MANZANA

Las manzanas son los frutos de los manzanos, árboles (Malus spp) de la familia de las rosáceas, en la que se encuentran arbustos silvestres o cultivados como el endrino, las rosas; u otros árboles como el almendro, o el cerezo.

El manzano europeo cultivado corresponde a la especie Malus domestica. El manzano es un árbol perenne de hasta 15 m. Tallos grises y ramas jóvenes pubescentes. Hojas elíptico-ovales con el envés cubierto de borra, dentadas de hasta 15 cm. de longitud. Flores blancas o rosadas de hasta 5 cm. El fruto (manzana) es un pomo de más de 5 cm de color muy variable según las variedades.

Árbol originario de oriente formado por hibridación de especies silvestres. Se puede encontrar cultivado en muchas partes del mundo y algunas veces asilvestrado.

No se sabe exactamente cuál es la primera especie cultivada de la que derivan todas las demás, aunque se piensa que lo más probable es que proceda de la especie Malus sieversii Ledeb cuyo origen hay que situarlo hace 15.000 o 20.000 años en el centro de Asia, concretamente en Tian-shan, una zona montañosa situada al noroeste de la China y en el Kazakstán. Todavía se encuentran en la actualidad ejemplares de esta especie en estas zonas.

Las civilizaciones egipcia, griega y romana cultivaron manzanos. Esta última los extendió por la mayor parte de sus colonias mediterráneas e inmortalizaron esta fruta en historias mitológicas y textos de gastronomía romana (De re coquinaria de Apicio en el siglo I D.C.).

Fueron los romanos los que consiguieron las mejores manzanas. En los tiempos de Julio César, un injertador llamado Matios o Mato consiguió las mejores manzanas gracias a los injertos. Y fue el que dio el nombre de “manzana” a la fruta del manzano. Es la modificación de la palabra “Mazana”, nombre latino del injertador.

Los romanos buscaban la inmortalidad consumiendo manzanas. Los más pudientes siempre reservaban una de las habitaciones (forrada de mármol) para almacenar manzanas. Plinio llamará a esta habitación pomarium.

Muchos siglos después cuando llega a Italia el tomate de América le llamará “pomodoro”, es decir, manzana de oro.

Fueron los españoles los que llevaron el fruto de la manzana a América, durante el siglo XVI y lo difundieron por todo el continente. Allí nacieron nuevas variedades de manzanos gracias a los injertos, hoy son las que más se consumen. Las conocemos con los siguientes nombres: Golden Delicious, Red Delicious, Granny Smith (es australiana).

Entre las especies silvestres más conocidas del mundo se encuentran:

El manzano europeo silvestre (Malus sylvestris = Malus pumila) del cual se pensaba que procedían los manzanos cultivados europeos, hasta que el análisis genético reveló su mayor parecido con el Malus sieversii.

El manzano silvestre norteamericano (Malus coronaria).

Los manzanos silvestres chinos (M prunifolia, Malus spectabilis y Malus baccata).

El manzano silvestre japonés (Malus floribunda).

Las especies silvestres tienen frutos muy pequeños y de sabor ácido. Mediante cruces entre ellas y, seleccionando las especies más válidas, se han ido produciendo una serie de variedades mucho más dulces que las originales y de tamaño mayor.

El manzano es una de las plantas comestibles más utilizadas en todo el mundo. Se cree que es el árbol que el hombre primero domesticó, atraído por la capacidad de esta planta para resistir el frío y por la riqueza alimentaria de sus frutos y su capacidad para conservar sus propiedades durante mucho tiempo una vez han sido recogidos del árbol.

Todo ello ha originado una gran producción mundial cuyo primer objetivo se centra en la producción de frutos para el consumo en fresco. Sin embargo la industria de la manzana mueve otros mercados alimentarios (la industria de compota de manzana, la producción de la sidra, de jugos de manzana, etc.).

Aparte de los hidratos de carbono, no hay ningún otro nutriente que destaque en su composición. En su mayor parte se trata de fructosa y, en menor proporción de glucosa y sacarosa.

Contiene pequeñas cantidades de proteínas y de grasas.

Vitaminas: Destaca su dosis de vitaminas C y E, ambas antioxidantes.

Lo más destacado de este valioso fruto son sus sustancias no nutritivas:

Pectina: Un hidrato de carbono que no se absorbe en el intestino y, que forma la mayor parte de lo que conocemos como fibra vegetal insoluble. Ésta se encuentra en su mayor parte en la piel y actúa reteniendo agua y diversas sustancias de desecho en el intestino facilitando la eliminación de toxinas junto con las heces.

Ácidos orgánicos: El más abundante es el ácido málico, aunque también se encuentran el cítrico, succínico, láctico y salicílico. Estos ácidos orgánicos producen al metabolizarse un efecto alcalinizante en la sangre y en los tejidos; renuevan la flora intestinal y evitan las fermentaciones intestinales.

Taninos: Es muy rica en ellos, proporcionando un efecto astringente y antiinflamatorio de las mucosas intestinales.

Flavonoides: Constituyen un grupo de elementos fitoquímicos capaces de prevenir la oxidación de las lipoproteínas de baja densidad; esto es las sustancias que transportan el colesterol en la sangre. De esta forma los flavonoides impiden que el colesterol se deposite en las paredes de las arterias, previniendo así accidentes cardiovasculares. Contiene diversos flavonoides, el más activo y antioxidante de los cuales, es la quercetina que además de su acción antioxidante, es un excelente antialergénico y un buen antiinflamatorio.

Propiedades de la manzana

Las manzanas destacan por su riqueza en pectina. La pectina es un tipo de fibra soluble. Forma parte de la pared celular de las plantas, especialmente en la piel de las frutas. La pectina tiene la capacidad de formar un gel cuando se combina con el azúcar o con los ácidos, por lo que se utiliza en la industria de fabricación de mermeladas.

Entre todas las plantas, el malvavisco es la que contiene unos niveles más elevados. Las zanahorias serían las hortalizas más ricas junto con las berenjenas, las calabazas, las papas, o los tomates. Las manzanas son los frutos más ricos. Otros frutos con mucha fibra soluble son los higos, las bananas, las peras, las ciruelas, las naranjas o las frutillas. Las legumbres son también ricas en este componente, entre todas destacan las arvejas y los porotos. Dentro de los cereales destaca la avena y el maíz.

La fibra soluble ayuda a bajar el nivel de colesterol en la sangre. Este tipo de fibra evita la reabsorción del colesterol intestinal producido por la bilis para la digestión de los alimentos. La fibra soluble forma un gel que atrapa este colesterol que es expulsado al exterior sin pasar a la corriente sanguínea. El hígado, que necesita del colesterol para formar los ácidos grasos, necesita tomarlo de la sangre lo que produce una disminución del mismo.

La reducción del nivel del colesterol supone una reducción del riesgo de sufrir accidentes vasculares. Se ha comprobado que la ingestión de alimentos ricos en fibra soluble disminuye los niveles de colesterol hasta un 10 %. La mayoría de los alimentos vegetales naturales son ricos en fibra soluble. Comer manzanas habitualmente es una buena manera de controlar el colesterol.

Además de reducir el nivel de colesterol, la ingestión de alimentos ricos en fibra ayuda a estabilizar los niveles de azúcar en la sangre, por lo que la fibra resulta adecuada para la alimentación de los enfermos de diabetes. La fibra retarda la absorción de los carbohidratos por lo que ayuda a disminuir las típicas “subidas” de azúcar en la sangre que tienen las personas con diabetes.

Estudios en Tejas demostraron que la ingestión diaria de 25 gr. de fibra soluble y 25 más de fibra insoluble servía para regular positivamente los niveles de azúcar de un grupo de pacientes diabéticos. Una manzana mediana proporciona aproximadamente 2 gr. de fibra soluble.

La fruta generalmente habría que comerla con la piel. Esto es especialmente interesante en el caso de la manzana. Hay que tener en cuenta que mucha fibra soluble se encuentra en la piel, por lo que es conveniente comer las manzanas sin pelar, siempre que estén debidamente limpias y procedentes de cultivos biológicos en los que no se hayan utilizada pesticidas y no se hayan sometido a un proceso de embellecimiento antes de salir al mercado con el uso de ceras, abrillantadores, potenciadores del color u otros productos destinados a incrementar su aspecto y a mejorar las ventas.

Si no estamos seguros que la fruta procede de fuentes fiables, es mejor pelarla puesto que los efectos negativos de estas sustancias pueden ser más contraproducentes que los beneficios que puedan aportar el consumo de la piel. Esto también afecta a la manzana aunque, lamentablemente, la pérdida de la piel, además de una pérdida de fibra, una menor ingestión de la mayoría de vitaminas y minerales.

Además de fibra soluble, la manzana tiene otro componente muy destacado: la quercetina. La quercetina es un flavonoide, es decir un colorante natural, que posee numerosas propiedades. Entre todas ellas destaca su capacidad antioxidante, es decir con capacidad para neutralizar los radicales libres, partículas que oxidan el organismo y son capaces de predisponer a la aparición de numerosas enfermedades.

Se ha comprobado que la quercetina, administrada en forma de suplementos en dosis de 200 a 1100 mg diarios, es capaz de prevenir la formación de tumores cancerosos, especialmente de tumores de vejiga producidos por el humo del tabaco. El problema de los suplementos de quercetina es que presenta contraindicaciones y muchas veces producen efectos secundarios.

Tenemos otros recursos para ingerir este componente de una manera natural. Podemos optar por comer muchas cebollas, que constituyen el alimento con mayor riqueza, recurrir a la avena, o comer manzanas que es el fruto que presenta mayor cantidad y el tercer alimento más rico en quercetina después de los mencionados anteriormente. Existe la posibilidad aún mejor de combinar la avena con la manzana en el desayuno. Podemos elaborar un rico muesli en la que estos dos alimentos, junto con el yogur, la miel y unas pasas sean los ingredientes destacados que aporten todos los beneficios de una comida natural y saludable.

La quercetina, entre sus muchas propiedades, también juega un papel importante en la reducción del “colesterol malo” o LDL al impedir la oxidación del “colesterol bueno” o HDL. Desde el punto de vista de la salud, el hecho de que este componente impida esta transformación supone una gran ventaja en la protección frente a las enfermedades cardiovasculares. Todos sabemos la gran importancia que el colesterol alto tiene en la salud de las arterias y del corazón. Tomar quercetina, o comer muchos alimentos ricos en este componente, ayuda a disminuir el “colesterol malo” de la sangre por lo que protege nuestro organismo de la aparición de coágulos en las arterias responsables de enfermedades como la arteriosclerosis, la anginas de pecho o los infartos de miocardio.

Las manzanas regulan la actividad intestinal. Por una parte, tienen un efecto laxante, producido por su riqueza en fibras, azufre, fructosa y sorbitol. Por otra parte, su contenido en zinc o ácido gálico ejerce propiedades astringentes. Todo ello contribuye a regular las defecaciones siendo capaz de frenar la diarrea o de ” aflojar” los intestinos que padecen estreñimiento.

No debemos olvidar que el ácido málico y la quercetina poseen propiedades bacteriostáticas, es decir que son capaces de inhibir el desarrollo de bacterias nocivas, responsables en muchos casos de la formación de putrefacciones intestinales causantes de gases, malas digestiones, colitis, etc. Sin embargo, las manzanas contienen en su composición una cantidad muy elevada de gases, los cuales, si no se come este alimento, adecuadamente, puede ser responsable de flatulencias. Comer manzanas puede incrementar mucho el contenido de gas en el intestino, pero prescindir de las manzanas es dejar de consumir uno de los alimentos más ricos en pectinas, un tipo de fibra soluble muy recomendable para evitar el estreñimiento, que también resulta responsable de putrefacciones intestinales que generar muchos gases. La mejor solución consistirá en comer este alimento poco a poco masticándolo muy bien para dar tiempo a que los gases se expulsen de la boca antes de ingerirlos.

Por otra parte las manzanas contienen especialmente vitamina C y potasio. La vitamina C contribuye a reforzar las propiedades antioxidantes de los bioflavonoides los cuales, al mismo tiempo, la protegen de su oxidación. Sin ser demasiado rica en esta u otras vitaminas, al menos no se descomponen tanto como en otros vegetales una vez el fruto se ha recogido del árbol. La vitamina C se pierde prácticamente toda cuando se cocinan las manzanas. Su abundante contenido en potasio facilita la diuresis por lo que resulta adecuado para la dieta para la retención de líquidos o puede emplearse en dietas para perder peso.

Finalmente añadir que la manzana, por sus propiedades bacteriostáticas, constituye un buen dentífrico natural. Un trozo de manzana después de comer, limpia la boca y la protege del desarrollo de bacterias nocivas para el desarrollo de caries o gingivitis.

Limpieza hepática

La mayoría de los adultos del mundo industrial, especialmente quienes sufren alguna enfermedad crónica como una dolencia coronaria, artritis, esclerosos múltiple o diabetes, tienen en común la presencia de cientos de piedras o cálculos que bloquean su hígado, la vesícula y los conductos biliares. Y la extracción de la vesícula, respuesta común en la actualidad, no suele solucionar el problema. Pues bien, el conocido terapeuta Andreas Moritz diseñó hace años un singular método de sorprendente eficacia para limpiar de arenilla y piedras el hígado y la vesícula en apenas 7 días.

El hígado, órgano cuyas funciones le son prácticamente desconocidas a la mayoría de las personas, es uno de más de los muchos campos en los que de la Medicina Farmacológica y de la Medicina Natural se enfrentan hoy día. Los médicos situados en la ortodoxia académica niegan la existencia de los cálculos hepáticos. Los médicos naturistas y los naturópatas, por su parte, sostienen no sólo su existencia como trastorno de base en un gran número de enfermedades crónicas, sino que su expulsión mediante métodos naturales puede prevenir o solucionar además, multitud de patologías.

Los médicos podrán alegar lo que quieran pero lo cierto es que cuando cientos, sino miles, de “cálculos” congestionan el hígado impidiendo su normal funcionamiento es imposible que el organismo no se resienta negativamente y aparezcan las más diversas patologías.

La experiencia de quienes han llevado a cabo una limpieza hepática es positiva en casi todos los casos. “La mayoría de los médicos, y por lo tanto, la gente en general, decía un terapeuta en un foro sobre experiencias con la limpieza hepática, no tienen idea de que podemos desarrollar sedimentos o piedras, también llamados cálculos, en los conductos hepáticos, no sólo en la vesícula sino también en el hígado. Por qué? Porque no se ven en las ecografías. Un hígado graso que está empapado de colesterol, con los hepatocitos (células hepáticas) rebosando de colesterol, se ve en las ecografías como blanco pero sólo cuando está así de lleno se puede objetivar con una eco. Tan sólo las piedras duras, calcificadas se reflejan por llevar cristales. Las piedras más blandas, compuestas por colesterol o pigmentos de bilirrubina son transparentes a la eco y no aparecen visibles. Por eso no se localizan fácilmente si no se va a por ellas”. El libro de Andreas Moritz explica muy bien todo esto. La mayoría de los cálculos biliares se forman en realidad en el hígado y, comparativamente, pocos se producen en la vesícula biliar.

“A diferencia del estómago, por ejemplo, el hígado rara vez hace saber directamente cuando está disgustado o si necesita atención, explica Moritz. Lo dice indirectamente, sin embargo, cuando uno comienza a sentirse mal, una irritación en la piel, debilidad en la vista, un problema intestinal, un ciclo menstrual irregular, un recurrente dolor de cabeza, un aumento de peso, pérdida de energía, envejecimiento súbito, estrechamiento de vasos sanguíneos, intestinos hinchados, problemas digestivos, dificultades para respirar, pérdida de memoria y de concentración, dolor en las articulaciones o cualquiera de las enfermedades como cardiopatías, cáncer, esclerosis múltiple, diabetes, Alzheimer, por mencionar pocas, no se producirían si el hígado se encontrara en óptima forma. Y debido a que el hígado es el responsable de la transformación, conversión, distribución y mantenimiento del suministros de combustible al cuerpo, compuesto de nutrientes y energía, impedir esas funciones no sólo afecta al cuerpo en su conjunto sino también a la salud de cada célula”.

La limpieza hepática es, en apariencia, un simple “hágalo usted mismo”, según reconoce el propio Moritz.

Se requieren sólo seis días de preparación a los que seguirá el proceso de limpieza propiamente dicho que apenas dura 20 horas. Y como es recomendable hacerla un fin de semana, la preparación debería comenzar también un sábado por la tarde a fin de aprovechar la estancia en casa del domingo de la siguiente semana, para expulsar las piedras.

Los elementos necesarios para llevar a cabo la limpieza hepática de Moritz son en realidad muy pocos: un frasco de Sales de Epsom o sal inglesa o sulfato de magnesio. Medio vaso de aceite de oliva extra virgen. Jugo de pomelo, preferiblemente rosado; si no le gusta o no lo encuentra puede sustituirlo por jugo de limones y naranjas en partes iguales. Seis litros de jugo de manzanas fresco o 1,5 kg de manzanas frescas.

Como paso previo a la limpieza, Moritz aconseja someterse antes a una hidroterapia de colon completa (tres sesiones) a fin de reducir las incomodidades en el momento de las evacuaciones. Puede hacerse un par de días antes. También aconseja realizar previamente una limpieza de riñón (estimular la depuración de los riñones  ya que el hígado moverá sangre sucia hacia los filtros renales, a causa de la limpieza practicada, a través de infusiones renales como barba de choclo, cola de caballo, diente de león, ortiga, etc.).

El procedimiento se basa en consumir cada día y durante los primeros seis días 1,5 kg de manzanas frescas (rojas o verdes), alejadas de las comidas (al menos una hora, mejor dos) para favorecer la asimilación del ácido málico (puede ser a media mañana y a media tarde). Lo ideal es fruta masticada o licuada, ya que el jugo (aún casero) elimina la fibra en el centrifugado y provoca desorden de la glucosa en sangre (picos de hiperglucemia y resistencia a la insulina).

La razón es que el ácido málico de la manzana reblandece los cálculos, además de tener un efecto fermentador que favorece la expansión de los conductos biliares. Eso sí, durante esos seis días no se debe consumir: lácteos, fritos, almidones, féculas, proteína animal, alimentos muy fríos (helados), cantidades excesivas de alimento, ni medicación crónica no esencial.

La limpieza propiamente dicha comenzará el sexto día por la tarde. Por la mañana del sábado, desayunar y almorzar liviano, tal como en los seis días previos. Tras el almuerzo, interrumpir la ingesta de alimentos, pudiéndose solo beber agua durante las 24 horas siguientes. La limpieza en sí, consiste en la toma de cuatro vasos de solución magnesiana y un frasco de emulsión pomelo/oliva. Veamos detalladamente y con horarios, como llevar adelante el procedimiento completo:

18 hs: Tomar el primer vaso magnesiano que se prepara con una cucharada sopera de sulfato de magnesio (sal inglesa o sales de Epson) disuelto en un vaso de agua. Se puede beber con pajita para evitar el sabor amargo. Aquellos que tengan intolerancia al sulfato o a su sabor amargo, pueden optar por el citrato de magnesio, que resulta menos amargo. Se puede beber agua encima del vaso de solución ingerida.

20 hs: Tomar el segundo vaso magnesiano.

21.30 hs: Si aún no se produjo alguna evacuación como consecuencia de los dos vasos de sulfato de magnesio, hacer una pequeña enema o ducha rectal, a fin de estimular el proceso de eliminación y garantizar la ausencia de obstrucciones.

22 hs: Tomar la emulsión pomelo/oliva. Se aconseja prepararla en un frasco de vidrio con tapa (son ideales los utilizados para envasar mermeladas), agitando antes de beber, unas 20 veces la mezcla de medio frasco de jugo de pomelo exprimido y un poco de aceite de oliva extra virgen (indicativamente, un centímetro de altura). Es bueno usar más cantidad de aceite de oliva, a fin de aumentar la eficiencia del impulso biliar, pero al principio y con mucha congestión tóxica, es algo que puede provocar nauseas o revulsiones. Asegurarse de no tener que realizar ninguna otra actividad posterior a esta toma. Beber la emulsión de pie (se puede beber también a sorbos o con pajita), luego acostarse de inmediato en posición fetal sobre el lado derecho o boca arriba (con la cabeza alta, sobre una buena almohada). Apagar la luz y concentrar la atención para percibir el movimiento de los cálculos en el hígado.

6 hs: Levantarse y tomar el tercer vaso magnesiano. Luego se puede beber agua si hay sed. Permanecer levantado o con el torso vertical, evitando la posición horizontal.

8 hs: Tomar el cuarto y último vaso magnesiano. Con esto se da por concluida la limpieza.

10 hs: Reiniciar el ciclo alimentario bebiendo algún jugo natural o licuado y posteriormente alguna pieza de fruta fresca bien masticada.

12 hs: Comenzar con alimentos sólidos (preferiblemente licuados frutales), en poca cantidad; seguir varios días con dieta liviana y fisiológica, ya que el hígado acaba de pasar por una fuerte exigencia y requiere un período de cuidado extremo. Tomemos en cuenta que este proceso es como haber intervenido quirúrgicamente al hígado y es bueno atender un proceso posoperatorio. También por ello puede suceder que el organismo reclame por más reposo; recordemos que la regeneración del tejido hepático se realiza cuando estamos en posición horizontal. Más allá de atender las necesidades laborales, es bueno que prioricemos el descanso.

Es bueno visualizar las piedras eliminadas durante las evacuaciones. Sabrá que las evacuó porque flotarán en el agua y hasta podrá contarlas. Los tamaños pueden ir desde un granito de arroz a una ciruela pequeña (se ven cálculos de hasta 30mm de diámetro). Pueden eliminarse centenares en una sola sesión y de distintos colores. Esta constatación y la posterior mejora de la función orgánica, es la mejor demostración de la eficacia del método.

La verificación de los desechos eliminados es el indicador de la necesaria continuidad de las limpiezas, respetando el mes de intervalo.

En caso de molestias (dolores, puntadas, cólicos, etc.) siempre es conveniente recurrir a los elementos utilizados durante la limpieza para ablandar los cálculos y dilatar los conductos, o sea manzanas (o una dosis de ácido málico) y sulfato de magnesio (o citrato de magnesio). Ingiriendo nuevamente dosis de estos principios activos, aliviaremos la molestia y facilitaremos el tránsito de los cálculos en movimiento.

Frente a antiguas acumulaciones y dolencias crónicas, seguramente serán necesarias varias limpiezas hepáticas, que deben repetirse siempre con, al menos un mes de descanso, hasta que no se evacuen más cálculos. En estas situaciones, tal vez se despidan pocos cálculos la primera vez y muchos a partir de la segunda o tercera limpieza. Es importante que una vez iniciado el tratamiento, no se corte la serie de limpiezas, pues las consecuencias pueden ser serias, al haberse movilizado la posición de estos cálculos en la estructura hepática. Hay personas que necesitan una decena de limpiezas para drenar todos sus cálculos y otros que terminan el proceso en 4 o 5 meses. Son tiempos muy personales, que nadie puede adivinar.

Recordar que el día después de cada limpieza hepática (lunes, si la hicimos entre sábado y domingo) se debe realizar una limpieza intestinal, para evitar que algunos cálculos puedan quedar alojados en los intestinos, dado el tenor tóxico (bacterias, virus, parásitos) de dichos cálculos. Esta especie de “enjuague” intestinal puede hacerse con el método de agua salada o bien con una sesión simple de lavaje colónico. En última instancia se puede echar mano a la mezcla purgante (beber 500cc en la noche del domingo) o a una quinta dosis de sal inglesa; aunque la eficacia de estos métodos es menor, siempre algo hay que llevar a cabo para evitar la retención de cálculos: a más limpieza, menos problemas.

También, se debe permanentemente estimular la depuración de los riñones (el hígado moverá sangre sucia hacia los filtros renales, a causa de la limpieza practicada), a través de infusiones renales como barba de choclo, cola de caballo, diente de león, ortiga, etc.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s