CEBOLLA

Cebolla es el nombre común para la Allium cepa, planta del género de hierbas bienales de la familia de las Liliáceas, originalmente proveniente de Asia pero ha sido cultivada extensamente en regiones templadas y subtropicales por miles de años.

La cebolla es una planta bulbosa con hojas cilíndricas huecas, largas y engrosadas en la base que constituyen la mayor parte del bulbo. Tallo erecto que habitualmente se origina, en el segundo año de maduración de la planta, que lleva en su extremo una umbela de flores blancas o rosadas.   Los frutos son pequeñas cápsulas que contienen sus pequeñas semillas. Ciertas variedades forman en lugar de flores unos bulbillos que pueden enterrarse para obtener nuevas plantas.

La cebolla contiene esencias sulfurosas volátiles que le otorgan su sabor picante característico; al cortar cebolla se llora porque estas esencias entran por la nariz y provocan el lagrimeo.

 

La cebolla posee un origen incierto ya que diferentes estudios han señalado Asia Occidental y el Norte de África como posibles lugares de nacimiento de esta hortaliza, concretamente en zonas de Persia, India o Egipto, respectivamente. Los primeros vestigios de consumo humano se remontan a estos dos últimos países, hace más de 5.000 años.

En India un tratado médico llamado Charaka-Sanhita la propone como excelente diurético y remedio contra enfermedades cardíacas, oculares o de las articulaciones. En Egipto eran muy valoradas e incluso algunos expertos establecen hipótesis en las que se ofrece la cebolla como uno de los alimentos principales en la dieta de los trabajadores de las pirámides, junto con ajos y puerros; utilizándose también durante los sacrificios y funerales a modo de ofrendas.

Griegos y romanos utilizaron esta hortaliza para alimentar a sus tropas de combate en la creencia de que otorgaba fuerza en las batallas cuerpo a cuerpo. Serían estos últimos los que introducirían el consumo de cebolla en el resto de países ribereños del Mediterráneo, propagando y desarrollando su cultivo durante la época de dominación imperial.

La salsa provenzal deriva de un preparado alimenticio muy usado entre los gladiadores y legionarios: una mezcla de ajo, cebolla y aceite de oliva con posibles añadidos de laurel, perejil, albahaca, romero.

Durante la Edad Media los ejemplares plantados presentaban bulbos grandes a partir de los cuales se especializaron las variedades que se comercializan en la actualidad.

Al igual que con otras hortalizas y verduras, la cebolla llegó al continente americano a través de los españoles en los primeros tiempos de conquista, por su poder de conservación necesario para hacer frente a los largos viajes transoceánicos de finales del siglo XV. La facilidad para cultivar esta planta en los climas templados americanos hizo que se incorporara con rapidez a la cocina americana.

Sus 38 Kcal/100g proceden en su mayoría del contenido en glucosa, sacarosa y otros hidratos de carbono. Las proteínas están presentes en un pequeño porcentaje, aunque notable.

En vitaminas, están todas aunque en pequeñas cantidades; al igual que ocurre con los minerales, entre los que destaca el potasio. Ellos son: calcio, magnesio, cloro, cobalto, cobre, hierro, fósforo, yodo, níquel, silicio, zinc, bromo, y vitaminas A, B, C y E.

En oligoelementos, el más abundante es el azufre. Las sales minerales de la cebolla se convierten en carbonatos de reacción alcalina al pasar a la sangre, lo cual explica su notable efecto alcalinizante; lo cual quiere decir que ayuda al organismo en la eliminación de sustancias de desecho que generalmente son de naturaleza ácida.

La cebolla es muy rica en sustancias no nutritivas dotadas de una gran acción fisiológica:

Aceite esencial: Su composición es muy compleja, ya que está formada por una mezcla de más de cien sustancias diferentes, entre las que destaca el disulfuro de alilo y el tiosulfinato, con propiedades bactericidas y fungicidas.

Flavonoides: Son sustancias de tipo glucídico que favorecen la circulación sanguínea, impiden la formación de coágulos y bloquean la oxidación de las lipoproteínas de baja densidad, causantes de la arteriosclerosis. Es rica en quercetina, uno de los flavonoides más activos.

Enzimas: Es rica en sustancias enzimáticas como las oxidasas y las diastasas, que tienen una acción dinamizadora sobre los procesos digestivos.

Glucoquinina: una sustancia hipoglucemiante considerada la «insulina vegetal», pues ayuda a combatir la diabetes.

Fibra vegetal: Que contribuye a su acción hipolipemiante, disminuyendo la absorción de colesterol.

Propiedades alimentarias de la cebolla

Esta hortaliza es uno de los más poderosos cardioprotectores que existen en la naturaleza, siempre que se ingiera en forma habitual. La razón es la presencia en ella de aliína, presente en menor cantidad que en el ajo, lo que le otorga propiedades antitrombóticas al fluidificar la sangre y prevenir la arteriosclerosis y la hipertensión. Por otro lado, la cebolla ayuda a reducir los niveles de colesterol “malo”, eleva los valores del “bueno”, mantiene la elasticidad de las arterias y limpia la grasa de sus paredes evitando que se endurezcan y produzcan crisis cardíacas e, incluso, infartos. Otro tanto ocurre con los triglicéridos cuya acumulación también compromete el adecuado funcionamiento de este sistema.

Según Juan T. Copan en su libro La salud por el ajo y la cebolla (Abrazas, 1999), “el consumo habitual de cebolla fresca reduce las tasas de azúcar en sangre a la vez que estimula la segregación del jugo pancreático, es decir, que ayuda a eliminar los tóxicos de los azúcares y a asimilar mejor sus virtudes. De hecho, algunas de las fructosas utilizadas en los alimentos tolerados por los diabéticos provienen de cebollas dulces”. Resumiendo, la cebolla, y más concreto la glucoquinina que contiene y a la que se conoce como insulina vegetal, ayuda a reducir el exceso de azúcar en sangre por lo que su consumo no sólo previene la diabetes sino que es un excelente alimento para quienes ya padecen la enfermedad. Y no es la única forma en que la cebolla ayuda a los diabéticos, también lo hace al evitar la formación de fermentos en el estómago, la orina y la sangre, reduciendo así los mareos que suelen sufrir en forma habitual

La cebolla estimula asimismo el hígado, la vesícula y el páncreas además de favorecer las funciones del estómago. Se sabe también que sus azúcares y la quinina que contienen, estimulan el apetito, que tiene un suave efecto neutralizador de los ácidos, que su ingesta, especialmente en crudo, actica la secreción de los jugos gástricos y que favorece la adecuada salud de la flora intestinal. A este respecto se ha comprobado que su consumo inhibe la putrefacción intestinal, lo que disminuye la formación de toxinas y facilita la función de los intestinos, y contribuye a eliminar y expulsar los fermentos e impurezas que se forman tras la digestión, favoreciendo no sólo al sistema digestivo sino al organismo en general. Funciona muy bien en casos de estreñimiento, diarrea y colitis, y su consumo en crudo durante un par de días es suficiente para regular las deposiciones. Además, al nutrir y fortalecer la sangre y contener hierro, fósforo y otros minerales es muy útil en casos de anemia.

Eso sí, a pesar de sus muchas propiedades deberán evitar su consumo quienes padezcan acidez estomacal, tengan el estómago delicado o sean propensos a sufrir flatulencia o meteorismo.

Como ya se ha mencionado, su contenido en compuestos azufrados hacen de la cebolla uno de los remedios naturales más eficaces para combatir procesos infecciosos ya sean del aparato respiratorio o del digestivo merced a sus aceites esenciales, especialmente el disulfuro de alilpropilo, de conocidas propiedades bactericidas en especial sobre estreptococos y estafilococos, y fungicidas, aunque también ayuda a eliminar muchos virus o a evitar su desarrollo, como ocurre en el caso del herpes. Por otra parte, aumenta la producción de glóbulos rojos y blancos, lo cual hace que se eleve la eficacia defensiva de nuestro organismo.

La cebolla tiene propiedades diuréticas que la hacen muy apropiada para las personas con tendencia a retener líquidos, ya que facilita la actividad excretora de los riñones y aumenta la secreción urinaria. Por eso se considera muy adecuado su consumo en casos de reumatismo, gota, cálculos renales, hipertensión, hidropesía, edemas, problemas de vejiga o de próstata, etc. Tiene además, un claro efecto alcalinizante del organismo.

Estudios recientes parecen asociar el consumo de cebolla, muy rica en antioxidantes, con la inhibición del cáncer. Concretamente los compuestos azufrados podrían evitar la aparición de células cancerosas en el estómago. También la quercetina parece resultar útil en la prevención del cáncer por sus efectos antioxidantes. Y ese mismo papel jugaría el selenio que contiene, ya que este material ha demostrado poseer propiedades anticancerígenas. Además, las estadísticas que arrojan distintos estudios muestran resultados inapelables: quienes consumen abundante ajo y cebolla tienen menos riesgo de desarrollar cáncer de piel, estómago, hígado, colon, mama, pulmones y cuello de útero. Y los afectados de leucemia también se benefician de su consumo porque hace aumentar los niveles de glóbulos rojos y blancos en el torrente sanguíneo.

La quercetina es eficaz para disminuir las reacciones alérgicas. Además, los efectos de la cebolla sobre el asma están bien documentados y su riqueza en tiosulfinatos alivia la constricción de los bronquios y facilita la expectoración de las mucosidades bronquiales.

Si nos preparamos el jugo de 1 cebolla junto con el jugo de 1 limón y 2 cucharadas de miel y lo tomamos caliente nos ayudará a recuperarnos.

Además es un buen febrífugo, y por todo ello, se suele recomendar cortar una cebolla grande por la mitad y dejarla junto a la cama para notar alivio cuando tenemos resfríos, dificultad para respirar o mucha tos.

La cebolla es emenagoga, es decir, regula las menstruaciones y tiene una notable acción benéfica sobre la flebitis puerperal. Evita asimismo la formación de coágulos en la sangre lo cual la convierte en un alimento recomendable para las mujeres que toman anticonceptivos.

Por su contenido en fósforo, azufre y vitaminas del complejo B, se recomienda consumir mucha cebolla a quienes estén atravesando por períodos de depresión, agotamiento nervioso o insomnio.

Según menciona Juan T. Copan en el libro antes mencionado, la cebolla coadyuva en la impotencia masculina por su capacidad como reconstituyente sanguíneo ayudando a que la irrigación del pene sea mejor, de ahí que se la considere afrodisíaca.

Los compuestos azufrados de la cebolla están especialmente indicados para mantener una piel sana. Asimismo, se emplea en forma tópica para disminuir las arrugas de la cara, eliminar el acné, estimular el folículo piloso, eliminar la caspa, conservar el cabello, desinfectar heridas y mordeduras o picaduras de animales, etc.

Propiedades medicinales de la cebolla

Uso interno

 Circulación: La presencia de aliína, aunque en menor cantidad que en el ajo, la hace muy importante en otorgar a esta planta propiedades antitrombóticas (No formación de coágulos en la sangre) por lo que resulta muy adecuada para fluidificar la circulación sanguínea y evitar o luchar contra las enfermedades circulatorias siguientes: arteriosclerosis, colesterol, hipertensión, angina de pecho y otras relacionadas con una mala circulación como las hemorroides. (Macerar 300 gr. de cebolla en un litro de agua durante 12 horas. Tomar tres vasos al día).

Diurético: Favorece la eliminación de líquidos corporales, siendo muy adecuada en casos de reumatismo, gota, hidropesía, edemas, y vejiga. (3 copitas al día de la maceración de 50 gr. de cebolla machacada en un litro de vino).

 Bactericida: Por su contenido en compuestos ricos en azufre, es, junto con el ajo, uno de los mejores remedios naturales para combatir procesos infecciosos del aparato respiratorio (gripe, bronquitis, faringitis, etc…) y digestivo, putrefacciones intestinales, diarrea, etc…) (Vahos de cebolla en agua hirviendo).

Jarabe de cebolla: Decocción durante una hora de la misma cantidad de cebolla que de agua. A la preparación resultante, se le añade 1/5 parte de miel y 1/3 de azúcar. Remover hasta que tenga una buena consistencia y tomar tres tazas al día.

La cebolla mezclada con miel a partes iguales aclara la voz y soluciona el problema de la ronquera. (Beber 3 cucharadas diarias del jugo de la mezcla de cebolla con miel).

 Osteoporosis: Estudios realizados sobre ratones, parecen demostrar, según investigaciones realizadas en Suiza, cómo la ingesta diaria de este alimento favorece el desarrollo del tejido óseo, disminuyendo en un 20 % la osteoporosis.

Dolores reumáticos y neurálgicos: Se debe aplicar fricciones de jugo de cebolla, en paños o bien en cataplasmas calientes sobre las partes afectadas.

Casos de histerismo: Se debe colocar, bajo la nariz, jugo de cebolla, ya que su penetrante olor ayuda al recobro.

Hemorragia nasal: Se corta la cebolla por el medio y se coloca sobre la nuca y el otro medio  se hace respirar.

Fatigas: Se come las cebollas asadas por las mañanas en ayunas y antes de dormir.

Para expulsar las lombrices de los niños: Se corta una cebolla grande en varias partes, se deja que se remoje en una taza de agua durante una noche y se toma el líquido en ayunas.

Zumbidos de los oídos y  sordera reciente: Se empapa un algodón en el jugo de la cebolla y se introduce ligeramente en las orejas.  Para calmar los fuertes dolores de los oídos, se asa un pedazo de cebolla y se extrae unas cuantas gotas que son introducidas en el oído cuando el líquido esté fresco.

Insomnio: Se prepara un platito de ensalada de cebolla con aceite, limón y poca sal, se come durante la cena y provoca un sueño profundo y reparador.

Cólicos menstruales y síndrome premenstrual: se recomienda hervir 250 g de cebolla en 1 litro de leche durante 15 minutos, dejar reposar y beber un vaso cada tres horas. También se puede aplicar una cataplasma en la zona dolorida para calmarla.

Migrañas: se recomienda aplicar cataplasmas de cebolla cruda en la frente y sienes.

Tos crónica, tos convulsa (tos ferina), bronquitis y asma bronquial #1: Se pica una o dos cebollas grandes, se mezclan con bastante azúcar en un plato, se deja durante la noche y en la mañana se toma por cucharadas cada 3 horas este jarabe. Otra forma de prevenir principalmente la tos nocturna es dejar en un plato durante la noche cerca de la cama una cebolla cortada por la mitad. Sus vapores y aromas actuarán de forma suavizante, calmando la garganta.

Tos #2: Descascarar 4 dientes de ajo, extraer el jugo de 1 limón y picar media cebolla. Batir los ingredientes en la licuadora, con un vaso de agua. Añadir tres cucharadas de miel. Colar y verter en un recipiente de vidrio oscuro. Tomar una cucharada tres veces al día. Conservar en el refrigerador.

Uso externo

 Picaduras de insectos: Sus propiedades bactericidas la convierten en un buen desinfectante contra las mordeduras o picaduras de animales, especialmente de insectos. (Mojar la zona afectada con el líquido de una cebolla fresca machacada).

 Verrugas: Las verrugas pueden eliminarse si diariamente aplicamos dos o tres veces un emplasto con el jugo de una cebolla machacada en vinagre.

 Loción capilar: Además de estimular el folículo piloso, el azufre, elimina la caspa y ayuda a conservar el cabello. La quercetina tiene su papel en este sentido. Extraer el jugo de una cebolla cruda y aplicarlo una o dos veces seguidas, sobre el rostro, masajeándolo hasta que lo absorba totalmente. Este procedimiento embellece nuestro rostro. No desaprovechemos esta oportunidad ya que es fácil, rápida, económica e inofensiva

 Sabañones: Para eliminar la picazón, muy habitual en la presencia de sabañones, así como por su riqueza en aliína, uno de los mejores antibióticos naturales, la utilización de la cebolla cruda puede resultar muy adecuada. (Restregar una cebolla cruda sobre los sabañones).

 En el cabello: Si quieres que el pelo te crezca rápidamente y que además luzca brillante y saludable, tenemos el remedio para ti. Sólo tienes que cortar una cebolla en varias porciones e introducirla en el frasco de champú que usas normalmente. Déjalo reposar durante unos 15 días y después aplícatelo con cada lavado. No te preocupes si cuando tienes el pelo mojado te huele a cebolla porque cuando se seca el olor desaparece.

Quemaduras: se ralla la cebolla, se extrae el jugo, este líquido se  mezcla con grasa de gallina lo que forma así un excelente ungüento, el que se aplica directamente en las partes afectadas.

Furúnculos: se  hierve una cebolla blanca.  Luego se parte y se aplica caliente sobre éstos.

Manchas de la cara: Se hace remojar la cebolla en vinagre durante 4 o 5 días.  Luego se toma este líquido y se aplica sobre las manchas en forma de loción.

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