MANGO

Mangifera indica, llamado comúnmente mango o durazno de los trópicos, es una especie arbórea perteneciente a la familia de las anacardiáceas.

Suele ser un árbol leñoso, que alcanza un gran tamaño y altura (puede superar los 30 m de altura, sobre todo, si tiene que competir por los rayos solares con árboles más grandes, como sería en una plantación de cocoteros), siempre y cuando sea en un clima cálido. En las zonas de climas templados puede cultivarse aunque no suele alcanzar una gran altura, por las incidencias climáticas que le resultan adversas.

Su tronco es leñoso y puede alcanzar 2 metros de diámetro y su altura; hasta 12 metros.

En cuanto a sus hojas, éstas son duras y las flores son pequeñas y de colores variados.

Los mangos, que son altamente perecederos, también varían mucho en tamaño, desde 180 g a 2 kilos, y forma; pueden ser redondas, ovaladas, con forma de pera o arriñonadas, o hasta largas y delgadas.

La cáscara dura es a menudo de un color verde mate, con áreas rojas y amarillas que se extienden a medida que la fruta va madurando. La India produce aún el 80% de la cosecha mundial de mangos.

El mango es una fruta de pulpa carnosa y dulce. Destaca entre sus principales características su buen sabor. Dicha pulpa puede ser o no fibrosa, siendo la variedad llamada “mango de hilacha” la que mayor cantidad de fibra contiene. Es una fruta normalmente de color verde en un principio, y amarillo, naranja e incluso rojo-granate cuando está madura, de sabor medianamente ácido cuando no ha madurado completamente.

La rapidez del transporte y la internacionalización de los cultivos han hecho que frutos exóticos como el mango, que antes eran conocidos únicamente por los relatos de avezados viajeros, sean hoy un producto corriente en nuestros mercados. Se trata de uno de los frutos tropicales más finos y apreciados por los consumidores, cuyo cultivo en India se remonta a 2.000 años antes de Cristo según las crónicas documentadas, aunque se supone que ya era conocido mucho tiempo atrás.

El árbol que lo produce, la manguifera indica, es descendiente de una de las más de cuarenta especies silvestres que todavía existen actualmente en el noroeste de India, Filipinas y Papua Guinea. Casi la mitad de éstas producen frutos comestibles, pero ninguna iguala la finura de la variedad indica, a la que algunos autores denominan el rey de los frutos.

La literatura védica está plagada de mitos y leyendas que se refieren al mango. Los chinos fueron los primeros viajeros que lo conocieron y lo bautizaron en su lengua ‘am-mo-lo’, una fonetización del sánscrito ‘amra’. En las lenguas indoeuropeas se le conoce por diversos nombres que derivan del tamil ‘man-gay’.

Hacia el siglo XVI era ya un símbolo de estatus en India. El cultivo de este fruto era un privilegio de los rajás y nababs. Uno de ellos, Akbar, plantó un huerto con cien mil mangos.

El fruto del mango es muy aromático y cuando está en su punto óptimo tiene un agradable punto resinoso. Madura bien cuando se recoge antes de que esté completamente desarrollado. Sin embargo, es pasto de los gusanos si se deja en el árbol. El fruto verde se utiliza en el sudeste de Asia para hacer encurtidos, chutneys y mermeladas. Las filipinas suelen también picar, entre comidas, rodajas de mango sin madurar adobadas con salsa de soja.

Introducido a mediados del siglo XIX en el Brasil por los portugueses, es de color amarillo, más pequeño que las variedades de injerto, de sabor exquisito y muy dulce, tanto el mango “bocao” como el de hilacha. Su época de cosecha presenta un “pico” o máximo en el mes de mayo en las latitudes subecuatoriales del hemisferio norte, lo cual resulta paradójico, ya que en este mes es cuando se inician las lluvias en estas latitudes, por lo que toda la maduración de los frutos se produce en los meses de mayor sequía. También el sabor es muy diferente entre una variedad y otra. Por ejemplo, una variedad de mango de gran tamaño tiene un sabor y olor similares al del durazno en almíbar, aunque con una textura menos hidratada (“mango durazno”).

Casi todas estas variedades de mangos injertados se derivan de una variedad obtenida por evolución natural que muchas personas denominan “mangas” en Venezuela, Canarias y en la costa atlántica de Colombia y que no es sino la adaptación de la planta durante varios siglos a un clima mucho más favorable que el que tenían en la zona de procedencia de esta planta.

Se cultiva en países como Colombia, Guatemala, Venezuela, Panamá, Bolivia, Honduras, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, México, República Dominicana en la zona de clima subtropical, Perú, Chile, China y Ecuador.

La pulpa del mango contiene un 81,7% de agua. De sus hidratos de carbono, la mayor parte están compuestos de azúcares: glucosa, fructosa y sacarosa. En los mangos inmaduros existe cierta cantidad de almidón, que se va convirtiendo en azúcar a medida que el fruto madura. Su proporción de proteínas y grasas es muy baja.

Vitaminas: Contiene una importantísima cantidad de provitamina A, proporcionando por sí solo la cantidad necesaria al día de vitamina A. También son muy considerables sus aportes en vitaminas C y E, además de B1, B2, B3 y B6.

Minerales: El más destacado, el potasio, seguido de cerca por el hierro y el magnesio.

Pero de sus componentes no nutritivos es de lo que el mango tiene su mayor potencial dietoterápico:

Carotenoides: Se han identificado 16 diferentes, el más abundante de todos, el beta-caroteno. Éstos son potentes antioxidantes que neutralizan los radicales libres oxidativos, moléculas responsables del envejecimiento de las células.

Fibra soluble: Concretamente pectina.

Ácidos orgánicos: Cítrico y málico.

Taninos.

Propiedades alimentarias del mango

El mango, al igual que la papaya, contiene una enzima que facilita la digestión y, al ser antioxidante, se recomienda para prevenir enfermedades tan serias como el cáncer y para cuidar la piel.

Es importante señalar que en las hojas del mango hay un grupo de taninos llamados antocianidinas. Durante más de 20 años, algunos médicos europeos han estado usando un extracto acuoso (té) de las hojas de mango para tratar no sólo la diabetes, sino también problemas de los vasos sanguíneos y de los ojos relacionados con esa enfermedad.  En este sentido, han podido observar que ayuda a retardar el progreso de la angiopatía diabética (mal de los vasos sanguíneos debido a la diabetes).

Propiedades medicinales del mango

Asma: Comer mango asado, antes de dormir.

 Bronquitis: Combate la bronquitis. Infusión de flores del mango.

Para la congestión respiratoria: Lavar y partir por la mitad un mango.  Extraer su pulpa y colocarlo en una licuadora junto con 1 vaso de agua y ¼ cucharadita de jugo de limón.  Licuar por unos instantes.  Colar y tomar un vaso al menos 2 veces al día.

Resfrío: Infusión de una cucharadita de flores secas por vaso de agua. Un par de vasos diarios.

Mucolítico: Disuelve las mucosidades. Infusión de una cucharadita de flores secas por vaso de agua. Un par de vasos diarios.

Para la fiebre: Hervir, por 20 minutos, un puñado de corteza del árbol de mango, previamente lavado, en un litro de agua   Tomar una o dos tazas por día.

Coagulación de sangre: Decocción durante 20 minutos de un par de hojas semisecas al sol durante 14 horas, cortadas en trocitos en un litro de agua. Dejar reposar durante 60 minutos y tomar un par de vasos al día durante 3 días. Descansar durante una semana y repetir el tratamiento anterior. También puede mezclar con jugo de ananá o de mango.

Anemia: Verter en una licuadora la pulpa de una mango maduro picado, 1 taza de leche descremada, 1/4 de cucharadita de extracto de vainilla y hielo, el necesario y batir hasta que se integren muy bien. Tomar un vaso cada tercer día por la mañana. El mango por su alto contenido de hierro proporciona a la sangre este mineral tan importante para la hemoglobina que transporta el oxígeno a través de nuestro cuerpo.

Estreñimiento crónico: Ingerir jugo de mango. Comer mango maduro en ayunas.

 Indigestión: Extraer la pulpa de un mango y colocar, junto con un rebanada picada de papaya y un poco de agua, en una licuadora.  Luego, licuar por unos instantes.  Tomar 1 taza de este jugo todos los días después de las comidas principales

 Laxante: Contiene fibra lo que le otorgan propiedades laxantes. Comer mangos verdes a voluntad.

 Presión arterial alta: Escoger 1 ½ hoja grande o 2 hojas medianas de mango y secarlas casi totalmente sobre un pedazo de tela limpia durante sólo un día. Cuando estén aún un poco húmedas, cortarla en pedazos de 2 cm y colocar en 1 litro de agua hirviendo. Tapar, retirar del fuego y dejar reposar durante una hora. Colar y beber 2 tazas al día, tres días seguidos. Luego, dejar de tomar esta infusión durante varios días y después repetir de nuevo todo el proceso.

 Náuseas: Colocar en una licuadora 1/2 taza de leche descremada y la pulpa picada de 2 mangos junto con 1 cucharadita de canela en polvo. Licuar todos los ingredientes hasta obtener una mezcla homogénea.  Tomar un vaso de este batido cuando se sienta el malestar.

Contra las lombrices intestinales: Extraer la semilla de un mango, picar y moler.  Tostarla al horno y tomarla con un poco de agua por la mañana en ayunas.

Encías y aliviar la piorrea #1: Lavar 2 hojas de mango y machacarlas. Luego, masticarlas por 5 minutos.

Encías y aliviar la piorrea #2: Verter un manojo de hojas de mango en un litro de agua que esté hirviendo.  Tapar y dejar refrescar.  Hacer varios buches al día.

Desinflamar la piel: Desinflama las partes golpeadas y borra las manchas que deja la sangre. Cocimiento de las hojas de mango en forma de fomento.

Toxicidad

Las ramas, las hojas y la piel verde de los frutos contienen una resina rica en mangiferina, ácido mangiférico y mangiferol que posee propiedades irritantes para la piel pudiendo causar dermatitis por contacto en algunas personas, incluso con aparición de ampollas.

La floración del mango produce reacciones alérgicas que se atribuyen a las emanaciones del ácido esencial de las mismas, rico en mangiferol y mangiferona.

El humo que se desprende del fuego realizado con madera de mango también resulta irritante.

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