las enfermedades degenerativas.
  • Tiene una reconocida acción antirreumática.
  • Interviene en la formación del ARN.

Su deficiencia puede ocasionar una serie de trastornos, estos son algunos de ellos:

  • Alteraciones en la pigmentación correcta de la piel y el pelo.
  • Alteraciones del sistema nervioso.
  • Alteraciones de los niveles de colesterol.
  • Alteraciones en el correcto funcionamiento del tiroides.
  • Alteraciones en la correcta coagulación de la sangre.
  • Retención de líquidos.
  • Alteraciones en los niveles de las células rojas de la sangre.
  • Alteraciones en las vainas protectoras de la mielina que envuelven las fibras nerviosas.
  • Mayor dificultad para la cicatrización.
  • Enfermedades óseas.
  • Anemia en niños mal nutridos.
  • Edemas.
  • Desmineralización ósea.
  • Crecimiento deficiente.
  • Anorexia.
  • Propensión a las infecciones.

Estas son algunas de causas que favorecen su deficiencia:

  • El consumo continuado de anticoagulantes.
  • Alimentación insuficiente y desequilibrada falta de vegetales frescos y de granos integrales.
  • El consumo excesivo y continuado de zinc.
  • El consumo excesivo y continuado de manganeso.
  • El consumo abusivo y continuado de vitamina C.
  • Fibrosis quística.
  • Celíacos.
  • Enfermedad de Wilson.
  • Dieta pobre en calcio, especialmente en niños con malnutrición o diarreas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s