CIRUELA

La ciruelas son los frutos de los ciruelos (Prunus subg. Prunus), árboles pertenecientes a la familia de las rosáceas, en la que se encuentran otras plantas tan conocidas como el almendro (Prunus dulcis), el duraznero (Prunus persica), el endrino (Prunus espinosa), el damasco (Prunus armeniaca) o el cerezo (Prunus avium).

El origen de la ciruela parece remontarse a las zonas del Cáucaso, Anatolia (área de la actual Turquía) y Persia (actual Irán). A través de los escritos de historiadores griegos y romanos sabemos que esta fruta era tratada como salvaje por los primeros y que los segundos ya conocían diferentes variedades.

Tres de los cultivos más abundantes no se encuentran en la naturaleza, sólo alrededor de los asentamientos humanos: Prunus domestica se ha remontado a Europa del Este y montañas del Cáucaso, mientras que Prunus salicina y Prunus simonii se originaron en Asia.

Se han encontrado restos de la edad neolítica en sitios arqueológicos, junto con las aceitunas, las uvas y los higos.

Aunque se conoce desde la antigüedad, su consumo no alcanzó popularidad hasta llegar la Edad Media.

En este sentido, Carlomagno, en el año 812, hizo plantar ciruelos de diversas especies en sus propiedades imperiales. En la actualidad se cultiva en mucha regiones de Europa.

El género Prunus comprende unas 200 especies, muchas de ellas, como las anteriores, se cultivan por sus frutos comestibles; otras se utilizan como plantas de jardín, como el cerezo de Virginia (Prunus virginiana) o el cerezo negro de Virginia (Prunus serotina) que aparecen plantados lejos de su lugar de origen como árboles ornamentales en numerosas calles o jardines.

Tipos de ciruelos

Ciruelo europeo (Prunus domestica L.): El ciruelo más conocido es el ciruelo europeo. Es un árbol de hoja perenne que puede llegar hasta los 10 m de altura. Tronco recto de corteza marrón oscura, con ramitas a veces cubiertas de unas pocas espinas en las especies silvestres. Hojas dentadas de hasta 8 cm de longitud, con el envés cubierto de pelos y el haz liso, unidas a las ramas mediante peciolos pegajosos. Las flores aparecen reunidas en grupos de 2- 3 o solitarias. El fruto es una drupa redondeada de unos 3 o 4 cm de diámetro de color muy variado que puede oscilar del amarillo al negro azulado. En su interior presenta un carozo de forma plana y rugosa. Se encuentra en estado silvestre como una planta naturalizada en cercos o malezas, aunque, más frecuentemente, aparece cultivada en la mayor parte de Europa excepto en el norte, donde no aguanta los fríos.

Florece antes de desarrollar las hojas a principios de primavera. El ciruelo europeo es un árbol procedente del sur de Europa y oeste de Asia. Algunos investigadores piensan que apareció por vez primera en el Cáucaso, junto al mar Caspio, desde donde se extendió a todas las regiones del mundo. Parece ser que este árbol se desarrolló como un híbrido entre el endrino y el ciruelo-cerezo (Prunus cerasifera).

Ciruelo japonés (Prunus salicina Lindl): Aunque su nombre hace referencia al Japón, es originaria de la China, donde se puede encontrar en estado silvestre junto a los bosques o el margen de los ríos o cultivado entre los 200 y 2500 metros de altura. El ciruelo japonés florece antes que el europeo, motivo por el cual se suele utilizar en zonas más cálidas. A partir de esta especie, por hibridación con los ciruelos americanos, se han desarrollado numerosas variedades de árboles que producen ciruelas muy grandes y de mucha calidad, al mismo tiempo que los árboles son más resistentes a las plagas. Producen las ciruelas preferidas en el mercado actualmente por su tamaño y por su textura, mucho más dura que las variedades europeas.

Ciruelo de damasco, ciruelo damasceno (Prunus insititia L.): Originario de Damasco, este árbol de hoja caduca puede llegar hasta los 6 metros de altura. Podemos encontrarlo en estado silvestre en lugares que presenten un terreno húmedo, junto a ríos y arroyos.

Existen diferentes clases de ciruelas. Entre todas ellas tenemos algunas muy conocidas:

Variedades procedentes de las especies europeas: se caracterizan por tener formas alargadas, colores azulados o púrpura y carne amarilla. El carozo en estas ciruelas se separa con facilidad. Suelen destinarse a la producción de ciruelas secas aunque hay algunas que también se comen frescas. Sin embargo, por su aroma y sabor no igualan a las ciruelas japonesas, de ahí que, en la mayoría de las ocasiones se destinen a producir mermeladas, a ser convertidas en ciruelas pasas o a acompañar a los guisos.

Ciruelas Dansom, ciruela de Damasco o ciruela damascena: Obtenida a partir del ciruelo de damasco, fue ya utilizada desde la antigüedad para producir tintes púrpura, obtenidos a partir de la piel. Se caracteriza por su forma ovalada terminada en punta en uno de los lados y su tamaño más pequeño que la mayoría de las ciruelas. Su sabor es muy áspero, por lo que no se come como fruta fresca sino que se utiliza fundamentalmente para la elaboración de tartas o mermeladas.

Ciruelas claudias: De tamaño pequeño y de color amarillo verdoso, las ciruelas claudias se caracterizan por su elevada dulzura, debido a la gran cantidad de azúcares que poseen. Es una ciruela utilizada para hacer confituras de mucha calidad y para la mesa. Sin embargo, su presentación no suele ser tan buena como las ciruelas “más modernas” dado que suele aguantar muy poco y rápidamente se abre. Por este motivo, es una variedad que se produce cada vez menos. Además, su época de utilización es muy breve.

El principal componente de las ciruelas es el agua, seguido de los hidratos de carbono, entre los que destaca la presencia de sorbitol, de leve acción laxante.

El aporte de vitaminas no es relevante, aunque destaca su contenido moderado en provitamina A (más abundante en las de color oscuro) y vitamina E (interviene en la estabilidad de las células sanguíneas y en la fertilidad), ambas de acción antioxidante.

En lo que se refiere a su contenido de minerales, son ricas en potasio.

Se caracterizan por poseer antocianas (pigmentos de acción antioxidante y antiséptica) y ácido málico. Este ácido orgánico forma parte del pigmento vegetal que proporciona sabor a la fruta.

Así mismo, su abundancia de fibra y otros componentes laxantes (sorbitol y derivados de la hifroxifenilxantina), mejora el tránsito intestinal.

Sin embargo, en su composición dos componentes no nutritivos son los que destacan:

Fibra vegetal: Ésta es de tipo soluble que suaviza y protege las paredes intestinales; compuesta mayormente por pectina, un hidrato de carbono complejo que absorbe el agua del intestino, aumentando así el volumen de las heces y favoreciendo su evacuación. De esta forma absorbe el colesterol y las sales biliares del intestino ayudando en su eliminación a través de las heces.

Dihidroxifenilisatina: Esta sustancia tiene como función estimular los movimientos peristálticos del intestino, facilitando el tránsito de las heces en su interior.

Propiedades alimentarias de la ciruela

A las ciruelas se les ha considerado como un elixir natural para el mantenimiento de la juventud. Tradicionalmente se comían ciruelas porque se sabía que una dieta rica en este alimento ayudaba a mantener el organismo en buena forma, previniendo la aparición de muchas enfermedades de la vejez y manteniendo el aspecto del cuerpo en buen estado. La razón de este pensamiento se basa en el hecho de que este alimento es rico en vitamina E, un poderoso antioxidante, que neutraliza la acción de los radicales libres.

Comer ciruelas mantiene el aspecto de la piel más joven y ayuda a prevenir la aparición de la arrugas. Además de la vitamina E, contienen mucha vitamina A, en forma de betacarotenos que se encuentran en los pigmentos tan abundantes que posee esta fruta. La vitamina A es otro poderoso antioxidante que, entre otras funciones, protege del deterioro que el tiempo causa en el organismo: ayuda a evitar el cáncer, cuida de la piel, fortalece el sistema inmunitario y cuida de la salud de los ojos previniendo las pérdidas de visión.

Si a estas dos vitaminas, le sumamos su contenido en vitaminas del grupo B, que, entre otras funciones, ayuda a mantener la viveza mental durante más tiempo, a mantener los nervios en buenas condiciones (evitando los problemas de entumecimiento o falta de coordinación) o a regularizar el ritmo cardíaco, comprenderemos lo interesante que es comer estos frutos para mantener nuestra mente y nuestro cuerpo en buena forma a medida que pasan los años.

El abundante contenido en potasio y la ausencia de sodio, junto con el moderado poder calórico de las ciruelas frescas, convierte a este fruto en un buen aliado de las dietas de adelgazamiento y en aquellas situaciones en que se quiera mantener el peso. El potasio, muy abundante en esta fruta y su ausencia de sodio, contribuye a eliminar líquidos corporales y evita así el problema de la retención de líquidos, Perder líquidos retenidos no solamente es importante por una cuestión de estética en cuanto que disminuye la hinchazón y estiliza la silueta.

La acumulación de líquidos es algo muy habitual en ciertas situaciones como el paso de la edad, la menopausia, los problemas de insuficiencia renal o las enfermedades del hígado. Comer este alimento podría aliviar en parte las consecuencias de estas anomalías.

Las ciruelas poseen muy poca grasa y su poder calórico viene determinado por los hidratos de carbono que proporcionan una energía mucho más duradera, por lo que ayudan a solucionar la necesidad de “picar” algo de la mesa de tanto en tanto ya que mantienen la sensación de llenado durante más tiempo.

Las ciruelas frescas, por lo tanto, son adecuadas para evitar la obesidad y, al mismo tiempo, resultan tremendamente útiles como tentempié. Un par de buenas ciruelas en la merienda o entre comidas puede ser muy útil para que los escolares no coman otras chucherías a base de grasas poco recomendables y azúcares refinados que no aportan ningún valor nutritivo a su dieta. Las ciruelas proporcionan una energía saludable y duradera.

Las ciruelas son ricas en fibra, especialmente las ciruelas pasas o ciruelas secas, por lo que, además de evitar el estreñimiento, ayudan a vaciar los intestinos y contribuyen una vez más a mantener una buena silueta.

Se ha comprobado como la ingestión habitual de esta fruta ayuda a rebajar la tensión, prevenir el nerviosismo y mantener el cuerpo tranquilo. La ingestión de esta fruta en abundancia en los últimos días de marzo puede ayudar a prevenir los síntomas de la depresión de otoño, a ayudar a superar el estrés que supone la vuelta al trabajo después de las vacaciones de verano o a reforzar el ánimo y la concentración de los estudiantes que tienen que volver a clase a realizar las recuperaciones de las asignaturas que suspendieron. Durante esta época contamos en el mercado con variedades de ciruelas muy selectas y muy apetecibles.

Las ciruelas frescas constituyen uno de los mejores remedios para prevenir el estreñimiento. Esta propiedad les viene otorgada por su riqueza en fibras, especialmente pectina, fructosa y el azufre. Por una parte la gran cantidad de fibras aumenta el volumen de materia en el intestino grueso, lo que produce un aumento del peristaltismo o contracciones intestinales estimuladas por la presencia de tanta materia acumulada.

Todo ello provoca una defecación abundante y más habitual. Por otra parte, se ha comprobado como la fructosa y el azufre presentan propiedades laxantes. Las ciruelas frescas son laxantes muy eficaces.

A diferencia de otros laxantes con más popularidad, no crean el síntoma del “colon perezoso” que se caracteriza porque el intestino se acostumbra a defecar solamente cuando se le proporciona este laxante. Su efecto es suave y se nota a lo largo del tiempo. La mejor manera es comer este fruto de manera habitual, empezando poco a poco hasta que el intestino se acostumbre.

Para intestinos alterables y variables que producen muchos cambios en las deposiciones y se manifiestan habitualmente irritados se puede utilizar el jarabe de ciruela.

Este jarabe se puede comprar preparado en las farmacias o dietéticas pero se puede preparar utilizando el procedimiento siguiente:

Ingredientes:

200 g de alcohol – 100 gr de ciruelas – 1/2 kilo de azúcar -1 taza de agua (300 ml).

Preparación:

Limpiar bien las ciruelas y cortar a trozos. Verter el agua en una cacerola y, cuando se encuentre caliente antes de hervir, añadir el azúcar removiendo bien. Bajar la potencia del fuego para evitar que hierva y añadir las ciruelas. Remover todo bien. Apagar el fuego y dejar macerar durante 24 horas. Guardar a la heladera.

Tomar una cucharada de té por la mañana después del desayuno y otra por la noche después de la cena. Se puede tomar hasta que el vientre se encuentre bien.

Anemia: Por su elevado contenido en hierro la ingestión habitual de este alimento puede prevenir la aparición de la anemia o ayudar a su curación.

Aparato respiratorio: Las ciruelas tienen un efecto muy beneficioso para el aparato respiratorio. La ingestión de estos frutos ayuda a combatir la tos, favorecer la expulsión de las secreciones acumuladas en los pulmones y sedar el organismo. Ideal en casos de bronquitis.

Aparato digestivo: Además de sus propiedades laxantes, las ciruelas constituyen un buen remedio para facilitar la digestión.

Propiedades medicinales de la ciruela

Para el estreñimiento: Humedecer durante 12 horas de cinco a diez ciruelas pasas secas en medio vaso de agua.  Consumir las ciruelas en la noche y el agua en que se han reblandecido  a la mañana siguiente en ayunas.

Desintoxicante: Lavar un puñado de ciruelas y tres frutillas.  Partir y colocar en una licuadora en conjunto con un vaso de agua.  Licuar por unos instantes hasta obtener un jugo refrescante.  Tomar un vaso de este jugo por las mañanas dos veces por semana.

Para adelgazar: Lavar un pomelo, partir por la mitad y extraer su jugo. Lavar cinco ciruelas  y colocar en una licuadora junto con el jugo de pomelo y medio vaso de agua.  Licuar por unos instantes.  Tomar  un vaso a diario para facilitar la pérdida de peso.

Remedio energético: Licuar 1/2 taza de leche descremada, 1 cucharada de almendras fileteadas, 1/2 taza de zarzamoras y 5 ciruelas pasas sin carozo hasta que se integren perfectamente.  Tomar un vaso de este jugo cuando se sienta cansancio.

Las mejores ciruelas son las que se recogen frescas y maduras. Las que se dejan madurar en casa no son tan ricas en vitaminas. Lo mejor sería comer las ciruelas con piel, pues es aquí donde se hallan la mayoría de las vitaminas y ácidos grasos poliinsaturados. Sin embargo, por desgracia, muchas de las ciruelas que se venden en el mercado ofrecen pocas garantías de poderse comer la piel, al menos sin lavarla bien antes.

Ciruelas Pasas

Las ciruelas pasas son las ciruelas frescas sometidas a un proceso de secado. Estas ciruelas se pueden obtener a partir de un secado natural mediante la acción del sol. Este constituía el procedimiento tradicional más utilizado. Modernamente, las últimas técnicas de secado se realizan mediante la aplicación de calor en hornos artificiales lo que ha acelerado el proceso de secado y lo ha separado de la dependencia de los factores climáticos.

Todas las variedades de ciruelas pueden someterse al proceso de deshidratación pero hay algunas clases de ciruelas mucho más recomendadas que otras, siendo en la actualidad la más interesante la conocida como Petite d’Agen, una ciruela francesa que constituye la base de la producción del mayor exportador del mundo de ciruelas pasas, California.

La ciruela pasa, con respecto a la ciruela fresca, presenta esencialmente las mismas propiedades aunque aumentadas debido a que el proceso de secado supone una disminución de agua y una mayor concentración de la mayoría de los componentes. No debemos olvidar que la ciruela seca pierde hasta más de tres veces de peso al deshidratarla y convertirla en ciruela seca.

Al igual que las ciruelas frescas poseen muy poca grasa y su poder calórico viene determinado por los hidratos de carbono que proporcionan una energía mucho más aprovechable ya que se mantiene con más tiempo en el organismo. En este caso las ciruelas pasas contienen casi cinco veces más hidratos que las frescas por lo que constituyen auténticas reservas de energía con poco volumen.

Comer muchas ciruelas secas puede causar problemas de obesidad y flatulencia, pero un par de buenas ciruelas en la merienda o entre comidas puede ser muy útil para que los escolares, para los trabajadores que tienen que realizar grandes trabajos físico y, sobre todo, para los atletas que pueden obtener mucha energía con poco peso.

Para evitar problemas de gases intestinales, pesadez o retortijones intestinales en personas poco acostumbradas a comer ciruelas secas. Resulta muy conveniente empezar tomando pequeñas cantidades y aumentarlas progresivamente hasta que el cuerpo se acostumbre, lo que suele suceder, más o menos, al cabo de unos 20 o 25 días de habituación.

La ciruela pasa contiene más de 20 compuestos antioxidantes y constituye la fruta con un poder antioxidante mayor por su capacidad de neutralización de los radicales libres. A esta fruta le seguirían por orden de importancia en el “top 10 de frutas antioxidantes”: las uvas pasas, los arándanos, las moras, las frutillas, las ciruelas frescas, las naranjas, la uva negra, las cerezas, los kiwis y los pomelos. Como vemos el poder antioxidante de la ciruela pasa es superior a la fresca, que ocupan la sexta posición después de las frutillas.

La gran cantidad de potasio de la ciruela seca (el doble que la fresca) contribuye a eliminar líquidos corporales y evita así el problema de la retención de líquidos. La acumulación de líquidos es algo muy habitual en ciertas situaciones como el paso de la edad, la menopausia, los problemas de insuficiencia renal o las enfermedades del hígado. Comer este alimento podría aliviar en parte las consecuencias de estas anomalías. No obstante no se puede considerar a la ciruela, a pesar de su elevado poder calórico, que, a diferencia de las ciruelas frescas, no las hace muy recomendables en la dieta de la obesidad (100 g de ciruelas secas contienen 239 kcal) podríamos considerar que las ciruelas podrían sustituir a la carne en muchos preparados.

La ausencia de grasa, su riqueza en ácidos grasos y su elevado contenido en potasio resulta muy interesante para el tratamiento de la hipertensión.

Un buen recurso de la cocina tradicional ha sido utilizar las ciruelas en sus preparaciones, especialmente en tartas, como sustituto de la margarina o manteca. Con las ciruelas se puede formar una especie de puré que espesa estos preparados y, al mismo tiempo, no presenta las calorías de las grasas derivadas de la leche o de las grasas animales. Existen en el mercado preparados envasados con este tipo de puré que serían muy recomendables para aquellas personas que quieran preparar un pastel sin grasa.

Las ciruelas secas son casi cinco veces más ricas en fibra que las ciruelas frescas, lo que las hace particularmente interesantes en la dieta del estreñimiento, con la aplicación del famoso remedio de comer en el desayuno dos o tres ciruelas secas que se han dejado en remojo con agua durante toda la noche, así como beberse el agua de esta preparación. Particularmente interesante resulta el jugo de ciruela pasa que, por su elevado contenido en sorbitol y hidroxifenilisatina, constituye una autentica medicinal natural para curar el estreñimiento.

Con problemas de retención intestinal o diverticulitis, resulta de mucha ayuda comer ciruelas secas bien masticadas o beber el jugo de las mismas.

Experimentos llevados a cabo últimamente parecen sugerir la importancia de este fruto deshidratado en la inhibición del crecimiento de bacterias en la carne asada recalentada. Se ha comprobado como al guardar la carne asada para otra comida habitualmente se desarrollaban muchas bacterias. Cocinando la carne con ciruelas secas, impedía o frenaba el desarrollo de estas bacterias. De igual manera se vio como la adición de esta fruta en la comida precocinada neutralizaba las toxinas que se producen por la descomposición de los ácidos grasos insaturados principalmente en la carne de cerdo y de pollo, aumenta su sabor y suaviza su textura.

Jugo de Ciruelas

El jugo de ciruela fresca mantiene todas las propiedades de las ciruelas vistas anteriormente. Puede tomarse especialmente para combatir el estreñimiento, es ideal para dar energía a los jóvenes estudiantes o para fortalecer las defensas y la vitalidad de las personas mayores y mantener sus condiciones mentales y físicas en buen estado.

Especialmente interesante como diurético por su elevado contenido en magnesio, potasio, calcio, ácido ascórbico y ácido cafeico. Este hecho lo hace muy útil en ciertas anomalías como la obesidad, pero sobre todo, cuando hay una necesidad especial de eliminar toxinas del organismo tal como ocurre con la artritis o la gota.

El jugo de ciruelas se puede también obtener a partir de las ciruelas secas. Este jugo se ha considerado desde la antigüedad como un buen remedio contra el envejecimiento ya que, debido a sus poderes desintoxicantes, eliminaba la mayoría de toxinas causantes de la degradación del organismo.

La civilización china ha utilizado este jugo desde tiempos inmemoriales al tomarlo habitualmente en el desayuno. Los japoneses también son muy amantes de este jugo y lo toman como revitalizante de la piel. Dicen que proporciona más vitalidad y lozanía al cutis.

Tanto el jugo procedente de las ciruelas frescas, como el jugo obtenido a partir de las ciruelas secas, se puede comprar preparado en muchas dietéticas y farmacias, pero resulta ideal aquel que se prepara en casa a partir de ciruelas cultivadas en cultivos biológicos sin conservantes ni colorantes, pesticidas, insecticidas u otros aditivos añadidos para mejorar su aspecto.

Para preparar el jugo de ciruelas casero, tomaremos un kilo de ciruelas y, después de lavarlas bien, les quitaremos el carozo y las exprimiremos con la licuadora. Es mejor beber el jugo terminado de exprimir para que conserve todas sus vitaminas.

Resulta muy necesario quitar el carozo de la ciruela porque la semilla contiene venenos muy tóxicos. Al igual que las semillas de otras rosáceas como las almendras amargas, la semilla de los duraznos, de las cerezas, etc. contiene amigdalina un glucósido que se convierte en cianuro en contacto con los jugos digestivos. La ingestión resulta muy tóxica, de ahí que debamos descartar el carozo antes de licuar las ciruelas.

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