CEREZA

Los cerezos (Prunus avium) son árboles de la familia de las rosáceas que crecen principalmente en las zonas templadas del hemisferio norte. Pertenecen al género prunus, dentro del cual tenemos otros árboles muy conocidos como el almendro (Prunus dulcis); el duraznero (Prunus persica); los damascos (Prunus armeniaca) o los ciruelos (Prunus domestica). También tenemos arbustos como el endrino (Prunus spinosa).

Dentro de los cerezos, las dos especies más conocidas en Europa y oeste de Asia son el cerezo dulce o cerezo silvestre (Prunus avium) y el cerezo ácido o guindo (Prunus cerasus). De uno y otro proceden la mayoría de las variedades cultivadas en la actualidad.

El cerezo ácido procede de Macedonia y Asia Menor, aunque se ha naturalizado en muchos lugares de Europa. Este árbol se diferencia del anterior por tener el tronco menos definido, más corto y provisto de nudos, las ramas más delgadas y colgantes y la copa desaliñada. Produce frutos más pequeños, de color más oscuro, y sabor más ácido. Las guindas aguantan menos que las cerezas una vez recogidas del árbol. Los árboles no suelen pasar de los 7 metros.

El cerezo dulce es un árbol más alto que puede alcanzar los 20 m, con el tronco muy bien definido y la copa formada de ramas extendidas que le proporcionan un aspecto más elegante. Sus hojas son bastante más largas, ya que suelen medir entre los 6 y los 15 cm de longitud, mientras que en el guindo suele ser de 5 a 8. En el cerezo dulce se van estrechando poco a poco hacia el ápice y suelen ser de color verde claro y mate, mientras que en el guindo se estrechan bruscamente en el ápice y son de un color verde oscuro brillante. El fruto es una drupa de color rojo negruzco, más o menos claro, o excepcionalmente amarillo. Es globosa o ligeramente oblonga; el carozo es esférico y liso. Madura tempranamente en el año; de sabor ligeramente ácido, es apreciadísimo fresco y en conserva.

 

Herodoto, el historiador griego, menciona este árbol por vez primera cuando describe cómo vivían unos habitantes de Scythia en lo que se supone que debía ser un cerezo.

Parece ser que el cerezo, según el científico y escritor latino Plinio, como árbol cultivado, tiene su origen en Asia desde donde fue traído a Roma por Lúculo, un general romano, después de vencer a Mitriades, rey de Ponto, en el año 65 D.C. Los romanos extendieron su cultivo en todo el Mediterráneo.

Muchas especies de cerezos asiáticos son cultivadas como plantas de jardinería, siendo especialmente destacable la importancia que le dan los japoneses a este árbol, del cual admiran sobre todo sus flores. En Japón se celebra anualmente la fiesta de “La contemplación de los cerezos en flor “, que ellos llaman el ” Hanami”.

El cerezo ha sido siempre un árbol muy importante en la cultura japonesa. Antiguamente se consideraba un árbol sagrado donde habitaban sus dioses. No es de extrañar que el cerezo en flor forme parte habitual de la literatura, la pintura, lo bailes y otras formas de representación gráfica.

Lo cierto es que desde tiempos inmemoriales el cerezo ha estado relacionado con dioses y divinidades. En la mitología romana se relacionaba con Venus, la diosa del amor, con el Sol y con el verano. Se consideraba un símbolo de la inocencia. La relación de este fruto con el amor se aprecia en muchas culturas centroeuropeas donde desde tiempos antiguos existe la costumbre de predecir el destino de una doncella en los años futuros mediante los carozos de las cerezas recién comidas. Las jóvenes se preguntan cuándo se casarán. Van cogiendo un carozo tras otro a medida que se contestan “este año, el año próximo, alguna vez, nunca”. El último carozo escogido determina la respuesta. Independientemente de la fiesta del Hanami, en las bodas japonesas los novios beben una infusión de flores de cerezo para que les de buena suerte en el futuro.

Otras veces este árbol se ha relacionado con lo oscuro y mágico. Los hechiceros y brujas de la Edad Media utilizaban una rama de cerezo para realizar sus conjuros. Recetaban el jugo de cereza como afrodisíaco o como remedios para las dolencias del periodo.

El cerezo se cultiva fundamentalmente para la producción de sus frutos, las cerezas. Pueden comerse frescas o en diferentes platos. Se conservan en mermelada o confitadas. De la cereza también se obtienen diferentes licores como el “Kirsch” o el “Marrasquino”, vinos como el Acachul mejicano o el vinagre de cereza, bastante habitual en la China.

Los pedúnculos de los frutos y las hojas se utilizan en fitoterapia por sus propiedades diuréticas.

No hay que despreciar la madera del cerezo que tiene mucha calidad para ebanistería, tornería y para la producción de instrumentos musicales. Al ser de crecimiento rápido se obtiene una buena producción en poco tiempo.

Aunque en su composición no destaca ningún nutriente en especial, los contiene todos en pequeñas cantidades (excepto la vitamina B12).

De su 14% de azúcares, el más importante es la fructosa.

Las grasas y las proteínas están presentes en un porcentaje realmente bajo (1%).

Vitaminas: Contiene pequeñas cantidades de vitaminas A, B, C y E.

Minerales: Gran variedad de minerales y oligoelementos, entre los que destacan el calcio, fósforo, magnesio, hierro, sodio, potasio, cobre, zinc y manganeso.

Pero lo más significativo de las cerezas y al que se le deben sus propiedades dietoterápicas, son los elementos no nutritivos:

Flavonoides: Que le otorgan propiedades diuréticas, antioxidantes y anticancerígenas.

Ácido salicílico: De acción antiinflamatoria y antirreumática.

Propiedades alimentarias de la cereza

Es considerada una buena fuente de vitamina C y bioflavonoides, lo que la convierte ya de por sí en un excelente antioxidante. Pero lo que realmente la distingue como un alimento protector contra el cáncer es su contenido de ácido elágico, una sustancia que inhibe la reproducción de células cancerígenas.

Las cerezas negras contienen más hierro, magnesio y potasio que las otras variedades más claras, pero todas son una buena fuente de silicio y de provitamina A (beta-caroteno).

Consumir la pulpa o el jugo del pequeño fruto puede resultar de gran beneficio para la salud de las personas, especialmente de las que están afectadas por la artritis. A través de tratamientos específicos puede resultar un importante antioxidante y puede ser utilizada para retrasar el envejecimiento.

Los pacientes que más pueden beneficiarse de las cerezas son los que sufren un exceso de ácido úrico que inflama y deforma las articulaciones. Este tipo de artritis, afecta principalmente a personas mayores y cuyos hígados, en determinadas circunstancias (exceso de carne en la alimentación, por ejemplo), generan demasiado ácido úrico y no son capaces de eliminarlo.

Que las cerezas ayudan a eliminar el ácido úrico es sabido desde hace siglos por los nutricionistas, lo que le ha proporcionado un prestigio como alimento depurativo. El gran botánico sueco Linneo se curaba sus ataques de ácido úrico con cerezas.

La dosis que resulta eficaz quedó registrada en un estudio de 1950: comer entre 15 y 25 cerezas diarias o beber su jugo reduce los niveles de ácido úrico en la sangre y previene eficazmente los ataques. Desde entonces se han publicado muchos estudios que ratifican la eficacia del tratamiento.

La fibra y el potasio (210 mg por cada 100 g) de las cerezas favorecen la circulación intestinal y la eliminación de líquidos, lo que asegura el drenaje del sistema urinario y digestivo. Por la misma razón previenen la formación de cálculos renales y biliares.

La capacidad depurativa de las cerezas justifica que se utilicen para efectuar curas desintoxicantes. Estas pueden ser más o menos rigurosas: desde una minicura que consiste en desayunar únicamente cerezas (empieza con 100 gr. y día a día se aumenta la ración hasta 500 gr, en tres tomas a lo largo de la mañana), hasta una cura exclusiva, que consiste en comer sólo cerezas durante tres o cuatro días, a razón de dos o más kilos diarios.

La cereza se ha considerado desde siempre como una de las mejores frutas para depurar el organismo y liberarlo de toxinas. Las propiedades depurativas de este alimento provienen especialmente de su riqueza en antocianinas. Las antocianinas son pigmentos de color morado que pertenecen al grupo de los flavonoides. Éstos proporcionan los colores a muchas frutas. En el caso de las cerezas son los responsables del color rojo-morado tan llamativo.

Las antocianinas, como el resto de flavonoides, poseen propiedades antioxidantes muy destacadas, capaces de neutralizar los radicales libres que son los principales responsables de la aparición de muchas enfermedades degenerativas como la artritis, el cáncer o el Alzheimer. Hay que destacar la importancia de estos componentes en la prevención de las enfermedades cardiovasculares que se van adquiriendo con el proceso de envejecimiento. Este componente es capaz de proteger el corazón favoreciendo la circulación. Entre sus funciones principales también se encuentra la protección de los capilares de la retina, por lo que desempeña un papel fundamental en la conservación de la vista.

No menos importante resulta la acción de las antocianinas, combinadas con la vitamina C y los aminoácidos, en la prevención del envejecimiento de la piel y del cuidado de las uñas y el cabello. Estos componentes tienen la capacidad de neutralizar la acción de los radicales libres sobre el las células de la piel, de manera que nos protegen de la aparición de arrugas, manchas, flaccidez y otras anomalías de este órgano y nos ayudan a mantener un aspecto más joven.

Las antocianinas de las cerezas son capaces de inhibir las ciclooxigenasas, acción que define su poder antioxidante, con más eficacia que la vitamina E.

También el jugo de cerezas contiene poderosas virtudes antioxidantes y antienvejecimiento, porque tiene 10 veces más melatonina que la fruta entera.

La melatonina es una hormona segregada por la glándula pineal durante la noche, que está implicada en la regulación del sueño y la temperatura corporal. También es un potente antioxidante y algunos expertos consideran que, tomada en forma de suplemento, es la sustancia más eficaz que existe para retrasar el envejecimiento.

Consumir cerezas puede ser una manera de obtener una dosis extra de melatonina, sin riesgos, sobre todo en el jugo.

Estudios realizados en la Universidad de Arizona por el equipo de la doctora Cinthya Thomson sobre la composición de esta fruta demostraron que la capacidad antioxidante de la cereza se debe a su alto contenido en antocianinas, con un contenido muy superior a otras frutas que tienen una gran reputación de contener este mismo principio. Las cerezas contienen unos 82 mg por taza, las más ricas, superando a las ciruelas (12 mg por taza), las frambuesas (38,7mg por taza) y a las uvas negras (44,9 mg por taza).

Además de las antocianinas, estos estudios demostraron que las cerezas eran muy ricas en otros componentes antioxidantes como la quercetina, la melatonina y otros fitoquímicos. Destacaban la gran riqueza en componentes de esta fruta comparado con el poco poder calórico que proporciona y recomendaban que fuese incluida en la dieta habitual como uno de los mejores alimentos depurativos y antioxidantes.

De hecho la cereza figura en la lista del Departamento de Alimentación de Estados Unidos como uno de los alimentos con más poder antioxidante.

Según la mayoría de los especialistas en alimentación, consumir unos 200 gr diarios de cerezas puede ayudar a prevenir o mejorar muchas enfermedades. Igualmente importante resulta su ingestión para mantener un aspecto joven y saludable.

La capacidad depurativa de los antioxidantes combinada con su riqueza en agua, que supera el 80 %, su carencia de grasa y su elevado contenido en potasio, un mineral muy adecuado para solucionar la retención de líquidos, combinado con la falta de sodio la hace ideal en las dietas depurativas. Igualmente le ayuda en este sentido su elevado contenido en vitamina C, uno de los principales antioxidantes. Bien conocida resulta la dieta de cerezas que consiste en beber de 1 a 2 litros diarios de jugo de cereza durante 3 días.

Estas dietas depuran el organismo, liberándolo de toxinas y de ácido úrico y ayudando a quitar grasa del organismo, por lo que se utiliza a veces como recurso para perder peso en las dietas de adelgazamiento.

Por otra parte, dada la riqueza de esta fruta en hierro, calcio y zinc, ayudará a prevenir o combatir la anemia ferropénica (anemia por falta de hierro), la osteoporosis o debilitamiento óseo y otros problemas en la formación de los huesos o los dientes. Por todo ello se recomienda comer cerezas a las mujeres que han llegado a la menopausia, periodo en el cual suelen aparecer muchas de estas anomalías.

No menos importante resulta, en este sentido, su inclusión habitual en la alimentación de los niños por lo que se refiere a su crecimiento o a la salud de sus dientes.

Hay que tener bien presente que las dietas muy rigurosas y exclusivas de cerezas no deben aplicarse con niños o ancianos. Su uso tampoco resulta adecuado para las personas con problemas de insuficiencia renal o hepática.

Las cerezas se han prohibido tradicionalmente en la dieta de las personas con diabetes. Se ha aludido que son muy ricas en azúcar y, por lo tanto, las personas con esta enfermedad no deberían comerlas.

Las cerezas, como el resto de las frutas frescas, contienen abundantes hidratos de carbono aunque, como la mayoría de las frutas frescas deben figurar, de una manera moderada, en la alimentación diaria de los diabéticos. Sin embargo, por su papel protector de la vista no pueden faltar en la dieta para la diabetes (en raciones adecuadas).

Las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años parecen defender más sus ventajas que sus inconvenientes en la dieta del paciente diabético. Un estudio llevado a cabo en el Centro Cardiovascular de la Universidad de Michigan por un equipo médico dirigido por Seymour y Bolling, realizado sobre ratones obesos, llegó a la conclusión que los animales que se alimentaban de cerezas ácidas presentaron al final de este experimento niveles más bajos de azúcar en la sangre y un índice menor de grasa corporal, colesterol y triglicéridos. Estos investigadores creen que las antocianinas son las responsables de producir estos cambios. No se sabe todavía si estas propiedades resultarían aplicables a los humanos, aunque tienen intención de realizar estudios en personas próximamente.

Comer cerezas de una manera moderada resulta adecuado para los diabéticos teniendo en cuenta que este alimento posee uno de los índices glucémicos más bajos de todas las frutas. Su índice de glucemia es 22. El índice de glucemia es el que marca la velocidad con la cual el azúcar se vierte en el torrente sanguíneo. Así, por ejemplo, el alimento que tiene un mayor incide glucémico es el azúcar o glucosa al que le corresponde un índice de 100, se considera bajo hasta 50.

Propiedades medicinales de la cereza

Uso interno

Diurético: Estimula la eliminación de orina, por lo que resulta adecuado en aquellos casos en que haya que estimular a los riñones para aumentar la micción, en enfermedades como: obesidad, retención de líquidos o edemas (acumulación de líquidos en el cuerpo con hinchazón de los tejidos), inflamación de los riñones (nefritis), insuficiencia renal, etc.

Existen fundamentalmente dos tipos de tratamientos

Decocción de los pedúnculos florales o del fruto seco: Hervir durante 10 o 12 minutos 40 gr. de pedúnculos después de haberlos dejado macerar en agua 6 o 7 horas. Después de filtrar el preparado tomar tres tacitas al día, después de las principales comidas. Es un tratamiento que tiene un gran poder diurético y tiene que utilizarse con prudencia en aquellas personas que tengan problemas de hipotensión (con una tensión baja el uso de este tratamiento puede conllevar a que esta baje demasiado). Infusión de pedúnculos: Realizar una infusión de una cucharada de pedúnculos por taza de agua, durante 5 minutos. Enfriar y tomar tres tazas al día después de las principales comidas.

Antirreumático: Por su capacidad de diuresis se utiliza para ayudar en el tratamiento de enfermedades reumáticas: gota, artritis, reuma, etc. (El mismo tratamiento visto anteriormente).

Aparato circulatorio: Fluidifica la sangre y mejora la circulación, por lo que resulta muy adecuado para el tratamiento de enfermedades relacionadas con una circulación deficiente: várices, hemorroides, presión ocular, etc.

Emenagoga: Las decocciones de las sumidades florales resultan muy adecuadas para favorecer la menstruación, aliviando los dolores propios del síndrome premenstrual (Hervir una cucharada de sumidades florales por vaso de agua durante 10 minutos. Dejar enfriar y tomar un par de vasos al día).

Cardiotónico: Tiene propiedades cardiotónicas, haciendo que el músculo cardíaco se contraiga con mayor fuerza por lo que se ha utilizado en casos de debilidad cardíaca leve, que no requieren el uso de las digitales. (Digitalis sp.)

Uso externo

Enfermedades de la piel: La preparación de decocciones más ligeras que la vista anteriormente ejercen un poder curativo sobre la piel, eliminando granos, espinillas y otras impurezas y favoreciendo la cicatrización de las heridas. (Hervir unos 80 gr. de pedúnculos secos en un litro de agua. Enfriar y aplicar con una gasa sobre la superficie afectada).

Los carozos de las cerezas contienen en su interior las semillas. Las semillas de las cerezas, como la mayoría de las semillas de las rosáceas, son ricas en glucósidos cianogenéticos, componentes que desprenden cianuro cuando se ingieren. Resulta prácticamente imposible acceder a la semilla si no rompemos el carozo que la protege, por lo que, aunque traguemos alguno de ellos, este se libra entero con las heces. No obstante conviene advertir a los niños que no rompan los carozos para conseguir las semillas porque son tóxicas y que es mejor no tragar los carozos porque podrían resultar indigestos.

El aguardiente de cerezas o “Kirsch”

Otra cuestión diferente la constituye los preparados alcohólicos con estos frutos. En Alemania se prepara el “Kirsch”. Su nombre procede del alemán “Kirsche”, que significa cereza. El auténtico “Kirsh” se elabora con las cerezas del cerezo negro silvestre centroeuropeo, aunque se puede obtener por fermentación del jugo de cereza del cerezo dulce (Prunus avium) o ácido (Prunus cerasus). Se trata de una bebida alcohólica muy aromática que se puede beber sola o con otros licores en cócteles, para aromatizar tartas, etc. La destilación destruye los componentes tóxicos, por lo que, fabricada de esta manera no presenta más toxicidad que la propia de cualquier bebida alcohólica.

Antiguamente se confeccionaba exclusivamente con el cerezo ácido y se incluía en su fabricación el carozo triturado. Por lo tanto la semilla incluida en este producto producía la disolución de los glucósidos cianogenéticos, los cuales en cantidades pequeñas, como aromatizantes, pueden no resultar dañinos, pero en cantidades más elevadas pueden ser tóxicos.

Desafortunadamente, existen en la actualidad en Internet numerosas recetas de cómo preparar “Kirsch” casero que deberían desestimarse porque incluyen en su preparación los carozos de la cereza machacados y macerados en alcohol durante dos o tres semanas.

Licor de marrasquino

El marrasquino es un licor que se obtiene por destilación de las cereras de Marasca (Prunus cerasus var. marasca) un tipo de cerezo ácido que crece en el norte de Italia, Croacia, Bosnia Herzegovina y Eslovenia. En su uso se utilizan los carozos triturados que son los que le proporcionan su olor típico a almendras. Para que resulte más dulce se le añade azúcar o miel. Deben evitarse los preparados caseros que pueden contener dosis superiores a lo permitido y resultar tóxicos.

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