MANÍ

Los cacahuetes o maníes (Arachis hypogaea) son plantas de la familia de las papilionáceas a las cuales pertenecen otras plantas alimentarias como las lentejas, la soja o los garbanzos.

Aunque, botánicamente hablando, el maní o cacahuete es una leguminosa, desde el punto de vista alimentario, se considera que los maníes pertenecen al grupo de los frutos secos, al igual que, por ejemplo, las almendras, avellanas o nueces. La razón de esto se debe a que sus frutos no tienen pulpa y contienen las semillas o maníes dentro de una vaina que, cuando madura, se vuelve seca y dura.

La planta del maní es una hierba anual de entre 30 y 50 cm de altura. Tallos tendidos o erectos. Hojas compuestas, pinnadas, largamente pecioladas con cuatro folíolos. Flores generalmente amarillas con venas rojizas y cáliz tubular, reunidas en grupos de entre 2 y 6 flores cada uno.

Cuando las flores inferiores maduran, los largos tallos florares se doblan hacia el suelo penetrando en el mismo. Una vez debajo del suelo, los frutos (maníes) maduran debajo tierra. Se trata de una peculiaridad botánica única en el mundo vegetal. De hecho el nombre de la especie “hypogea” significa en griego “debajo de la tierra”.

Los frutos son legumbres cuyas vainas, a medida que maduran, se vuelven duras y secas. En su interior se encuentran las semillas (maníes) envueltas por una capa papirácea de color rojizo.

Crece en lugares cálidos y con abundante humedad, necesitando suelos permeables, blandos y de consistencia arenosa.

Los maníes proceden de la zona tropical de América del sur. Su cultivo se inicia unos 8.000 o 7.000 años A.C en los andes del Perú, donde fueron ampliamente utilizados por los Incas, tal como nos informan los textos de los colonizadores españoles. Restos arqueológicos encontrados en Pachacamac (Perú) confirman su uso en esta zona.

Desde este punto, su cultivo se extendió a toda América del sur. Los colonizadores españoles trajeron el cultivo del maní a España. Desde este país se fue extendiendo a otras zonas de Europa y África. En África el cultivo del maní se ha adaptado muy bien. Además esta legumbre constituye un alimento básico en este continente.

Los portugueses extendieron su cultivo a oriente, llegando a China. Hoy en día, China es el primer país productor del mundo de maníes, utilizando principalmente las variedades que introdujeron los portugueses en el siglo XVII y los misioneros americanos en el siglo XIX.

El mayor impulso del cultivo del maní se llevó a cabo después de la Guerra Civil Americana, cuando George Washington Carver (1864-1943) un botánico del Instituto Tuskegee (Alabama) consiguió impulsar el cultivo del maní como cultivo alternativo para que los campesinos fueran autosuficientes. Es famoso un boletín publicado por este científico afroamericano que contiene 105 recetas realizadas con maní. Además de utilizarlo como alimento, publicó una guía que contenía más de 100 productos caseros realizados con maní (cosméticos, plásticos, gasolina, tintes, etc.).

La importancia del aceite de maní durante esta época también creció en Asia y en África cuando los mercados de estos países no pudieron ser abastecidos por falta de aceite de oliva. Todo ello conllevó la creación de nuevos molinos de maní para la obtención de aceite y el aumento de la producción en los países cultivadores.

Hoy en día, encabezados por China, los principales países productores de maníes son: India, Estados Unidos, Indonesia y Senegal. Estados Unidos es el mayor consumidor de maníes en el mundo, seguido del continente africano.

Usos del maní

Planta alimentaria: Los maníes se utilizan principalmente por sus frutos que resultan nutritivamente muy completos. También se utiliza el aceite de maní.

El aceite de maní es un aceite muy utilizado en la India y en China. Se utiliza habitualmente en la cocina oriental. La mayor parte de la producción de este alimento en estos países se destina a la elaboración de aceite.

También es muy común a partir de maníes elaborar crema o manteca de maní, un tipo de preparado muy habitual en países como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Es una crema con un valor proteico muy elevado.

Planta medicinal: El maní, además de nutritivo, posee propiedades medicinales muy reconocidas. Su fruto se considera un antioxidante muy potente. El aceite de maní se utiliza como base en muchos preparados medicinales.

Combustible: Las cáscaras de maní se utilizan como combustible en algunos países.

Jabón: Los restos del aceite de maní se usan en la fabricación del jabón.

Los maníes constituyen un alimento muy nutritivo, cuya concentración en nutrientes supera ampliamente a cualquier alimento de origen animal, en cuanto a cantidad de hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas B1, B3, C y E. Sucede lo mismo con sus minerales; sus aportes son muy importantes en calcio, magnesio, potasio, zinc, cobre y magnesio ; y todo ello sin aportar un exceso de ácidos grasos saturados.

Propiedades alimentarias del maní

Los maníes, especialmente los crudos, son muy ricos en proteínas. Contienen proteínas de muy alta calidad con todos los aminoácidos.

Su contenido casi iguala al de la carne de ternera en muchos aminoácidos y en otros los supera ampliamente, como en el caso de la arginina (3, 085 g por cada 100 gr en los maníes frente a 1,996 g de la carne de ternera).

Dos cucharadas soperas de manteca de maní son más ricas en proteínas que un huevo.

Los maníes son alimentos muy ricos en grasas. Contienen casi un 50 % de grasas de las cuales casi un 70 % son insaturadas. Entre ellos los principales son el oleico (omega-9) y el linoleico (Omega-6). Ambos resultan extremadamente importantes en el control del colesterol y tienen un papel fundamental en el control de las inflamaciones corporales, especialmente el omega-6.

Comer maníes puede ayudar a mantener la sangre más fluida, previniendo la formación de coágulos que son responsables de la aparición de ictus, infartos y otros problemas circulatorios. Además incluir el maní en la dieta ayudará a controlar los procesos inflamatorios en enfermedades como la artritis reumatoide o el síndrome premenstrual.

La riqueza en grasas de esta legumbre, la convierte en una buena ayuda en situaciones que requieren disponer de una gran reserva de energía: trabajos duros, deportes, juegos, etc. Resultan muy convenientes para comer fuera de casa porque son fácilmente transportables. Así, por ejemplo, resulta muy recomendable incluirlos como tentempié para media mañana o para la hora del patio en los niños. Sin embargo, hay que tener en cuenta que debemos ser prudentes en utilizar cantidades moderadas de este alimento, especialmente en casos de sobrepeso u obesidad.

Los maníes son alimentos muy ricos en minerales. Destaca, sobre todo, en potasio, que es un mineral muy interesante para el control de los líquidos en el organismo. Los maníes crudos son uno de los alimentos más ricos en potasio.

El potasio de los maníes contrarresta su elevado contenido en sodio. Los maníes crudos poseen 705 mg por cada 100 g. Superan con mucho a la soja (515 mg/100 g), a las nueces (441 mg/100g) o a las bananas (396 mg/100g) y solamente son superados por las porotos colorados que contienen 1300 mg/ 100 g.

El potasio contenido en los maníes crudos puede ayudar en el control de la hipertensión o prevenir la retención de líquidos.

El contenido en fósforo de los maníes es elevadísimo. Aunque no alcanzan el nivel del germen de trigo, o la avena su contenido es similar al que posee el trigo o las nueces. Los maníes pueden contribuir al buen estado de los huesos o al crecimiento en los niños.

El hierro es el tercer mineral muy destacado en los maníes. El hierro, entre otras propiedades, es necesario para la prevención de la anemia. Los maníes contienen 4,5 mg de hierro por cada 100 g. No son la legumbre más destacada en este mineral. Lo supera la soja (5,1 mg) y otros alimentos como las avellanas (4,7 mg), pero su contenido es mucho mayor que la mayoría de los alimentos vegetales, por supuesto mucho mayor que las espinacas, que poseen la fama de ser muy ricas en hierro, aunque su cantidad es mucho menor que la de los maníes. (1,5 mg en crudo; 0,8 mg cuando están hervidas).

Zinc, cobre y magnesio son otros minerales que aparecen en proporción muy elevada en los maníes.

Los maníes destacan particularmente en vitaminas del grupo B, sobre todo en ácido fólico y niacina.

Cuando son tiernas, las vainas del fruto y las hojas más tiernas pueden cocinarse como una verdura más.

Algunas personas son alérgicas a los maníes. Si estas personas comen este alimento les puede producir una alergia alimentaria cuyos resultados pueden llevar incluso a un choque anafiláctico de consecuencias muy graves. Estas personas no deben comer maníes, manteca de maní u otros productos que contengan esta legumbre.

También deberán abstenerse de comer maníes las mujeres durante el embarazo o la lactancia si presentan algún antecedente de alergia en su familia o si han tenido alguna reacción alérgica antes del embarazo. Comer este alimento durante esta época podría sensibilizar frente a este alimento al feto o bebe lactante, por lo que sería más propenso a sufrir alergias frente a este alimento posteriormente.

Propiedades medicinales del maní

La mayoría de los principios medicinales de los maníes se encuentran en la piel de color rojo que rodea al fruto, de ahí la importancia de consumir este producto en crudo y con esta cáscara. A los maníes cocidos y salados se les suele retirar esta envoltura con lo cual se pierden muchas de sus propiedades, incluidas algunas de sus vitaminas más importantes.

Además de sus propiedades alimentarias, medicinalmente los maníes contienen componentes que les otorgan valores especiales para la salud. Las principales propiedades medicinales se encuentran en el fruto de los maníes y en su aceite.

En medicina Ayurvédica el uso de los maníes es bastante amplio. En la India las semillas se utilizan principalmente para problemas respiratorios y problemas de hemorragias. Las cáscaras de las vainas se hierven y el líquido resultante se utiliza para tratar la hipertensión.

Los maníes, al igual que las uvas negras, son ricos en resveratrol, un componente con propiedades antioxidantes muy destacadas. Las propiedades del resveratrol en el control del colesterol y la prevención de las enfermedades circulatorias han sido ampliamente destacadas en numerosos estudios.

Se ha comprobado que en la piel de los maníes se encuentra otro componente con propiedades antioxidantes denominado procianidina oligomérica. Son especialmente ricos en este componente los maníes españoles rojos. Al igual que el resveratrol, se trata de otro flavonoide con propiedades anti-arteriosclerosis.

Gracias a este componente, junto con el resveratrol, el maní es capaz de prevenir las enfermedades del corazón y de las arterias o el cáncer.

Otro componente con muchas propiedades beneficiosas para la salud de la mujer es el fitoestrógenos genisteína. Los maníes poseen una cantidad muy elevada de genisteína, incluso superior a la soja. Se ha comentado mucho el poder de la genisteína de la soja para combatir los efectos negativos del síndrome premenstrual, como los sofocos o la depresión.

La genisteína también posee propiedades antioxidantes muy reconocidas, especialmente en lo que se refiere a la prevención del desarrollo de células cancerosas y en la prevención de la perdida de la visión por degeneración macular en la vista de las personas con diabetes.

Se cree que los maníes poseen propiedades galactogogas, es decir que son capaces de estimular la producción de la leche en las lactantes. Por este motivo, en China, es común que las mujeres que amamantan a sus bebes con leche materna coman maníes. Esto puede contradecir el pensamiento de muchos especialistas occidentales que piensan que no resulta adecuado comer este alimento en mujeres embarazadas por miedo a la alergia alimentaria o a la sensibilización del bebe a futuras alergias con respecto a este alimento.

Gracias a la procianidina oligomérica, también se le concede a este componente la propiedad de ser muy útil en el control de la endometriosis.

Los maníes son muy ricos en zinc. El zinc, entre otras propiedades, tiene la facultad de proteger las defensas e impedir que el sistema linfático cometa errores defensivos. Comer maníes puede ayudar a mantener el sistema inmune en buen estado, previniendo la aparición de infecciones.

Los maníes son muy ricos en tirosina un aminoácido que forma parte de las proteínas del maní. A partir de la tirosina el organismo produce dopamina. La dopamina, la serotonina y la noradrenalina, constituyen las llamadas “hormonas de la felicidad”. La falta de dopamina en el organismo ha sido asociada a numerosos trastornos psiquiátricos, entre los que se encuentran la hiperactividad infantil con falta de atención (TDAH o Trastorno por déficit de atención e hiperactividad).

La TDAH se manifiesta principalmente en niños en forma de problemas de atención en la escuela o en casa (distracciones, desorganización, falta de atención, descuido de los deberes, etc.) o mediante comportamientos hiperactivos (inquietud, poca paciencia, incapacidad para estar tranquilo, locuacidad, etc.).

El trastorno de la TDAH parece estar relacionado con la aparición de ansiedad y depresión en muchos niños que lo sufren.

Controlar el colesterol: Según estudios realizados por la Universidad de Florida, en Estados Unidos, está demostrado que el consumo frecuente de maní protege al organismo de enfermedades como el cáncer y otros padecimientos a nivel coronario, pues es un fruto rico en antioxidantes, el cual gracias a su alto contenido de grasas monoinsaturadas, es excelente para reducir el colesterol.

En dietas: Es recomendado por nutricionistas para las dietas, pues afirman que su consumo produce una sensación de saciedad.

Aceite de Maní

El aceite de maní es el aceite extraído de las semillas del maní. Se obtiene mediante presión de los mismos en frío o mediante cocción de los manís. Se trata de un alimento que pertenece al grupo de las grasas. Es un aceite de color claro y sabor suave.

Desde un punto de vista nutricional, el aceite de maní destaca por su contenido en vitamina E. La vitamina E posee propiedades antioxidantes que la hacen muy adecuada para prevenir la oxidación orgánica producida por los radicales libres.

Las propiedades de esta vitamina pueden ser utilizadas internamente, añadiendo este aceite crudo a las ensaladas u otras comidas. También puede tomarse una cucharadita de este aceite crudo en ayunas. Utilizado de esta manera parece tener un efecto antiinflamatorio sobre el hígado y los intestinos.

Externamente puede aplicarse aceite de maní a la piel para aprovecharse de sus propiedades. Usado de esta manera ayudará a combatir problemas de la piel como eccemas, granos, espinillas o picazones.

Aplicado en forma de ungüento sobre las articulaciones de las personas con artritis, puede ayudar a calmar el dolor y la inflamación.

No contiene otras vitaminas y solamente contiene unas pocas trazas de hierro y de zinc.

Se debe tener en cuenta que el aceite de maní, como el resto de aceites vegetales, es una grasa con un poder calórico enorme. Por lo tanto debemos ser prudentes en su utilización, especialmente en casos de obesidad o si deseamos realizar una dieta para perder peso.

El aceite de maní es un tipo de aceite que resiste muy bien la calor por lo que resulta adecuado para freír. También se puede emplear en crudo para aliñar las comidas.

Comparado con otros aceites alimentarios, como el aceite de oliva, el de colza o el de girasol, se caracteriza por poseer un porcentaje de grasas saturadas más elevado (sobre el 16,9 %) procedente de sus ácidos grasos saturados (principalmente ácidos palmítico, araquídico, esteárico y behénico). Posee un 42% de ácidos grasos monoinsaturados (Principalmente ácido oleico (omega-9) y ácido gadoleico) y un 32% de ácidos grasos poliinsaturados, principalmente ácidos linoleico (omega-6) y una pequeña cantidad de ácido alfa-linolénico (omega-3).

Desde el punto de vista dietético se valora su elevado porcentaje de omega-6, un ácido graso poliinsaturado cuyas propiedades antiinflamatorias han sido ampliamente destacadas. Se han señalado sus efectos beneficiosos para la artritis, la circulación sanguínea, diabetes o los síntomas negativos del síndrome premenstrual.

Sin embargo se suele criticar el hecho que posee un porcentaje de grasas saturadas más elevadas que otros aceites vegetales utilizados en la alimentación, como son el aceite de oliva, el aceite de colza o el aceite de girasol.

Igualmente se dice que la proporción de aceites insaturados no está equilibrada. Lo mejor es que exista una proporción del 1/1 o 4/1 entre el omega-6 y el omega-3. La proporción en este tipo de aceite alcanza más del 300/1 a favor del omega-6. Algunos especialistas consideran que esta enorme superioridad del omega-6 puede ser responsable algunas veces de algunas enfermedades, como las de corazón, ciertas depresiones, diabetes. etc.

Desde el punto de vista medicinal, se utiliza el aceite de maní obtenido por presión en frío. El aceite de maní es usado como base en muchas preparaciones terapéuticas. Posee propiedades suavizantes para la piel. El aceite de maní es comestible y puede utilizarse en la cocina.

El maní es un alimento que no presenta una dosificación concreta o toxicidad alguna. Sin embargo hay que tener en cuenta que se trata de uno de los alimentos que puede producir alergia a ciertas personas.

También hay que considerar que se trata de una legumbre que puede resultar indigesta para ciertas personas con estómagos delicados o que, envasado o conservado en malas condiciones, puede contener microorganismos muy perjudiciales para la salud, especialmente aflatoxinas.

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